Libro - "La Realidad de un Sueño" por Lilly Goodman

"La Realidad de un Sueño" el libro por la cantante y autora Lilly Goodman, con el objetivo de en sus páginas ayudar a jovenes, y personas de cualquier edad que sueñan con hacer cosas grandes, realizar que fueron hechos para un própósito especial y recordarles que “No hay obstáculos, solo retos”.
Lee en línea los capitulos en este libro y encuentra los enlaces de descarga en forma digital por medio de Amazon, o gratis aqui (formato pdf y upub), para leer en tu computadora, Kindle, telefono celular y otros dispositivos electrónicos.
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1 Sin comienzo no hay historia

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el Señor–, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11 NVI).
Ya han pasado diez años desde el día que escuché mi primer sencillo en una radio local de mi natal Santo Domingo. No lo podía creer. Sentí una sensación de sorpresa, emoción y, a la vez, cierta inquietud. Se sentía bien extraño escucharme a mí misma por un aparato donde usualmente escuchaba a los cantantes que admiraba. Sólo pensaba: “esa no puedo ser yo, esto debe ser un juego”. Los primeros cuarenta segundos parecieron un sueño del cual no sé si quería despertar, quizá no podía creer o aceptar que se estaba haciendo realidad lo que tanto había temido.
 
¡Mis sueños!

Desde muy temprana edad Dios me habló a través de los sueños, y era casi seguro que lo que soñaba iba a ocurrir. Mis sueños o revelaciones eran tan veraces que, cuando tenía alguno nuevo que contar, mis padres siempre ponían atención y preguntaban cada detalle una y otra vez, para asegurarse de lo que pasaría y si tendrían que preocuparse o no, dependiendo de la calidad del sueño, si era bueno o malo. Una vez, con apenas diez años, soñé que en el patio grande en la parte trasera de la casa había una gran cantidad de plantas de diferentes frutas y vegetales, eran tantos y, por más que recogíamos, no cesaban de brotar. Para esa fecha mis padres atravesaban una situación financiera difícil; mi papá había tomado malas decisiones en unos negocios y las cosas no estaban saliendo bien; el sustento de seis hijos, todos en la escuela, no era nada fácil.
En nuestros devocionales familiares habíamos orado por bendición; día tras día nos levantábamos, cantábamos, orábamos, mientras esperábamos un milagro. Al contarles que había tenido ese sueño lo interpretaron como la respuesta que llegaría, y así fue. La misma semana parecía que el cielo se había abierto encima de nosotros; obtuvimos bendición en abundancia, más de lo esperado. En pocos días fuimos testigos de la fidelidad de Dios y cómo sustenta a aquellos que creemos y esperamos en Él sin desmayar.
De esta forma Dios empezó a revelarse a mi vida en asuntos simples, cotidianos, como también a mostrarme sus planes para mi futuro.
La respuesta correcta a la pregunta de cómo y por qué inicié mi ministerio musical debe ser: “Todo comenzó con un sueño”. Por varias noches me soñé en escenarios llenos de luces, cantando a multitudes y en medio de diferentes razas y culturas. Para mí no tenía mucho sentido; en ese momento creía que eran sueños disparatados y no le daba importancia. No me ilusionaba con ello, al contrario, me asustaba que fuera en serio. Por varias ocasiones decidí no contar a nadie ninguna de esas locuras, especialmente a mi madre, pues sabía que lo tomarían como un hecho. Me sentía cómoda y no estaba lista para que me empujaran a perseguir ilusiones falsas; estaba tranquila y satisfecha; prefería mi escuela y continuar trabajando en lo que pudiera en la iglesia. Estaba siempre involucrada en los programas especiales, era una de las principales en el grupo de poesías, dramas y celebraciones navideñas; hasta hice de presentadora en conciertos y eventos; así que me tocó presentar algunos cantantes locales que asistieron a nuestra congregación.
En ese entonces, siendo tan solo una adolescente, quien fuera mi pastor, logró convencerme de integrarme al grupo de alabanzas, lo cual no fue sorpresa para mí pues éramos conocidos en la congregación como “la familia que canta”. Pero, aunque todos sabían que yo cantaba, también sabían que lo hacía cuando estaba de buen humor o simplemente cuando me daba la gana. Me sacaba de mi zona pararme a cantar y ver todas esas caras enfocándome y esperando por mí, simplemente no me agradaba para nada la sensación. Deseaba que una nube me cubriera, me hiciera desaparecer y escapar del momento. Así desarrollé por mi propia cuenta la técnica que me permitió mirar a la audiencia de una forma correcta, sin enfocarme en sus ojos ni en cómo estaban reaccionando.
Después de renegar un poco, al final acepté entrar al grupo. A principio me tocó liderar junto a un grupito de gente más adulta que yo. Cualquiera hubiera pensado que no funcionaría; yo con una personalidad especial y sin muchas ganas de cantar, imagínese usted. Sin embargo, mis pastores creían en mí y en el talento que Dios había depositado. Cada vez que quería renunciar no me dejaban.
Mi incursión en el grupo fue un éxito (y nadie salió lastimado). Ahí permanecí por varios años. A medida que crecía la congregación, continuó llegando más gente joven que pude agregar y discipular.
Mientras pasaba el tiempo y me conocía más a mí misma, me di cuenta de que amaba la música, me convencí de que no tenía que cantar por obligación, mi ser lo disfrutaba… Había crecido disfrutando su exquisita belleza y era parte esencial de mí, era mi mayor fuerza de expresión. Me involucré con dos amigos bien talentosos, y con ellos desarrollé más mis habilidades como vocalista. De tantas horas de pláticas, ensayos, salidas, convivencias, nació la estrecha relación musical que todavía mantengo con mi amigo Juan Carlos Rodríguez, quien escribió mi primera canción y me empujó, casi literalmente, a grabarla. Recuerdo las horas que pasábamos inmersos en todo lo que tuviera que ver con la música. Éramos jóvenes con mucha energía y entusiasmo, pero sobre todo con una pasión intensa por agradar al Señor con nuestras vidas y darle gloria con nuestros talentos.
Mientras cantaba con mis amigos, estudiaba, estaba involucrada en los eventos de mi congregación local, participaba en las actividades del Concilio de iglesias, aunque no lograba entender el proceso de aprendizaje ni la conexión con los tantos sueños que había tenido. Honestamente, no estaba prestando atención. Después del lanzamiento de mi primer sencillo, titulado Contigo Dios, ante mis ojos Él le estaba dando un giro completo a mis planes y no me daba cuenta. Sin mucho esfuerzo las oportunidades tocaban a mi puerta; muchas las rechazaba o las pasaba por alto. Las puertas se abrían ante mí como una señal perfecta del respaldo a mi llamado, pero como no prestaba atención seguía adelante sin valorar lo que Dios estaba haciendo. Esto continuó hasta un día en que tuve que salir de la universidad sin cursar todas las clases que me tocaban ese día. Me sentía mal, desorientada y triste, como fuera de lugar. En realidad no sabía qué hacer. Estaba en camino a lograr mi meta principal, graduarme y ser una profesional brillante, pero todavía no encontraba satisfacción. Muy profundo dentro de mí algo me decía que no estaba siendo obediente y, si no lo hacía, las cosas no saldrían como pensaba. Regresé a casa y le comenté a mi madre lo que me pasaba; oramos y decidimos que no regresaría a clases. Desde ese momento sentí paz, un peso terrible se quitó de mí. Entonces mi mamá, a quien no le pesa dar su opinión, me dijo:
–Pues, ahora no puedes rechazar las invitaciones, tienes que salir… No tienes idea de lo que Dios quiere hacer contigo, ni adónde te va a llevar, si de algo yo estoy segura es que Él te ha escogido para cantarle.
Yo no estaba haciendo nada malo, de hecho perseguía buenas cosas, pero no eran precisamente la voluntad de Dios para mí. No estoy animando a nadie a dislocarse y soltar la escuela porque a mí me funcionó, de ninguna manera, los planes divinos para cada persona son diferentes. Si puedes graduarte y poner tus conocimientos al servicio del reino, aún mejor, lo importante es morir a tu propia voluntad para que se cumpla la de Dios; aunque sea un poco difícil de entender, es una decisión inteligente. Ahora entiendo que Él me había preparado para ese momento y si me sumergía en otras cosas no podía dar el cien por ciento, esa es la razón, no porque los estudios fueran perjudiciales para mí. No me arrepiento, si tuviera que volver a hacerlo lo haría con gusto. ¡Dios no me ha defraudado!
Después de ese día el teléfono no paraba de sonar, mi nombre se extendió por muchos lugares, mi agenda empezó a estar tan ocupada que no me dio tiempo para extrañar la universidad. En mi oración, le había pedido a Dios que, si en verdad Él me había escogido para la música y no estaba cometiendo un error, quería ver un desborde de puertas abiertas, no quería dejarlo todo para perseguir algo incierto. Había visto suficiente gente lanzarse, simplemente porque tenían talento y querían ser vistos, que terminaban frustrados y sin ningún resultado, definitivamente no quería verme en sus zapatos, y Dios escuchó mi oración.
No es mi intención pintar mi cuadro como el más bello y fácil. Como en todo comienzo fue necesario un proceso de obediencia, rendición, cambio y aprendizaje, pero valió la pena. En la Biblia encontramos que Dios promete bendecir mucho más y honrar a aquellos que están dispuestos a dejar lo que sea necesario por servir en los negocios de su reino (fíjate en Lucas 18:29-30). Yo soy una fiel testigo de ello. En cambio cuando no hacemos lo que se nos ha llamado a hacer, nos sentimos insatisfechos, porque fuimos concebidos para otro plan. Si has sido escogido para algo, más vale que hagas caso. ¡Es todo un privilegio!
Me maravillo al pensar que Dios tiene la delicadeza de planificar cada paso que daremos antes que nuestros ojos vean la luz del sol; desde que empezamos a ser formados en el vientre ya sus planes estaban perfectamente calculados. Pensar en eso debe hacernos sentir especiales, ¡¿no crees?!
Rick Warren, en su libro Una vida con propósito, explica que nadie es un accidente; Dios nos tuvo en mente desde antes de la fundación del mundo, aun antes de que nos concibieran nuestros padres fuimos concebidos en la mente de Dios. Desde el lugar donde nacimos hasta nuestro nombre y con quién vamos a compartir toda nuestra vida es parte del rompecabezas. Es por eso que lo necesitamos para todo. Sin Él no hay propósito, y sin propósito la vida no tiene sentido, así de sencillo. Uno de mis versículos favoritos es Proverbios 16:3 que dice: “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados”. Quien no consulta con Dios sus planes desde temprano, no encuentra su propósito en la vida. Yo amaba a Dios, lo servía con todo mi ser, pero no sabía con claridad cuál era mi propósito, y esto hacía el trayecto más frustrante. Lo que hice fue dedicarme a perseguir ese propósito de la única forma y vía segura: me acerqué cada vez más a Dios, lo abracé y jamás lo solté; cada vez que empezaba a sentirme perdida me sujetaba más fuerte. En Él encontré mi verdad, mi propósito e identidad.
Lastimosamente, muchos jóvenes vagan por años tratando de encontrar su identidad y descubrir su propósito en los lugares incorrectos y de maneras erróneas, sin entender que nadie más puede tener la respuesta a sus preguntas que Aquel que los formó y les dio vida. Podemos buscar fuentes de información para aclarar nuestras ideas, pero será muy difícil descifrar nuestro plan individual, eso no se puede aprender en ninguna parte. Si ahora mismo, con la experiencia que tengo, me preguntaras qué debes hacer para saber cuál es tu llamado o el plan de Dios para tu vida, te diría que lo busques con entrega y te enamores completamente de Él y, a medida que pases más tiempo con Él, todas tus preguntas hallarán respuesta.
Recuerdo todas las veces que recibí palabra de otras personas que profetizaban acerca del ministerio que me esperaba, pero honestamente ninguna de esas profecías, aunque muy ciertas, me dieron la claridad que necesitaba; solamente por medio de mi relación con Él, en su presencia, fue donde encontré afirmación.
Si todavía no has averiguado para qué fuiste creado y no tienes idea de qué hacer, ya sabes dónde encontrar lo que buscas.
 
Se me ocurre decir

Me alegro de haber aceptado el llamado y agradezco a Dios por darme el honor de servirle y entregale todas mis fuerzas desde mis primeros años. Su gracia incesante y su fidelidad incomparable me han traído hasta aquí. Escribir este libro me ha hecho recordar tantos momentos ocasionados y orquestados para llevarme directo hasta su plan. Ahora he aprendido a estar más atenta para no perderme ningún acontecimiento del trabajo maravilloso que sus manos siguen haciendo en mi entorno. Todas las promesas que recibí un día y aquellos sueños donde me vi son exactamente lo que estoy experimentando. Aunque por muchos años, por la responsabilidad tan grande, olvidé disfrutar las cosas increíbles que estaba viviendo. No guardé en papel todo lo que estaba sucediendo, no saboreé cada momento ni conté los ascensos en mi carrera (viajaba a tantos países en una semana, que en la próxima ya había olvidado dónde había estado). Hoy sigo tan comprometida como al principio, pero sin desperdiciar las oportunidades de disfrutar con mis propios ojos los frutos de mi obediencia y la veracidad de las promesas de Dios.

Antes lo soñé, mas ahora lo experimento en vivo y en directo porque es una realidad, tengo la prueba de que fui llamada y escogida desde el vientre de mi madre para propósitos hermosos.

¡Estoy en el lugar donde debo estar!
 
El regalo de los dones

Los dones son un regalo maravilloso que hemos recibido por gracia. Un don es la destreza que nos permite realizar un arte, oficio, deporte o alguna tarea con mayor facilidad. Toda persona, por más simple que parezca, posee algún arte o habilidad. A muchos les toma años descubrir sus mayores talentos y algunos nunca lo descubren. Sé de personas que han pasado años de su vida experimentando diferentes cosas que les parecen atractivas o beneficiosas; divagan entre una cosa y otra, no logran ser eficientes en nada y nunca se sienten satisfechos porque no se dan cuenta de que están en la zona equivocada. Tienen el deseo, están rebosando de entusiasmo, pero eso no es suficiente.
Estoy consciente de que todo se puede aprender y que algunas personas necesitan más tiempo, preparación y esfuerzo para desarrollar y pulir un don, pero es muy importante que conozcamos cuáles son nuestros puntos fuertes para poder funcionar con gracia, excelencia y fructíferamente.
 
Cómo descubrí mi don

En mi casa cantar era casi un estilo de vida. Desde tempranas horas, antes del devocional, todos tomábamos una pequeña porción de té y a cantar unos minutos antes de empezar el día. Si no se podía hacer en la mañana, muchas veces en la noche mi padre tomaba la guitarra y hacíamos nuestra serenata, y algunos vecinos se acercaban a la casa para escucharnos. Aunque me levanté en ese ambiente, por muchos años luché con el temor a cantar enfrente de la gente. No era lo mismo tener que cantar sola, aquello me hacía sentir más observada, me aterrorizaba de solo pensarlo. A veces, cuando me tocaba cantar no comía casi en todo el día, nada pasaba por mi garganta debido a los nervios. Pero me fui dando cuenta de que, a pesar de los nervios, siempre que cantaba la gente lloraba, se ponía de pie, aplaudía o me decía que lo había hecho mejor que nunca. Recuerdo que ni pensaba en cómo comenzar la primera nota, me salía la voz con mucha naturalidad, solo cerraba mis ojos y lo hacía todo sin siquiera moverme. Años más tarde entendí que me resultaba fácil porque era mi mayor don.
Por otro lado, a una de mis hermanas le fascinaba cantar; tanto así que cuando el primer gallo cantaba en la mañana ahí estaba ella haciéndole el dueto. Esa era su pasión y aspiración, decía que cantar sería su ministerio. El problema era que no se le hacía tan fácil, ella tenía que practicar mucho para poder agarrar las notas y mantener la afinación, especialmente, cantando en grupo. Si se ponía nerviosa era casi seguro que olvidara la letra. Sin embargo, yo podía hacer todo eso fácilmente con tan solo cinco años de edad. No significa que mi hermana fuera torpe o menos valiosa, simplemente, el canto era una de sus habilidades secundarias, pero no la principal. Mi hermana también poseía la virtud, por motivos de los genes musicales en nuestra familia, pero en ella predominaban otros dones que Dios iba a usar en su momento. Mi madre le decía: “No tienes que dejar de cantar, pero yo veo que en el futuro vas a ser una perfecta esposa de pastor…”. A mi hermana esto la incomodaba…, pero la verdad es que no se equivocó. Ella tenía la paciencia y tolerancia que a mí me faltaba para lidiar con gente difícil, era buena para dar consejos, enseñar y trabajar con niños, también podía preparar una prédica y hacerlo bien. Después de dejar el capricho y rendir su voluntad, pudo florecer en estas áreas.
Ahora bien, el propósito no es desanimar, al contrario; me interesa que quienes lean esto, descubran el potencial que tienen y comiencen a usarlo. Por todas partes que miras hay una gran cantidad de gente apasionada, creativa, con tanto que dar, que solo necesita apoyo y dirección.

¿Quién puede ayudarme?

Regularmente jovencitos y jovencitas me preguntan: “¿Cómo hiciste para saber que cantar era tu don?, yo quiero saber cuál es mi ministerio”. La generación del futuro, son esos adolescentes creativos con una gran energía, también con muchas inquietudes y lagunas, que desean ser hombres y mujeres de bien, pero necesitan ser guiados…; para ayudarlos estamos nosotros, los de más experiencia, los líderes y pastores.
En esas etapas es muy fácil confundirse y dejarse llevar. Son edades muy vulnerables para nuestros chicos, es cuando más nuestras congregaciones necesitan darles amor, atención, tiempo y creer en ellos. La aceptación, el buen manejo y trato con nuestra juventud puede dejar abierta la puerta de la confianza y comunicación, y permitirnos llegar a ser buena influencia en el desarrollo de sus mejores habilidades. Pero para ser de influencia en los adolescentes y jóvenes es necesario entenderlos. A veces pienso que mi vida pudo haber tomado un rumbo diferente si no hubiera tenido el soporte y aceptación necesarios durante mi niñez y preadolescencia.
Creo que ya mencioné las características de mi personalidad… siempre muy callada, tenía mi propio mundo, muy tranquila, pero no dejaba pasar nada que me desagradara, en otras palabras, me pasaba de honesta. Si se daba una situación que requería poner a alguien en su lugar, yo no tenía problemas para hacerlo.
En una ocasión, una de mis hermanas y yo, llegamos un poco tarde a una reunión importante de la iglesia, no porque queríamos sino por la gran distancia que teníamos para llegar al lugar. Mi hermana era parte de los directivos en el grupo de jóvenes, pero a la líder a cargo no le gustó que llegáramos tarde y, en lugar de acercarse a preguntar qué nos había pasado, comenzó la reunión enviando mensajes indirectos e inapropiados. Su despliegue solo duró unos cinco minutos, pues yo me puse de pie y le dejé bien en claro cuál debía ser su posición como líder, entre otras especificaciones innecesarias. La pobre mujer terminó llorando. Su actitud no fue la correcta, al igual que la mía, pero a mis quince años yo no lo veía de esa manera.
Aprendí a arreglar mi cabello desde que tenía diez años, porque una mañana mi madre se negó a peinarme de la forma que más me gustaba. Ese día me imagino que ella estaría con mil cosas en la cabeza, y de una forma bastante fuerte me aclaró que no lo haría pues no tenía tiempo. Aquella mañana pensé que si quería tener este tipo de peinado las veces que quisiera, la única forma sería aprendiendo a hacerlo por mí misma, y me propuse manejar la inmensa cantidad de cabello crespo. Y lo hice. Después de algunos días difíciles logré adaptarme y hacerlo muy bien.
Al recordar episodios como estos, me pregunto qué me pasaba por la cabeza en esos momentos. A veces no eran las mejores reacciones, sin embargo, ahora veo que eran los reflejos de cualidades beneficiosas que comenzaron a resaltar desde mi niñez, tales como: optimismo, seguridad, fuerza, decisión, firmeza.
No todos los comportamientos de un joven son reflejo de rebeldía. Mucho es producto de los cambios que atraviesa… sin duda el sube y baja de sus emociones. No es una excusa para aplaudir todo lo que haga, sino para actuar con madurez y corregir con objetividad.
Cada vez que mi madre se desesperaba y me quería regañar hasta por estar muy seria, mi papá siempre le decía: “Llévala suave y entiende su personalidad”. Mi padre bromeaba diciendo que yo debía ser una jueza, porque no discutía ni me defendía para nada, simplemente estaba segura de que me hallaba en lo cierto; con toda firmeza daba mi veredicto, así debía ser y punto, nada de alarmarme ni gritar, bien estable en mis convicciones. Mi pastor igual, si le decían que mi personalidad era muy fuerte su respuesta era siempre positiva; destacaba la dulzura que poseía y declaraba que sería una gran mujer de Dios y líder, resaltaba que mi personalidad no era producto de un accidente.
¡Qué regalo! ¡Qué bendición contar con esta clase de apoyo en las etapas más delicadas!
Hoy en día me parece increíble cuando analizo de qué manera esas diferentes cualidades de mi personalidad (ahora pulidas y dominadas por el Espíritu de Dios y haciendo uso del dominio propio) me han servido en mi andar como ser humano, y ayudado a enfrentar los desafíos que a menudo se presentan en esta carrera. He enfrentado situaciones fuertes, pero en mí fueron implantadas las cualidades necesarias que me mantienen firme para combatir con valentía cada desafío, sin tambaleos, con la seguridad de que Dios me tiene en sus manos y no me dejará caer.
Padres, pastores, líderes, maestros: es vital que como adultos maduros y con experiencia aprendamos a entender el mundo de las nuevas generaciones… Cada generación piensa, sueña y actúa diferente, y si no lidiamos bien con eso los empujamos a tratar de hallar identidad, aceptación, afecto y credibilidad en otras partes. Muchas veces la presión no solo es externa. Siempre pensamos que nuestros jóvenes solo enfrentan al mundo que está afuera, pero dentro de nuestro círculo, con nuestro pueblo, nuestra gente, nuestra comunidad…, la amada iglesia, hay presiones que enfrentar. Puedo pensar en cientos de chicos con llamados específicos que, tratando de ser aceptados, entendidos y de alguna manera lograr que los miren, optan por involucrarse en áreas en las que piensan serán más valorados, para agradar a los demás.
Joven: Dios te hizo individual, eres especial, no te confundas, no te desesperes, no te angusties, no tienes nada que probar a nadie más. Tu compromiso es temer a Dios y guardar sus mandamientos. “Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón”. Y apunta lo que sigue: si haces esto “Contarás con el favor de Dios y tendrás buena fama entre la gente” (Proverbios 3:3-4 NVI).
Si confías en el Señor con todo tu corazón y le das todo de ti, él pondrá las cosas en orden, con tus padres, tus compañeros, tu líder y tu pastor. Él te prepara y habilita en todas las áreas que necesites, tú preocúpate por guardar tu interior.
 
Quiero ser todo… músico, doctor, bailarín…

Conocí una chica muy inteligente y esforzada, siempre trataba de desarrollarse y crecer. El único inconveniente con el gran deseo de superarse era que no se dedicaba a una profesión u oficio, sus manos estaban puestas en demasiadas cosas a la vez. En medio de su correr no tenía espacio ni para masticar bien su almuerzo, y esto le causaba estrés. Luego de involucrarse en las artes, la medicina, el diseño, la música y tantas actividades más, no terminó nada… Tiene habilidades para hacer un poquito de todo pero, en realidad, no hay algo que pueda decir este es mi llamado, a esto me dedico primeramente y lo demás es secundario.
Puede ser que muchos lo vean de otra forma, pero desde mi punto de vista pienso que cada individuo se destaca en algo. No es posible hacerlo todo y destacarse en todo. La misma Biblia deja ver que todos tenemos dones diferentes, y funcionando como un cuerpo somos eficientes (fíjate en Efesios 4:11).
Aun en el funcionamiento de nuestro cuerpo podemos ver cómo los órganos se dividen el trabajo. El corazón no realiza la función de los riñones ni los pulmones desempeñan el trabajo del cerebro, cada órgano tiene su tarea pero es un trabajo de equipo.
Mi consejo sería: si, por ejemplo, tu pasión es servir al reino de Dios como músico, concéntrate en ello. Estudia todo lo que tiene que ver con el área, aprende los instrumentos que seas capaz de aprender, y dedícate a ser el mejor. Pero, por favor, no saltes de un lado para otro probando diferentes carreras sin saber en qué eres bueno. Elige lo que de verdad te apasiona y realízalo con excelencia.
 
Se me ocurre decir

Aquello en lo que tienes años poniendo tu mayor empeño, te esfuerzas al máximo y nunca te sale bien, con toda certeza te digo que ese no es tu don. Si es que te gusta tanto y no quieres soltarlo, úsalo como un entretenimiento en tu tiempo libre, pero suelta esa carga. Aunque suene muy directo, mi único interés es ayudarte a ganar tiempo. Repito, Dios definitivamente te ha entregado una o varias habilidades buenas, hermosas y valiosas pero hasta que no las descubras y empieces a usarlas tu trabajo no será fructífero. No insistas más ni fuerces por lograrlo, deja el capricho a un lado y dale ese espacio a otra persona que lo pueda desempeñar con menos dificultad y más naturalidad. No pierdas tiempo y energía, el resultado será una vida frustrada y menos gratificante.
 
Tú tienes un lugar

Alguien dijo: “No importa cuán expertos seamos en nuestras áreas únicas, ninguno de nosotros somos capaces de florecer sin el otro”.
Siempre me maravillo al ver la capacidad que tienen los actores de envolverse en un personaje y actuarlo de forma tan real que logran transportar a los televidentes al punto de conmover sus emociones. De la mano de una buena actuación debe haber un musical bien estudiado, arreglado de acuerdo al tipo de película y tomando en cuenta cada escena.
Un tiempo atrás, mi esposo y yo decidimos rentar una película que había sido filmada en el área de Los Ángeles, California, donde vivíamos en ese entonces. Después de un rato, mi Dave se quejó porque la película estaba aburrida y empezó a quedarse dormido. Yo, para ser más entusiasta traté de involucrarme en la historia, pero no pude. La película resultó un desastre para nosotros, simplemente, porque no tenía música; era solo actuación y sin la música no tenía nada de gracia. Era como una comida sin sal, a lo mejor con buenos y sanos ingredientes pero la sal es lo que le da el sabor. Los actores no eran los peores, pero a la obra le faltaba el toque exquisito que da la música.
Este incidente con la película, definitivamente me hizo pensar que cada arte, habilidad, destreza, tiene su lugar.
Tú tal vez te sientes extraño(a) y diferente a los demás… pero quiero que sepas que lo que Dios ha puesto en tus manos es un regalo, te ha dado su gracia, y un lugar…

¡Descúbrelo!

El dueño y Señor del universo ha capacitado gente en todas las áreas, y cada labor es importante. Con su perfecto orden organizó todo de forma tal que cada uno tenga una función y trabajemos en conjunto para la edificación del cuerpo de Cristo. Todas son importantes y una no puede desempeñarse bien sin la otra. Así lo orquestó el Jefe de todo esto, de manera que nos necesitemos unos a otros (una mala noticia para los que tienen problemas de trabajar en equipo). Desde lo menos glamoroso como limpiar las paredes hasta quien administra las finanzas, todos somos necesarios.
Eres importante, no te menosprecies, tienes un espacio reservado para ti, usa lo que tienes, no pierdas tiempo en buscar lo que no es tuyo.

2 Mis mayores enemigos

Los enemigos declarados no son los más peligrosos” - Pierre Duchesne

Un enemigo es una persona contraria a otra, alguien que le tiene mala voluntad y le desea el mal, una persona opuesta a algo. También se dice de un país contrario en una guerra. Sin temor a equivocarme, creo que todos preferimos tener aliados en lugar de contrincantes y agresores, sin embargo, a la clase de enemigos que me voy a referir muchos de nosotros le damos albergue sin saber que pueden arruinarnos por completo.
No hay mayores enemigos del ser humano que sus propias emociones. La timidez, el miedo, la duda, la baja autoestima, son fuertes enemigos que hay que vencer.
Siempre, en todo comienzo y durante nuestro paso por el planeta tierra, habrá obstáculos que pasar, habrá personas que se interpondrán en el camino simplemente porque les caes mal o porque están aburridas con su vida, son inseguras y necesitan encontrar a alguien a quien molestar; he conocido gente así. Sus actitudes te harán sentir mal y quizás en un momento pienses en no continuar. La buena noticia es que con el tiempo, cuando esta gente no puede más contigo, se cansa, te suelta y busca a otro para molestar. Las emociones, en cambio, pueden ser un obstáculo superior a los propios enemigos físicos.
El hombre puede tratar de minimizarte, cerrar puertas haciendo uso de sus recursos o utilizar la crítica y malos comentarios en tu contra sin lograr éxito, pues el poder de abrir y cerrar puertas no está en sus manos. Las emociones y sentimientos negativos, sin embargo, se posicionan en la mente haciéndote sentir que tienen el control y, si no tomas las riendas a tiempo, pueden llegar a neutralizarte por completo y arruinar el cumplimiento de tu misión. Las emociones, al igual que los sentimientos, son traicioneras y no se les puede confiar.

La duda
En cada comienzo y proceso de crecimiento, la primera en aparecer es la duda. Toda persona que hoy pueda llamarse exitosa, o que haya logrado realizar las metas, sueños y propósitos en su vida, ha tenido que verse cara a cara con esta enemiga. No es algo que solo experimentan los cobardes e inseguros; no importa quién seas o qué tan determinado te encuentres, en algún tiempo de tu vida vas a dudar de algo o alguien. Es más, me atrevo a decir que en el transcurso de cada día por alguna razón dudamos de algo. El ser humano en su naturaleza tiende a desconfiar y le cuesta creer, especialmente en las cosas que no conoce, que no puede ver o no puede palpar… nos gusta tener una garantía para sentir confianza.
Todo empieza en la mente, es el espacio que primero invade, y esto tiene una intención. Empecemos entendiendo que la duda no proviene de Dios, y todo lo que no es de Dios ya sabemos de qué lado es. El propósito es afectar nuestra manera de pensar… después de arruinar nuestros pensamientos lo que queda es trabajo fácil. Se dice que somos lo que pensamos y nos convertimos en lo que decimos. De acuerdo a cómo son tus pensamientos, son tus palabras y tanto lo uno como lo otro puede convertirse en una peligrosa arma en tu contra. Los expertos en el estudio del cerebro y el pensamiento han dicho que el 87% al 90% de las enfermedades que nos aquejan hoy en día son resultado directo de nuestros pensamientos. Esto prueba que los pensamientos de duda y negatividad son emociones tóxicas que afectan cada área de nuestra vida. Si lo que piensas es siempre negativo obtendrás resultados negativos. Es de vital importancia que sometamos nuestros pensamientos a Cristo (fíjate en 2 Corintios 10:5), y creamos de acuerdo a lo que dice la Palabra. No puedes avanzar en nada si tus pensamientos son “¿y qué tal si no?”, “¡tal vez no es para mí!”, “¡no me atrevo!”, “¡a lo mejor no funciona!”. De ninguna manera puede esperarse buenos resultados con esta clase de pensamientos. Algunas personas dicen: “Es que llevo mucho tiempo esperando esa promesa de parte de Dios y no llega, ya es demasiado tiempo; tal vez no era real o Dios cambió de opinión”. Ese es el trabajo de la duda.
Dijo Jesús en Marcos 11:23: “Cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”.
Al principio de mi ministerio tenía dudas acerca de mi voz, no me gustaba mucho el sonido y pensaba que a las demás personas no les gustaría. También creía que mi madre estaba exagerando acerca del llamado que Dios me había hecho, y dudaba que fuera a grabar algún disco. No lo deseaba, primero, porque no quería (creía que era ridículo gastar tiempo en algo así pues tenía que usar mi energía en asegurar mi futuro haciendo mi carrera en la universidad) y segundo, porque no veía de qué forma algo así podía pasarme.
Siempre fui una niña de mucha fe, pero eso de abandonar los trabajos y educación para seguir un “llamado” se me hacía de vagos. Tal vez por el mal ejemplo de gente que usó el ministerio como una excusa para no trabajar y mucho menos estudiar. Eso me parecía irresponsable.
El enemigo sabía que no quería cantar, así que la duda fue mi compañera por mucho tiempo. Hasta que un día Dios tuvo que confrontarme directamente, ya no por medio de sueños ni profetas, fue su voz directa que me dijo: “Te has negado por tanto tiempo diciendo que no quieres cantar y que no lo vas a hacer, pero soy yo el que quiero que lo hagas… y hasta que te quede aliento de vida”. ¡Oops! (Humildemente no te recomiendo que te hagas el loco cuando Dios te llame, hazle caso desde la primera vez). No creo que Dios me dijera “hasta que seas una viejita de noventa años andarás dando conciertos”, más bien pienso que me daba la orden de seguir su voluntad y confiar en Él para dirigir mis pasos. Mirándolo desde un punto de vista lógico yo pensaba solo en mí (egoístamente), así somos los seres humanos. No pensaba en ser usada por Dios para suplir la necesidad espiritual de millones de personas alrededor del mundo. De ninguna manera voy a creer que Dios no quería que me preparara académicamente, pero al ser esto mi mayor prioridad seguramente me impediría hacer lo que he hecho hasta hoy.

Sus promesas

Y continuó diciendo: “Te voy a levantar con gracia y unción, te voy a llevar a lugares donde jamás has pensado llegar, y a través de ti miles y miles serán alcanzados, sanados y restaurados”. ¡Wow, wow, wow, qué privilegio, Señor! ¡Cuántas veces pienso qué inmerecedores somos de tanto amor!
Luego de cada llamado, Dios también hace un pacto y lo sella con una promesa (fíjate en Génesis 15:18). Él nunca nos va a llamar y después desentenderse de nosotros y enviarnos solos, siempre estará presente y nos respaldará en todo lo que emprendamos con su aprobación y en su tiempo.
Después de mi encuentro directo ya no fui la misma, cambiaron mis pensamientos y mi perspectiva. La duda que constantemente me atacaba tuvo que irse. Aunque por momentos la señora intrusa ha querido visitarme de nuevo, hoy por hoy la combato con la Palabra de Dios que me alimenta y alienta en toda situación. Tengo la certeza de que estoy en el tiempo, en el lugar y en la hora correcta de Dios para mí. Estoy dentro de su perfecto plan y no quiero nada más que continuar escuchando su voz para saber lo que sigue.
Cuando me siento cansada y me quiero retirar, medito en la grandeza de lo que Dios ha hecho conmigo; eso me mantiene de pie y viva por dentro para seguir dando, por gracia, el favor que he recibido. Quiero pasar a la generación que viene un mensaje de rendición, entrega y fidelidad.
Sea cantando, escribiendo, sirviendo en la congregación, apoyando a mi esposo o en casa cuidando mis hijos… Quiero pasar cada examen con un cien.

La timidez

La timidez al extremo le puede imposibilitar a cualquiera un desarrollo normal: conversar, estudiar, trabajar, viajar, casarse, entre otras cosas. Algunas características básicas de los tímidos o introvertidos son:
Hacen lo que sea necesario para no ser vistos.
En una reunión permanecen en un sitio aislado o con personas muy allegadas.
Se ponen nerviosos hasta cuando se les pregunta su nombre.
Y muy nerviosos cuando se les hace una pregunta inesperada.
Se cohíben al enfrentarse a un diálogo, tartamudean sin poder congeniar sus ideas.
Esta clase de personas, si fuera posible, permanecería ignorada, y si tienen que exponerse están esperando un minuto para desaparecer de la vista de los demás.
Si te identificaste con una de las características mencionadas, tienes problemas en esta área. Pero no te sientas extraño, en un tiempo de mi vida yo también tuve alguna de estas características. Recuerdo haber cambiado de ruta de regreso de la escuela, solo por ver un grupo de personas reunidas por donde me tocaba pasar. Como mi casa siempre estaba llena de gente, con muchas visitas, yo me encerraba en la habitación para no ver a nadie. Era feliz haciendo mis tareas y jugando con mis muñecas (tenía casi cincuenta). Me disgustaba sobremanera que mi madre me llamara para presentarme a las visitas porque sabía que terminaría cantando. No solo era tímida también me gustaba un poco la soledad. Podía pasar horas en la habitación y no me sentía sola. Honestamente, no tenía la personalidad ideal para estar en escenarios, luces, cámaras, televisión. El estar sola y tranquila no fue del todo perjudicial para mí porque me ayudó a entenderme a mí misma y sentirme bien estando a solas conmigo. Hay una diferencia en estar a solas y sentirte solo, es totalmente diferente; incluso hay personas que siempre están rodeadas de mucha gente y aunque no se note son las más solitarias y tristes por dentro. No quieren enfrentar la soledad y, por tal razón, siempre buscan compañía. No pasa en todos los casos, pero sucede. Un tiempo a solas es necesario, y muchas veces puede ser beneficioso. Joyce Meyer, en su libro Adicción a la aprobación, dice que si no nos agrada quienes somos y no podemos estar a solas con nosotros mismos, estamos condenados a la miseria. Eres la única persona de la cual nunca te podrás librar. Muy cierto. Creo que por eso nuestro principal enemigo se empeña en atacarnos con inseguridad y hacernos sentir mal por quienes somos, pero si la Biblia nos enseña a amar a nuestro prójimo “como a nosotros mismos” significa que es sano amarnos y valorarnos por lo que somos (fíjate en Mateo 22:39).

Cómo dejé de ser tan tímida

Afortunadamente siempre atraje la amistad de personas completamente extrovertidas. Si me pongo a contar nunca he tenido amigos introvertidos… ¡gracias a Dios! Hasta el día de hoy las personas con las que salgo y tengo una estrecha relación ¡hablarían hasta con un maniquí que le coloquen al lado! Y no me quejo… Esta clase de gente es perfecta para las personas como yo.
Dos de mis mejores amigos, con los que salía a todas partes, ayudaron mucho para que fuera más sociable. Quizás nunca hablamos del tema pero la convivencia fue terapéutica. Formamos nuestro pequeño círculo y era perfecto para mí. Como nuestro ambiente era la música, nos involucrábamos juntos en todo, si a mí me tocaba cantar los invitaba conmigo, si a ellos les tocaba me involucraban a mí. “Uña y mugre”, como dicen por ahí. El cantar junto a ellos me hacía sentir relajada y menos observada. De cada lado tenía el soporte de dos personas que consideraba como mis hermanos, con los que me divertía un montón, me cuidaban y, sobre todas las cosas, sabía que creían en mí. Sus palabras de afirmación me daban más seguridad acerca de mis habilidades.
 ¡Los amigos son tremenda bendición, si los escogemos bien!

Un consejito

Ayudará mucho el tipo de personas con quien trates. Si te rodeas de personas burlonas, negativas, que solo ven el lado negativo de ti, te hundirás más en la timidez y te harás cada vez más inseguro(a). Busca gente positiva que vea el tesoro escondido en ti y te ayude a desempolvarlo, es la clase de gente que necesitas.
Finalmente, yo misma tomé la decisión de cambiar y comencé a hacer mi propio esfuerzo. Me di cuenta de que para poder brindar alegría a alguien y cumplir más efectivamente mi tarea como embajadora del reino, tenía que empezar por ser más abierta. Como me encanta sonreír, empecé por sonreír a las demás personas aunque no fueran conocidas; en ocasiones eso abrió oportunidad para una conversación y poco a poco me fui soltando. Todavía tengo mis días de reposo (mi Sabbath ), en donde prefiero estar en silencio y a solas, pero definitivamente he progresado bastante.
Si te encuentras leyendo esto y te pasa lo que a mí me pasaba, te animo a que no dejes que el retraimiento te limite. Abre tus puertas para hacer amigos, sal, conoce gente, diviértete, no te encierres. Si no estás en ese punto todavía, por lo menos sácale provecho a tu tiempo a solas, no para mirarte al espejo buscando tus peores defectos; lee, estudia, pasa tiempo con Dios, escucha música positiva, escribe tus sueños y metas, practica algo que te guste hacer.

Decide

Cientos de famosos y personajes de la historia, autores, escritores, músicos, cantantes y actores lucharon por años, o toda su vida, con la timidez, pero esto no impidió su éxito. Muchos vencieron la timidez o aprendieron a vivir con ella.

Algunos ejemplos

Eleanor Roosevelt, era extremadamente tímida de niña, pero se convirtió en una de las figuras femeninas más fuertes en los Estados Unidos.
Thomas Edison, debido a la timidez se dice que había renunciado a la esperanza de convertirse en un actor de Shakespeare. Afortunadamente su timidez no le impidió inventar el bombillo (una de los aparatos que más usamos en nuestras casas).
Kevin Costner (uno de mis actores favoritos). A este famoso actor le causó una gran timidez los constantes traslados de un lugar a otro durante su niñez. Su madre lo animó a que formara parte del coro, como una manera de ayudarlo a superarse.
Mia Hamm, se dice que es (o fue) la más grande jugadora de futbol femenino de los Estados Unidos, con el récord de goles. Ella proviene de una familia de tímidos, sin embargo, esto no le impidió tener un edificio de una importante marca deportiva dedicado a su nombre.
Al final, es siempre cuestión de decisión. Solo tú puedes decidir triunfar o quedarte atrás. Cualquier cosa que permitas posicionarse como un obstáculo se interpondrá en el logro de tus metas. Los personajes mencionados lograron salir adelante porque en algún momento decidieron que nada les impediría alcanzar su objetivo.
Tu meta quizá no es llegar a ser presidente, un cantante famoso o una actriz aclamada, pero cual sea tu sueño, con la ayuda adecuada, decisión y esfuerzo, ¡puedes lograrlo!
Eres fuerte, no eres tonto(a), tampoco eres extraño(a)… eres un diamante en bruto que pronto tomará su forma y será exhibido en todas partes…, y su brillo (la gloria de Dios en ti) resplandecerá en todo lugar.
¡Tú puedes! En Dios no hay imposibles. De su mano y confiando en su Palabra lograrás lo que te propongas (Filipenses 4:13).

El miedo

Detrás de la duda, la timidez y la inseguridad se esconde el miedo a equivocarse, a fracasar, a ser la burla de otros e incluso hasta el miedo a tener éxito. He leído varios materiales y recursos acerca del tema de los temores, miedos y fobias que tienen los humanos y me sorprendí al saber de las tantas clases de fobias que existen; ni se me hubiera ocurrido pensar que existían personas con fobia a tomar una ducha, a los números, a enamorarse, a la luz, etcétera, etcétera, etcétera, la lista es grande. Según las investigaciones existen cientos de fobias.
También hay un temor saludable que permite cuidarse y valorar mejor las cosas en la vida, pero el temor insano es aquel que puede inhabilitar a cualquier persona e impedirle avanzar en la vida. Por eso es tan importante identificar cuáles son las cosas a las que tememos y, luego de identificarlas, buscar una solución antes que tomen dominio y control de nuestras emociones y sea demasiado tarde.
El miedo existe nada más que en la mente de su víctima, una vez que se le dio cabida provoca debilidad y pérdida de tiempo. Más del ochenta por ciento de lo que las personas temen nunca va a pasar, así que temer es una verdadera pérdida de tiempo y energía física y mental. Ciertamente puedo decir que el miedo es un enemigo pequeño pero muy destructivo. Los que centran su atención solo en lo negativo, en lo que no pueden hacer, se van haciendo más lentos en su camino al éxito cualquiera sea la meta que estén persiguiendo.
Es seguro que vamos a sentir temor de algo, es parte de la vida misma, tendremos que lidiar con bastantes cosas simplemente por el hecho de estar vivos y en el planeta Tierra. Lo que hace la diferencia es cómo enfrentemos cada circunstancia. El mismo Jesús en Juan 16:33 les dejó claro a los discípulos en cuanto a las aflicciones venideras, pero también la esperanza de vencer a través de su victoria. Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, amor y dominio propio (fíjate en 2 Timoteo 1:7).
Si lo decides puedes ser fuerte, el dominio propio está en tu naturaleza porque Dios lo puso en ti. Cuando llega el susto o el pánico a tu mente haz uso de ese dominio que posees y toma control de tus emociones. No debes permitir que el miedo te quiebre. Las oportunidades de la vida no se deben dejar pasar, hay que tomarlas, vencer el miedo del momento y hacerlo bien; aunque sea temblando del terror debemos continuar por encima de eso.
Una frase del poeta y filosofo Ralph Waldo Emerson dice: “No ha aprendido la lección de la vida aquel que no vence un temor cada día”. ¡Muy realista!
Recuerdo claramente las primeras oportunidades en las que me tocó presentarme ante multitudes sin aún haber grabado un disco. Aunque físicamente no lo pudieran notar, por dentro me estaba desgarrando del miedo. Mi corazón palpitaba desesperadamente como buscando un hueco para salir, mis manos sudaban frío y, definitivamente, nada pasaba por mi estómago, no me daba hambre para nada. Mientras me preparaba en la habitación, mi madre caminaba detrás de mí con la comida tratando de entrarla en mi boca… No estoy exagerando era así cada vez que me tocaba alguna presentación. Fuera para cien, cincuenta, veinte o cinco mil personas era lo mismo, incluso mientras menos cantidad de gente más nervios me daba, y creo que todavía es así; cuando me presento a un público grande me siento menos observada.
Honestamente no creí que duraría en los escenarios, no pensaba siquiera llegar a dos años con esa angustia, siempre quería renunciar. Lo que me ayudó a lograrlo fue la gracia de Dios, el Espíritu Santo que ha sido siempre el respaldo en mis espaldas, y también mi determinación… Estaba resuelta a permitirle a Dios cumplir su propósito en mí. Hacerlo con temor y ver que todo salía bien, fue reduciendo el miedo.
Una forma segura de fracasar es posponer y echarse para atrás todo el tiempo. Me he dado cuenta de que enfrentando lo que temo es la única manera de vencerlo. En una guerra, para poder vencer a su enemigo, los ejércitos solían colocarse enfrentados cara a cara, tomando el riesgo de ser heridos, pero si no lo hacían de cualquier manera existía el riesgo de ser atacados desprevenidos, entonces, ¿por qué no enfrentarlo y atacar de una vez? Igual es con el miedo, la única manera de derrotarlo es dándole la cara.
El joven David confiaba en la salvación del Dios en quien creía y al cual servía, pero tuvo que enfrentarse al gigante Goliat, mirarlo a la cara, para después derribarlo. David no pidió a Dios que enviara un rayo del cielo y acabara con el gigante, él supo que su momento había llegado y no lo desaprovechó. Al matar al filisteo causó la curiosidad del rey Saúl (fíjate en 1 Samuel 17:55-58), esto le abrió puertas a David y fue solo el principio del cumplimiento del plan para él.
Las puertas que Dios abre son esas pequeñas oportunidades que, si las sabemos aprovechar, nos abren la entrada hacia otras y otras más. Un pequeño momento nos lleva a otro y ese otro nos abre las puertas a grandes oportunidades.

Siempre habrá un desafío que enfrentar

A principios del mes de agosto del 2009, por primera vez comencé a experimentar ataques de pánico. Pasó mientras abordaba un avión en la ciudad de México. Iba de regreso a casa después de un grandioso concierto en el Auditorio Nacional. No estaba muy familiarizada con el tema y fue una sensación muy extraña. No sabía qué pasaba, no había razones para sentirme mal o enferma, estaba feliz… Era uno de esos días para recordar. Había pasado un tiempo súper chévere. Horas antes de salir al aeropuerto, me había encontrado con un compatriota que admiro bastante, el Sr. Juan Luis Guerra, quien por casualidad se hospedaba en el mismo hotel donde mi equipo y yo nos quedábamos. Luego de una bonita conversación me despedí de él y de su grupo y salí hacia el aeropuerto. Pero, al llegar y sentarme en el avión algo andaba mal en mí, no podía explicarlo, solo sentía que no podía respirar, me faltaba el aire, tenía ganas de llorar y noté que perdía estabilidad, si me paraba no podría sostenerme. Fue la sensación más horrenda que he sentido en toda mi vida.
Mi marido le habló a la azafata, y ésta preguntó si estaba segura de que podía hacer el vuelo, respondí que sí, aunque por dentro me moría de miedo. También me preocupaba que no pudiera llegar a casa ese día. Cuando la asistente de vuelo se retiró, me dije: “Ok, ya confirmé que sí, lo voy hacer no importa lo que pase, si voy a morir, no lo puedo evitar, va a pasar fuera o dentro del avión, si llegó mi hora lo más que puedo hacer es aceptarlo en paz y morir con dignidad”. Alguien que conozco dice que “la hora es la que mata”, no importa donde estés cuando esa hora llega, llega. Duro, pero cierto.
En ese momento comencé a pensar en los próximos vuelos que tenía que tomar en los días siguientes y eso me aterrorizaba más. A los tres días me tocaba viajar a Guatemala y me asustaba que me sucediera en otro vuelo y no poder cumplir con mi compromiso. Gracias a Dios llegué bien a Dallas. Pensé que continuaría normal hasta que volviera a volar pero, para mi sorpresa, los síntomas siguieron. Sentía que me asfixiaba solo con llegar al estacionamiento del edificio, cuando estaba dentro de la habitación debía salir para conseguir aire, también en la sala, en el estacionamiento del centro comercial, no importaba el espacio… era bien raro.
En esos días me tocaba mi cita semestral con mi endocrinólogo, quien me trata por afecciones de varios años en la tiroides. Aproveché para explicarle lo que estaba pasando, y me dijo que por los síntomas él podía asegurar que eran ataques de pánico. Preguntó si me pasaba solo en los aviones o espacios pequeños, para saber si era claustrofobia, y respondí que era la primera vez y no importaba el tamaño del espacio. “Tengo casi diez años viajando sin parar y nunca he tenido problemas de claustrofobia”, le mencioné. Entonces dijo que si no dejaba de sentirme así, él podía referirme a un psicólogo y ver si mejoraba, sino me enviaría a un psiquiatra. Cuando le escuché decir psiquiatra pensé: “Está bien, ya es suficiente, esto no va a controlarme, no quiero medicinas ni quiero ver a un psiquiatra, voy a buscar más información de esta condición, voy a poner de mi parte y a seguir adelante con mi vida normal”. Fui a cumplir con mi responsabilidad en Guatemala, continué con mi ocupada agenda y todo salió bien. Hubo momentos desesperantes a treinta y siete mil pies de altura, pero la oración y la alabanza me dieron fuerzas.
Admito que no ha sido fácil. Hay momentos en que soy atacada con pensamientos que me atemorizan. Todavía es una batalla, pero estoy venciendo. Mientras escribo esta parte del capítulo, me encuentro en un vuelo nocturno hacia la hermosa ciudad de Madrid, España. Desde la ciudad de Dallas, Texas, donde resido, son casi doce horas en vuelo directo; ya han pasado unas cuatro horas y aún falta para llegar. Cuando hacía las maletas para el viaje, constantemente se asomaba la vocecita del miedo tratando de convencerme de no ir… “es mucho tiempo de vuelo y va a pasar lo peor”. A esto se suma que después de llegar a Madrid por solo un día, debo tomar un avión diario durante nueve días para realizar unos conciertos en otras ciudades de España, Holanda, Suiza, Suecia y Alemania.
Es una larga jornada de viajes y cada uno representa un desafío; pero, aunque tenga miedo, lo estoy haciendo… Sé que lo voy a lograr y la gira será un éxito. ¡En el nombre de Jesús lo puedo todo!
No siempre me siento segura y desafiante pero, en vez de rendirme y posponer, decido continuar y hacerlo aun sintiendo temor. Simplemente no me quiero perder las cosas que quedan pendientes para mí en el programa de Dios. Quiero entrar por cada puerta que Él abra con gozo, honra y excelencia. No quiero llegar al final de mis días preguntándome qué hubiese sido si lo hubiera hecho: “¿habría tenido éxito?” No, yo quiero hacerlo, vivirlo y disfrutarlo… es la única manera como voy a saberlo.
Es asunto de valentía, no podemos esperar que Dios o los ángeles hagan todo por nosotros, Él nos ha dado el poder para lograr cosas magníficas, pero nos toca a nosotros actuar. Hay que salir a conquistar, enfrentar y vencer. Al realizar nuestra tarea con valor y dignidad, la satisfacción es para nosotros; y a la vez que ponemos el nombre de Dios en alto, le estamos confirmando que no importa lo que haya que enfrentar Él puede contar con nuestras vidas para su servicio. La misión de Jesús le costó un sacrificio de sangre y mucho dolor, pero Él no se echó para atrás, fue fiel y responsable (fíjate en Hebreos 3:1-2). Gran ejemplo para ti y para mí.
Una vez, conversando con Dios, con toda sinceridad le confesé esto: “Señor, a veces siento miedo del llamado, tengo miedo de que tengas planes muy grandes reservados para mí y yo no los pueda manejar, tengo miedo de no saber qué hacer… Pero desde hoy, decido entregarte todos mis miedos e inseguridades y confiar en ti”.
Te invito a tomar un momento para identificar qué es lo que te causa temor, qué te limita e impide cruzar las fronteras que te llevarán a tus metas (haz una lista). Es tiempo de que le des la cara, así puedes familiarizarte con ello y darte cuenta de que ese monstruo que tienes en tu mente es tan pequeño como una hormiga pero puede llegar a ser tan grande como tú lo decidas. Al terminar, toma tu lista y haz esta declaración: “Voy a ser fiel a mi encomienda a pesar de mis limitaciones. Haré lo que me pidas, iré donde me envíes sin importar lo lejos del camino, lo malo del tiempo, el cansancio de mi cuerpo, ni mucho menos el miedo”.
No hay limitaciones que te priven de cumplir el propósito, están solo en tu mente. Sea timidez, duda o miedo tú lo puedes vencer. Llena tu mente de cosas positivas. Lee todo lo concerniente a tu problema, busca versículos específicos de la Biblia y memorízalos porque te ayudarán en los momentos de más debilidad.
En las librerías también existen materiales escritos por muy buenos escritores que pueden ayudarte en este tema, a mí me edifica mucho leer las biografías de otras personas que han vivido mucho y tienen experiencias ricas para compartir, ¡eso da ánimo!

3 Nada sin su dirección

Un pastor en mi congregación dice: “No persigas tu sueño, primero, persigue a Jesús”.
Para emprender un ministerio de cualquier tipo, la prioridad debe ser buscar a Dios con todo, para que Él nos dé instrucciones. Si una madre está enseñando a su niña a hornear galletas, no le pone los ingredientes en la mesa y regresa más tarde esperando encontrar el trabajo hecho, sino que le muestra lo que tiene que usar, le explica paso a paso cómo empezar, qué técnicas le funcionarán, y juntas preparan todo hasta llevar la mezcla al horno. Dios es quien llama y escoge; entonces para que nuestro trabajo comience y termine bien, Dios debe estar involucrado de principio a fin.
En casa, mi madre me enseñó que debía orar por dirección antes de empezar a planear, y esto me ayudó mucho. Las veces que he hecho las cosas a la inversa me ha tocado empezar de nuevo siguiendo la ecuación: orar, planear y luego empezar. Siempre que mis pasos han sido seguros en alguna decisión que he tomado, no ha sido porque supiera cómo hacer todo, pero he aprendido a consultar a Dios y me ahorré muchos dolores de cabeza.
Gracias a Jesús todos, sin excepción, podemos acercarnos al trono de Dios sin inconvenientes. Sin embargo, muchos todavía no aprovechan esa libertad para desarrollar una relación directa y personal. Es común que algunas personas pidan oración para que Dios les diga qué hacer. Hay quienes se quejan de que no pueden escucharlo y buscan que les hable a través de alguien, pero no dedican tiempo para buscarlo. Si deseamos escuchar a Dios, la búsqueda de su presencia debe ser una prioridad en nuestras vidas.
 
No se puede distinguir nada en medio de tanto ruido

En días pasados me encontraba en la tienda en un centro comercial. Mientras caminaba por uno de los pasillos me encontré con una familia integrada por el papá, la mamá, una jovencita y un jovencito. Como no había espacio suficiente para pasar, tuvieron que alinearse y así no chocarnos todos. Cuando el jovencito pasó por mi lado escuche un ruido como de rock alternativo, miré a los lados para ver de dónde salía el sonido y venía de los audífonos del chico. Su madre le iba preguntando qué le parecían algunas cosas y, obviamente, él no contestaba, me imagino que no podía escuchar. Su cuerpo estaba presente pero su atención estaba en otra cosa.
Muchas veces en nuestra vida andamos distraídos, con tantos ruidos alrededor que se hace difícil escuchar el sonido de Dios. Todo lo demás bloquea e impide una buena audición. Me atrevo a asegurar que estos son tiempos en los que la humanidad ha tenido que luchar más para concentrar su atención en una cosa en particular. ¡Cuánta distracción!, cuántas preocupaciones, ambiciones, desafíos, problemas… El reloj, la agenda, las cosas pendientes del hogar, las exigencias, Internet, el celular, siempre algo roba nuestra atención. Lluvia de pensamientos que bloquean, consejos inadecuados, malas compañías, la presión social, entre otros, también son bullicios que nos distraen.
Continuamente Él nos está hablando y, por andar ocupados o haber perdido la sensibilidad, ni siquiera nos enteramos, puesto que no sabemos distinguir. Él habla de tantas maneras, algunas veces a través de la naturaleza, de una canción, de la Biblia, de un familiar o en ocasiones su Espíritu Santo pone convicción en nuestro interior y trae confirmación a medida que sentimos paz. La clave es ser sensibles, estar atentos y apagar todos los sonidos que estorben. No será tan fácil pero tampoco imposible.
Cuando decidí hacer lo que debía fue un acto de obediencia y fe, no tenía conexiones o garantía humana (algo que nos encanta a los humanos), tampoco tenía el dinero. No estaba todo arreglado. Simplemente, seguía un llamado, tirándome al agua sin salvavidas, creyendo las promesas que había recibido, que eran la única garantía. Hoy sé que no necesitamos más, aunque como humanos a veces se nos dificulta entenderlo.
Sabía que era escogida para algo hermoso y no era mi intención perdérmelo, estaba dispuesta a hacer lo necesario para corresponder correctamente. No tenía idea de cómo comenzar, qué hacer y mucho menos lo que iba a pasar, así que me dediqué a buscar la dirección divina.
En lugar de salir a buscar gente que me pudiera conectar o abrirme espacios, oré para que el mismo que me escogió abriera las puertas indicadas. Si Dios era conmigo todo saldría bien… En sus manos mi verdadero éxito estaba asegurado y no quería interrumpir su trabajo metiendo mis manos. Quería ver buenos resultados y, para eso, tenía que enfocarme en lo más importante. Andaba persiguiendo algo más que hacer música para ser vista, ganar dinero, tener fama o para competir. Anhelaba con todo mi corazón llenarme primero para poder dar algo puro, real, sin pantalla ni pretensiones; poder brindar una opción que cambiara vidas y tocara corazones.
Esas horas que invertí leyendo y meditando en la Palabra, escuchando buena música y desarrollando una mejor comunicación con el Padre, fueron una base perfecta para cimentarme y prepararme. En esos períodos de tiempo me fueron reveladas muchas cosas y recibí dirección hasta en lo más simple. Si no hubiera empezado de la manera correcta puedes asegurar que hubiera fracasado y quizás hasta atrasado el desarrollo de mi ministerio.
He llegado a la conclusión de que Dios no solo quiere guiarme en cuestiones ministeriales, sino también en cómo ser una mejor esposa, mejor ciudadana, relacionarme mejor con mis amigos, administrar mis finanzas, absolutamente todo de mí le interesa. Lo mismo va para ti. Si has estado extrañando la voz de Dios en estos días tal vez tengas que revisar el volumen de los sonidos a tu alrededor… Pon atención y te darás cuenta que todavía Él sigue hablando.
 
Mi llegada a Vástago Producciones

Para el tiempo en que salió mi primer trabajo discográfico Contigo Dios, una gran cantidad de casas productoras e individuos independientes estaban interesados en producir mis próximas grabaciones. Eran tantas y diferentes las ofertas (buenas, muy buenas, y muy malas) que pude haberme alocado con la primera. El teléfono no paraba de sonar, ya me empezaba a cansar de tantas llamadas para proponer tratos; solo una compañía me llamaba la atención pero tampoco estaba segura, no sentía paz, y ahora entiendo porqué.
Una tarde recibí una llamada como muchas otras, pero esta gente era la primera vez que llamaba. Recuerdo que la persona me dijo: “Te hablamos de Vástago Producciones porque nos interesa conversar contigo”. ¡¿Vástago?!, no tenía la menor idea de quiénes eran. Le respondí que no estaba interesada por el momento, que estaba pensando y que oraría al respecto. Pero en realidad no lo hice, ni por ellos ni por los demás. Me tomaba mi tiempo como si nadie me estuviera esperando, no tenía prisa, decía que aquel que de veras se interesara esperaría a que yo estuviera lista. Me volvieron a hablar algunas veces para ver si había tomado una decisión, y yo todavía seguía pensando. Algo que me llamó la atención era que no sonaban desesperados, escuchaba cierta calma y seguridad en sus palabras. Varias semanas más tarde, Jesús Adrián Romero realizaba un gran concierto en el Estadio Quisqueya de Santo Domingo, todo el equipo estaba en el país y querían reunirse conmigo; me hablaron pero creo que no contesté el teléfono. A todo esto, no sabía mucho de Jesús Adrián, no lo seguía como cantante, no era mi estilo de música favorita y menos sabía que era el presidente (dueño) de Vástago. Alguien me llevó al concierto casi obligada, estuve en el sector VIP, en tercera fila, y para mi sorpresa quedé tan impactada por la ministración que lloré aproximadamente cuarenta y cinco minutos casi sin parar… Eso no me había ocurrido en ningún otro concierto. Salí del lugar como nueva.
Dos días después del concierto, dos de los encargados de Vástago se quedaron en el país para ver si podían localizarme, y lo lograron. Nos reunimos y hablamos vagamente de la propuesta; fue más una forma de acercamiento y darme la oportunidad de conocerlos para ver qué tal. No quedé en nada, ni les aseguré nada, solo dije que oraría, pero esta vez lo haría en serio. Le pedí a mi madre que me acompañara en mi propósito de oración durante un mes. Como me gusta poner señales a Dios, pedí que las personas o compañía donde Él me quisiera colocar dejara de llamar durante todo ese mes, que me volvieran a contactar el día que finalizaba nuestro plan de oración y que dijeran unas palabras específicas que solo sabía yo. Exactamente no recibí una sola llamada de Vástago durante todo ese mes, pero el último día, a las cinco de la tarde aproximadamente (no se me olvida), recibí la llamada de la oficina principal invitándome para que viajara a El Paso, Texas, a una reunión sin compromisos con el Sr. Jesús Adrián Romero y el equipo de productores. “Vamos a pagar todo para que vengas con tu manager por dos días, con venir no te estás comprometiendo a nada, si no te agrada la oferta no tienes que aceptarla”, así me dijeron. Ese día supe que era la compañía con que trabajaría.
Fui y todo salió perfecto. Cuando Jesús Adrián salió a recibirme lo primero que dijo fue “Qué pequeña eres, ¿de dónde sale la vocezota que escucho en el CD?”. También dijo que se enteró que estuve en su concierto en Santo Domingo y no fui a presentarme, que él estuvo esperando esa oportunidad. Le dije en forma de broma que yo no era su fan, y todos nos reímos. Entramos a la sala de juntas unas diez personas, aproximadamente; expusimos ideas, discutimos puntos y quedamos claros. Me sentí en paz (que es lo principal para tomar una decisión así) y, tras la reunión, Jesús Adrián me dijo: “No tienes que dar un sí ahora, todavía tienes horas para pensarlo un poco más y, si quieres, puedes irte y nos respondes la próxima semana”. Ya yo sabía que quería estar con ellos, pero los mantuve en suspenso toda la tarde. Me fui de compras al centro comercial por algunas horas con mi manager y la secretaria de Vástago en ese entonces. En la noche cenamos en la casa de Jesús y Pecos; ella preparó un menú mexicano bien delicioso por cierto. Pasamos un tiempo bien agradable y me sentí en familia con ellos. Antes de retirarme de su casa, simplemente les dije: “Estoy muy feliz de poder pertenecer a la familia Vástago” y entre abrazos y sonrisas quedé como parte de la institución.
Nunca me habían oído cantar en vivo, no sabían si de verdad cantaba o eran trucos de estudio, sin embargo, tenían fe y seguridad de haber elegido bien. Era la única voz femenina solista del sello, la única extranjera que no comía picante, todos eran mexicanos y se conocían casi desde la niñez. Fue un desafío en ciertas áreas, diferente cultura, ideas, gustos, etcétera, pero nada impidió que se cumpliera el plan de Dios para mi carrera en ese tiempo.
No le pregunté al Señor por qué me dirigió a tomar esa decisión. Cuando estoy convencida de que Dios me ha dicho algo, no pregunto, solo voy adonde me dijo, dejo que el tiempo me muestre el motivo. Al principio quizás no entendí por qué Vástago (una institución nueva en ese tiempo, no tan conocida, pequeña en comparación con otras), sin embargo, con los años se me hizo claro que Dios me puso en un lugar de firmeza, un pequeño brote que Él estaba haciendo crecer hasta darle una de las más altas posiciones en la industria de la música cristiana en español, y yo debía estar ahí cuando eso sucediera.
Después de casi ocho años, hoy emprendo mi propio camino fuera de esa institución, porque mi etapa allí terminó, pero reconozco que fue una puerta de bendición para mi ministerio, al igual que mi inclusión en la empresa fue de bendición para ellos. En el transcurso de esa etapa, con el ejemplo de Jesús Adrián, aprendí tantas cosas que atesoro en mi corazón y me sirven para administrar mejor lo que Dios me ha dado.
 
Un consejito

Para cualquier contrato o negocio que vayas a hacer, busca dirección divina antes de tomar una decisión.
Siempre que nuestros pasos sean guiados por Dios tendremos éxito en lo que emprendamos. Antes de preguntar a tus amigos, a tus padres, a tu pareja, pregúntale a Él, que sabe dónde comienza y termina todo, déjalo que te guíe y mantén tus oídos atentos.
 
A la hora de elegir

Siempre ha existido la pregunta de si Dios tiene o no la pareja especial, diseñada y guardada para cada uno. Bueno, yo no trato de responder esa pregunta, lo que sé es que Él quiere lo mejor para nosotros y, si le permitimos guiarnos, no nos equivocaremos al elegir esa persona.
Varios años antes de conocer al que es ahora mi esposo , estuve de novia con un chico, creyente también, que estaba involucrado en la música al igual que yo; pero el poco tiempo que duró la relación fue todo un tormento. No éramos el uno para el otro. Tras varios episodios que me hirieron profundamente, entendí que no valía la pena luchar por algo que no era conveniente para mí, especialmente si ya no quedaba respeto ni confianza y el amor ni por ahí cerca andaba.
Una noche, ya cansada de tanto drama, me fui a mi habitación (mi refugio) y tomé lápiz y papel; en un lado de la hoja enumeré todas las razones por las que debía finalizar la relación, y se llenó por completo la página. Del otro lado escribí las razones por las cuales podía seguir intentándolo, y no pude conseguir tres buenas razones. Tomé el papel, cerré mis ojos y oré…, prometí que terminaría esta relación al día siguiente, pues ya era un poco tarde en la noche. Al día siguiente esperé que pasara toda la mañana para asegurarme de mi decisión y que mis emociones no me traicionaran y, al mediodía, le hablé al individuo y ahí quedó todo. De inmediato sentí que una carga fue removida de mi espalda, me sentí libre y con esperanza. No era para mí ni yo para él.
¡Llegó mi príncipe!
En el 2005 viajé a la ciudad de Los Ángeles, California, para participar en el evento del día de resurrección de una de las iglesias de mayor asistencia en los Estados Unidos. Debido a la concurrencia realizaban seis servicios para poder recibir a toda la gente que llegaba a los eventos especiales, incluyendo algunas celebridades de Hollywood. Hice mi presentación en el primer servicio y todo salió súper. En la segunda reunión, al pastor asociado que me presentó se le ocurrió decir que yo era soltera y sin compromiso, y añadió que era bien bonita, así que “jóvenes solteros llenen su solicitud”. Qué vergüenza, quería esconderme. Al finalizar la quinta celebración del día tuvimos un descanso para comer algo más que frutitas y té, y la secretaria del pastor principal se me acercó y me comentó que, debido al comentario del pastor, algunos chicos querían acercarse para conversar conmigo, pero que ella no iba a permitir que ningún joven se acercara porque me tenía guardado el mejor joven de la iglesia.
–Es soltero, alto, guapo, con ojos azules… –me dijo ella.
Yo la interrumpí.
–Siempre y cuando no sea gringo1 está bien. –Y comenzamos a reírnos.
Con entusiasmo me dijo:
–Bueno, es gringo, pero de verdad es lo mejor que yo he visto, cien por ciento recomendable. Es serio, trabajador, respetuoso, buen cristiano, dirige el departamento de media y sonido de la iglesia, y es muy querido y respetado por todos nosotros.
Mientras almorzaba con un grupo como de diez personas, incluyendo mi representante, entró la secretaria del pastor para preguntar si tenía un minuto para conocer el chico del que me habló, y tranquilamente acepté. Ella abrió la puerta y lo invitó a pasar, cuando él asomó la cara, aquel cuarto se llenó de luz, eran rayos resplandecientes. “¡Dios, ¿qué es esto, un ángel?!” Quedé muda, y las mariposas dormidas en mi estómago se despertaron y comenzaron a volar.
1 Aclaro: No había nada malo con su raza. Lo de “no gringo” me salió gracias a las constantes críticas del señor Leonard Goodman Lambert, mi querido abuelo, un inglés complicado que siempre hacía comentarios negativos de los norteamericanos… Nos criamos muy cerca de él, así que tuve cierta influencia de sus pensares y eso venía con mis ideas. Hoy por hoy, no cambiaría mi maravilloso marido por ningún otro de ninguna otra cultura.
Él se acercó y me dijo que no deseaba interrumpir mi almuerzo, pero insistí en que no se preocupara; entonces pidió que le permitiera hacerse una foto conmigo, y respondí que no había problema. Cuando puso su mano en mi hombro me di cuenta de que estaba nervioso, su mano temblaba un poco. Mientras posábamos para la cámara, me susurró al oído: “You are so beautiful and you have a great voice”, que traducido es: “Eres muy hermosa y tu voz es impresionante”. Cuando él se retiró, ya no tenía hambre para continuar con mi almuerzo, mis manos estaban frías, mi corazón latía aceleradamente, mis rodillas temblaban y una sonrisota pintaba mi rostro. Nunca había sentido algo tan fuerte.
Bueno, me recuperé (como buena profesional) y regresé al auditorio para terminar la última función del día, me senté en mi asiento asignado y con mi rostro inclinado hice la siguiente oración: “Señor, yo no sé quién es este joven que acabo de conocer, y ni siquiera sé si lo volveré a ver, solo sé que algo extraño y diferente pasó en mí cuando lo vi. Si tienes algún plan con él y conmigo, te pido como señal que esta noche él me invite a cenar y me lleve al cine.
Una petición bien “espiritual”… (Cópienla, chicas, porque funciona).
Después de terminar todo salí a firmar autógrafos y a tomar fotos con la gente. En ese momento mi representante en ese tiempo se acercó con un papel y me lo entregó, el papel decía David Hegwood y tenía su número de celular, oficina, víper, email, ¡todo!… El chico quería ser localizado. Mi manager dijo: “Él quiere invitarte a cenar esta noche” ¿y qué creen que dije? Pasados unos minutos, sentí una mano cálida que tocó mi hombro y cuando volteé, volví a ver los mismos rayos de luz, y el ángel me preguntó (o sea, David) si estaba de acuerdo en cenar con él y mi acompañante.
Para no hacer más largo este lindo relato, pasó a recogernos al hotel a las 7:45, aproximadamente, después de darse una ducha y cambiarse de ropa…, había estado en la iglesia desde las cuatro de la mañana. Se puso más bello aún, llevaba una camiseta que resaltaba mucho el color de sus ojos.
Esa noche nos llevó a City Walk en Universal Studios y cenamos en un restaurante de comida muy rica, con música en vivo (para ser honesta, apenas probé la comida, mi estómago estaba cerrado). A la salida del restaurante había un cine, muy cerca, y yo por dentro pensaba, “falta una más para que se cumpla la señal”. De repente él miró al cine y preguntó si nos gustaría ver una película antes de llevarnos al hotel. Yo grité un “yes” en tono soprano, y mi manager muy chistosa me dijo:
–No te conozco, eres otra persona… Nunca hubieras aceptado una invitación de un chico en las ciudades adonde vamos.
Con alegría le respondí:
–Cierra la boca chica, hablamos después, tenemos que ver la película, más tarde te digo el porqué.
Por el tiempo que duró Miss simpatía II, con Sandra Bullock, solo pensaba: “No puede ser, parece que sí, wow”. Yo no tenía planes para esto, no me imaginé que vendría a Los Ángeles a conocer al hombre de mi vida. Regresé al hotel y no podía creer lo que acababa de pasar, exactamente lo que pedí Dios lo cumplió.
El pedir señales a Dios es algo que a mí me funciona, y es bíblico (fíjate en Jueces 6:36-40), en vez de estar buscando gente que me dé palabra puedo desarrollar una relación directa con Dios y Él me puede hablar de diferentes formas. No siempre lo hace con señales, en ocasiones ha usado gente que me da una palabra acertada, pero soy muy cautelosa con seguir todo lo que alguien me diga “de parte de Dios”. No todas las profecías vienen de Dios, hay muchos que andan inventando; tenemos que aprender a discernir, en otras palabras, distinguir cuando es algo que Dios nos quiere decir o son las emociones del que habla. Por ejemplo, meses antes de mi boda, a unas personas se les ocurrió que Dios tenía otro hombre para mí. Un chico que también conocía, pero que nunca siquiera intentamos ser pareja… Me contaron sueños, visiones y tantas otras cosas ridículas; gracias al cielo que no hice caso porque definitivamente no estaban en lo cierto. Desde temprana edad he experimentado cercanía con Dios y, sin duda alguna, nada es tan especial como poder tener esa comunión personal a través de su Espíritu Santo.
Ok, volvamos a aquel día especial. Quedamos que al día siguiente David nos llevaría de compras. Casi no dormí deseando que amaneciera para verle el rostro nuevamente. Al otro día, mi acompañante y yo, como buenas mujeres, estuvimos de compras por horas; nunca había visto un hombre tan comprensivo y paciente, mientras yo me probaba los zapatos de medio centro comercial. Luego, humildemente cargó las bolsas con todo lo que compré. Ese comportamiento fue la mayor confirmación de que era el cordero para el sacrificio.
Se me ocurre decir
Chicos, aprendan; si quieren enamorar a una chica vayan al centro comercial con ella, carguen su cartera, déjenla probarse todos los zapatos que quiera y díganle que les quedan bellos. Eso se los digo de parte de Dios.
Antes de despedirnos en el aeropuerto, para mi viaje nocturno de vuelta a casa, me confesó que yo le gustaba mucho, que estaba muy impactado con mi forma de ser y pensar, que quería conocerme más. Prometió mantenerse en contacto siempre. Al día siguiente, cuando llegué a Santo Domingo, todavía andaba en la luna. En ese tiempo vivía por la Avenida George Washington, así que todo el trayecto hasta mi casa, a mano izquierda, me quedaba de vista el mar; les confieso que el mar nunca había lucido tan radiante y bello como esa mañana, algo celestial. Increíblemente fue como lo que algunos llamarían: amor a primera vista.
Llamó de inmediato, pareciera que tenía las horas calculadas. Hablamos por quince minutos; al próximo día volvió a llamar y la conversación fue un poco más larga; al tercer día me llamó nuevamente y hablamos como una hora; al cuarto día otra vez, y el próximo día y el próximo… Nunca paró de llamar y de conectarse conmigo por Internet hasta el día en que nos casamos. Los días que estaba muy ocupado hacía varias llamadas cortas para saber cómo estaba. Como mis estadías en casa usualmente eran de tres a cuatro días, el resto me lo pasaba en un avión, un hotel o un aeropuerto, él se las ingeniaba para verme; llegó a viajar adonde me estaba presentando. En varias ocasiones, cuando regresaba a casa, encontraba arreglos de flores preciosas que, con la ayuda de mi amiga y asistente personal, él me hacía llegar. Recuerdo que para uno de mis cumpleaños hizo un pedido de rosas rojas; cuando entré, mi habitación estaba llena de pétalos y velas encendidas, una tarjeta y regalo en mi cama, y él vía telefónica.
¡Qué más podía pedirle a Dios! La Biblia dice que el hombre que halla esposa halla el bien, y yo añado: y la mujer que encuentra un hombre que la trate con delicadeza, es una reina.
Amiga(o), Dios quiere estar involucrado en la elección de tu pareja, no que te enredes y, después de verte desesperada(o), le preguntes si es la persona; creo que te ahorrarías mucho dolor de cabeza si antes de comprometerte en palabra o hechos le consultaras a Él y esperaras por su respuesta. Dios quiere guiarte en tus decisiones, permítele hacerlo, y tú serás la beneficiada o el beneficiado.
El regalo de mi esposo es más de lo que pude haber pedido; definitivamente estoy convencida de que Dios siempre quiere lo mejor para ti y para mí. No hay que conformarse y agarrar lo primero que llega, hay que darse tiempo de pensar, conocer, vivir, disfrutar y escuchar la voz de nuestro Padre. Espera, porque vale la pena. Cuando trates a alguien que te gusta, por favor, date tiempo para ver si es una persona compatible con tus valores y creencias… No hay prisa. Cuando las parejas en la emoción del enamoramiento se desesperan y se casan, sin haberse dado el tiempo suficiente, pagan el precio en el matrimonio. Hay excepciones en las que ha funcionado un matrimonio con muy pocos meses de conocidos, pero yo en lo personal si tuviera que hacerlo de nuevo lo haría igual, sin nada de prisa.
A los pocos meses de empezar mi noviazgo con Dave, los dos sabíamos que anhelábamos pasar el resto de nuestra vida juntos y éramos el uno para el otro, pero lo primero que él me dijo fue: “yo no tengo prisa, y me queda claro que tú tampoco, así que tomémoslo despacio”. Eso me desarmó completamente, porque siempre me causaba desconfianza un hombre que no quisiera tomarse tiempo para conocer de verdad quién era yo, no la cantante, y me daba la idea de que tampoco le interesaba que yo descubriera quién era él.
Gracias a Dios pudimos invertir ese tiempo en tomar algunas reuniones de consejería matrimonial con sus pastores en California y mis pastores en Santo Domingo, conocer nuestras familias y amigos, terminar los estudios universitarios en el caso de él, y hacer muchísimas cosas para Dios. Al año y cuatro meses de noviazgo me pidió matrimonio durante uno de mis conciertos en California, y cinco meses más tarde nos casamos.
 
Todavía andamos de novios

El matrimonio es una de las mejores cosas que me ha pasado, pero no me quiero imaginar cómo estaría hoy si hubiera elegido mal.
Pide dirección al Espíritu Santo y tomarás decisiones sabias. Si te encuentras en una relación turbulenta, no te preocupe el qué dirán si tienes que salir de la relación; no vale la pena quedarse en un noviazgo donde solo hay discusión, pleitos y falta de respeto, lo mejor que puedes hacer es cortar eso y seguir adelante. Si te ilusionaste con una persona y las cosas no funcionaron, no es el fin del mundo, el plan que Dios tiene es mejor, con su ayuda sabrás elegir la persona adecuada para ti.

4 Soy ordinario y mi destino es grande

Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia (1 Corintios 1:28-29).

Dios usa gente simple, con un corazón grande. Individuos dispuestos, obedientes, entregados, humildes. Lo que el mundo muchas veces desaprueba es lo que Dios toma y levanta para su gloria.
Por ordinario entendemos algo que es “común, regular, bajo, de poca estimación, que no tiene grado o distinción en su línea”, lo cual automáticamente da la impresión de que es sin mucho valor y no hay que prestarle atención.
 
El mundo dice “no”:
Nunca podrá ser alguien
No tiene educación
No tiene dinero
No conoce a nadie
No tiene un buen físico
No tiene un apellido de influencia
Es muy viejo
Es muy joven
 
El Creador dice “sí”:
Tengo su futuro en mis manos
Yo lo(a) capacito
Yo abriré mis ventanas de bendición y le proveeré
Es mi hijo(a), yo soy su Padre
Yo lo(a) formé con mis manos, y todo lo que yo hago es bueno
Todavía tengo planes con el/ella
Yo le doy la sabiduría
Una noche me tocó cantar en un evento especial que tenía la participación de reconocidos líderes del país. Para ese tiempo sólo tenía dos canciones de promoción Contigo Dios y Vuelve, que habían escalado muy rápido en la radio local, ambas escritas por mi amigo Juan Carlos Rodríguez quien apenas se estaba dando a conocer como autor. Al terminar de cantar se me acercó un destacado autor y me dijo:
–Usted tiene mucho talento, mucha gracia y unción, pero esas canciones no me parecen muy buenas, como autor con experiencia se lo digo. Tiene que buscarse gente que tenga escuela en esto, estos muchachitos nuevos que están comenzando no tienen mucho concepto de lo que están escribiendo y no van a perdurar.
Me parecieron inapropiadas sus palabras pero me quedé en silencio, pues supe de inmediato que era una reacción de celos por los buenos talentos que estaban surgiendo. Hasta hoy no se dónde ha parado esa persona, sus canciones ya no se escuchan y mi amigo “principiante y sin experiencia” es hoy uno de los mejores autores que conozco; Dios lo ha puesto en alto.
Tal vez estás leyendo este capítulo y te encuentras en una situación de menosprecio de parte de personas que te miran y piensan que no tienes nada especial para compartir, que eres alguien común y corriente; y posiblemente te lo has creído, pero esa no es la verdad. ¡Tú eres diferente, eres especial y a su tiempo lo verás!
 
Debes vivir como ordinario para llegar a ser extraordinario
David


Todos hemos escuchado y leído alguna vez acerca de David, el pequeño que mató al gigante Goliat y el joven que escribió muchas canciones y salmos. Pero es interesante cuando estudiamos cómo Dios organizó todo el plan para David, sus comienzos, el proceso de preparación y hasta dónde fue llevado.
Cuando el profeta Samuel fue enviado por Dios a ungir uno de los hijos de Isaí, al ver a Eliab, el hijo mayor, de inmediato fue capturado por su grande estatura y buen parecer, pensó que ese era el que Dios le envió a ungir, pero la respuesta del Señor fue: “No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues ya lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón” (fíjate en 1 Samuel 16:7 NVI). Al pasar los siete hijos y ninguno haber sido elegido por Dios, Samuel preguntó si acaso quedaba algún otro por ahí, y el padre respondió “queda aún el menor, que apacienta las ovejas”. Al entrar David, entonces Samuel recibió la orden de Jehová para ungirlo.
David no era el patito feo de la casa, de hecho dice la Biblia que era hermoso, inteligente y fuerte, lo que pasaba es que era el más joven, y en una familia numerosa usualmente los mayores son los primeros en sobresalir, los pequeños deben seguirlos y aprender de ellos. Las tareas asignadas a este jovencito eran diferentes a las de los mayores, le tocaba estar en el campo cuidando ovejas mientras que sus hermanos ya estaban en el servicio militar.
Me imagino que Isaí no creyó necesario enviar por David y colocarlo en la línea de desfile ante el profeta, y mucho menos le pasó por la cabeza que Jehová escogería al más joven, al pastor de ovejas que pasaba horas en el campo, ¿qué podría tener de especial que fuera diferente a sus hermanos? Pero a Dios le gustaba el aspecto del corazón de David. Por esto lo escogió como su siervo, lo sacó de los apriscos de las ovejas… (Fíjate en Salmos 78:70).
En el tiempo de anonimato es cuando somos preparados para lo extraordinario. Nadie empieza desde arriba, hay un proceso que no puede saltarse. David, al ser el más pequeño, no podía ir a la guerra igual que sus hermanos, pero la majada se convirtió en su campo de entrenamiento. Su astucia, fuerza y atrevimiento fueron habilidades que desarrolló mientras pastoreaba las ovejas en el campo.
Cuando el pequeño decidió que podía ir a enfrentar a Goliat, el rey Saúl no consideró una buena idea que este muchacho sin experiencia en la guerra fuera a pelear con un grandote experimentado. Pero David dijo:
Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba.
Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente.
Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo.
Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.
1 Samuel 17:34-37
Y ya sabemos lo que pasó.
Este joven no menospreció su tiempo de anonimato. En lugar de estar triste y desanimado porque le tocaba estar detrás, donde nadie lo veía, haciendo un trabajo duro, aprovechó el tiempo debidamente. Allí aprendió a tocar el arpa, a pelear, a escribir y a conocer a Dios.
 
Se me ocurre decir
Un alumno no se gradúa de doctor sin antes pasar sus estudios primarios, secundarios y universitarios, luego recién obtiene un título. Un militar es bien entrenado antes de ir a la guerra. Igual pasa en el área ministerial, antes de ser promovido debes pasar tus exámenes.
Después de veinte años del día en que David fue ungido, cuando ya estuvo listo, fue coronado como rey. ¡Wow!, ¿tuvo que esperar todo ese tiempo para probarse la corona? Sí. Para cualquiera de nosotros eso sería una eternidad. Te fijas, ya los planes de Dios para este joven estaban claros y definidos pero le tomó un largo tiempo prepararlo antes de usarlo a tan alta escala. Esto como que da esperanza, ¿verdad? Aunque Dios se tome el tiempo que sea, su promesa la cumplirá. Si el proceso de entrenamiento es largo, significa que estás siendo preparado para algo muy grande. No menosprecies tu majada (el lugar de tu comienzo), ese es tu campo de entrenamiento.
A la hora de buscar un escogido, Dios no va a la casa de los más prominentes y de entre ellos elige el favorito del papá o la mamá. Él tiene su propio concepto de lo que es valioso, preciado, lo mejor. Él busca en cualquier rincón y elige un corazón humilde, sencillo, dedicado, entregado, y lo prepara, le da la forma apropiada, luego lo levanta para ser cabeza en las naciones. David empezó como un simple pastor de ovejas y terminó siendo un rey.
 
Un consejito
No trates de encajar en los prototipos que el mundo te da. No busques ser el más atractivo, el más famoso, el que tiene más influencia. Que tu propósito sea hacer la voluntad del Padre, y te garantizo que Él será tu mejor contacto y el Espíritu Santo será la más grande influencia que necesitarás.
 
Cualidades de David que ayudaron para que el propósito de Dios se cumpliera en él
Amaba a Dios con todo su corazón
Era prudente en todo lo que hacía
Su confianza y seguridad estaban en Dios y no en sus fuerzas (fíjate en 1 Samuel 17:37)
Era un chico valiente y diligente
Estaba preparado para cuando llegó su oportunidad (fíjate en 1 Samuel 16:17)
Estas valiosas cualidades son las que merecen la pena perseguir. Ama a Dios, guarda tu corazón y procura estar listo para cuando llegue tu momento.
Puedo usar a alguien como tú
La mujer de Samaria
Es evidente que esta chica no tenía la mejor reputación. Probablemente era de las que pasaban y los del barrio secreteaban y la miraban con desprecio. En su currículum aparecía una lista de hombres con los que había tenido una relación, y seguía añadiendo más. No se saben las circunstancias que la llevaron a tomar esas decisiones, quizás tuvo una niñez frustrante, fue abusada, se crió en la calle o vio malos ejemplos de sus padres…; solo sabemos que no estaba en la lista de las señoras admirables de la ciudad. Jesús, sabiendo de su necesidad espiritual, preparó la ocasión para encontrarse con ella. Su primera reacción al encuentro con el Señor fue un poco brusca y directa… No sé si Jesús tenía un acento o algo particular que hiciera notar de qué pueblo era, porque cuando le habló la mujer se dio cuenta de que no era del lugar, y sus pueblos no se llevaban bien. Lo que sí puedo notar es que pasó muy corto tiempo para que ella rápidamente abriera su corazón al toque del Maestro. Su sensibilidad fue necesaria para que el cambio ocurriera.
De ser una mujer señalada, se convirtió en una predicadora, no en una plataforma y con un micrófono, sino que sin perder tiempo anunció a todos los que podía con quién se había encontrado. Y no le dio vergüenza admitir que había hecho cosas no muy buenas, porque dijo: “Vengan a ver a este hombre que me ha dicho todo lo que he hecho, es decir, mis malas acciones”. Su arrepentimiento fue de corazón y estaba dispuesta a dejar el pasado y comenzar una nueva vida.
El testimonio de una mujer común, de pueblo, cambió la vida de muchos; y como si fuera poco ella pasó a formar parte del Libro más importante de la historia del mundo.
¡Qué magnifico es el plan de Dios para sus hijos!, y cuán grande es su amor.
Tu pasado, pasado es, y Dios no lo recuerda más. Ahora es tiempo de construir una nueva historia. Si la manera en que has vivido tus días hasta ahora no fueron ejemplares, lo más probable es que Satanás constantemente te acuse y te haga sentir sucia(o), insignificante y sin nada de valor para que Dios te pueda usar. Eso es una mentira, la Palabra enseña que “si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”
 (2 Corintios 5:17 NVI).
¡Eso es!, suelta ese viejo y duro pasado y deja que el verdadero plan por el cual estás en este mundo se cumpla. Ahora vienen mejores tiempos.
 
Después de la adversidad tu sueño se hará realidad

Me encanta leer biografías. Me inspira saber cómo fue el comienzo de todas esas personas que hoy son llamadas exitosas o forman parte de la historia. Muchas veces el enfoque está en lo que han logrado, pero nos olvidamos que hubo un proceso para llegar allí.
 

Hablemos de José

El soñador, así lo llamaban sus hermanos en tono de burla. Era un joven trabajador, pastor de ovejas y obediente a su padre; sin embargo, tuvo que cruzar un difícil desierto para ver el cumplimiento de los sueños que Dios puso en su corazón. Fue escogido con propósitos extraordinarios, y el enemigo quiso tronchar esos planes usando a sus propios hermanos. José fue concebido cuando su padre ya era viejo, lo cual hizo que lo apreciara mucho. Jacob, lo amaba como a ninguno de sus otros descendientes, y esto provocó que sus hermanos le tuvieran envidia y celos.
La situación se agravó el día que el joven tuvo un sueño, que parece lo emocionó tanto que no lo pudo callar y lo contó a sus hermanos. A partir de ahí comenzó el fuerte trayecto. Pero, a través de su sufrimiento, podemos confirmar lo que dice Romanos 8:28, Dios puede transformar nuestro caos en la bendición más gloriosa que nos podamos imaginar. Aun en medio del dolor, la soledad, la tristeza, la enfermedad, el abandono o el acontecimiento más desastroso que pueda estar ocurriendo en tu vida, puedes estar confiado de que al final todo cobrará sentido.
Los hermanos metieron a José en una cisterna vacía, después lo vendieron a un grupo de ismaelitas. Esa gente lo entregó a Potifar, oficial del faraón. Estuvo como esclavo, fue sirviente, más tarde acusado por algo que no cometió y encarcelado por alrededor de dos años y medio… ¡Uf, qué proceso!, es difícil imaginarnos en una situación similar. No solo lo llevaron del lado de su padre que lo cuidaba con esmero, sino que es casi seguro que pasó hambre, inestabilidad, incertidumbre de no saber qué pasaría con él, y el dolor agonizante por el daño que su propia familia le estaba causando. No sé si en medio de todo eso José se quejó o cuestionó a Dios, no aparece en la historia, pero es muy claro que no se rindió. Aun en medio de la adversidad hizo todas las tareas con excelencia, con dedicación, y su actitud lo fue colocando en lugares más privilegiados.
Encontramos en la historia que Dios estaba con José, y su favor lo hizo prosperar, todo lo que tocaba florecía, nunca se apartó de su lado (fíjate en Génesis 39:5).
Muchas veces el ladrón de los sueños trabaja en nuestros pensamientos, precisamente en el momento de mayor vulnerabilidad, para tratar de convencernos de que Dios nos dejó solos en medio del camino. Que esa visión era pura idea nuestra, que Dios cambió de planes. “¿Y ahora qué vas a hacer?, estás estancado(a), de aquí no vas a ningún lado, olvídate de todo eso… no era para ti… no luches más… no intentes más…” y un GRAN etcétera. Desde el momento en que percibas esos pensamientos tienes que saber que ese es el trabajo del devorador. Todo pensamiento que te desanima, que te derrumba, que te impulsa a quedarte sentado, definitivamente no está conectado al creador de los grandes sueños. La Biblia, en Juan 10:10, dice que Satanás solo viene para robar (tu sueño), matar (tu esperanza) y destruir (tu plan), pero nuestro Señor viene y usa todo el intento del enemigo para mostrar su gloria a través de nosotros.
Dios tenía la vida de José en sus manos, y todo fue parte del plan. No creo que él se imaginara que con cada nuevo inconveniente que tenía que enfrentar se escribía un nuevo párrafo en su historia… algo trascendental. El mismo valle de angustia que cruzó, lo dirigió hacia el cumplimiento de la visión.
Si ahora en el siglo XXI José fuera un viejito canoso y le pidieras unas palabras de ánimo, probablemente te diría:
–M’hijo, aquel día que mi padre me envió a ver a mis hermanos y no volví a casa creí que era el fin. No sé cómo salí vivo de la cisterna donde me echaron. Después empecé a escuchar un ruido y como iba con los ojos vendados no me di cuenta de a dónde me llevaban. Cuando me vine a dar cuenta estaba en Egipto, y cuando vi a esos hombres hablando y pasándose dinero pensé “¡oh no, de aquí no me salva ni el chapulín colorado!”. Ya tú sabes, cuando llegué a la casa de ese señor que me compró estuve sirviendo día y noche haciendo lo que me pedían, no fue fácil. No dormí por días, extrañaba mucho a mi papá, no lo había visto por largo tiempo y sentía deseos de abrazarlo, también quería ver a mis hermanos y preguntarles “¿por qué me hicieron esto?, yo los amaba mucho, por su culpa miren dónde me encuentro…” Especialmente cuando me vi camino a la cárcel, cuando esa mujer mentirosa me acusó de algo que jamás me hubiera pasado por la mente hacer… ¡Fue duro!, no te lo puedo negar, pero en medio de la incertidumbre había una llamita de esperanza encendida en mi corazón, algo más poderoso que yo que me animaba a creer que todo terminaría bien. Pude sentir la presencia de Dios rodeándome en todo momento, y en las noches de mayor desesperación Él me habló y me dijo: “Tranquilo, José, sé paciente, yo estoy aquí contigo”. Definitivamente su favor fue evidente en medio del dolor. Y hoy te digo con seguridad que no cambiaría nada de lo que pasó. Te voy a dar unos tips que me funcionaron mientras pasé por ese desierto:
Sé valiente
Descansa en la soberanía de Dios
Es muy importante que seas fiel
Que vivas en integridad
Realiza tus tareas con excelencia
Desarrolla tus talentos y habilidades
Mantente enfocado(a) en tu visión
No guardes rencor
Perdona a los que te han herido
Representa a Dios dignamente donde quiera que vayas.
Y mantén el sueño vivo
Él tiene tu vida en sus manos… Verás que todo es parte de un propósito.
A pesar del duro proceso, José creyó lo que Dios le había mostrado. Su encarcelamiento fue solo físico…, su espíritu se mantuvo fuerte visualizando la promesa. No se limitó por las circunstancias, más bien estas le permitieron desarrollar sus habilidades. En medio del trayecto mantuvo su mente enfocada en su visión y fue fiel en todo y a todos con los que se relacionaba.
Este joven ejemplar tuvo que esperar trece largos años para ver sus sueños, pero los vio. Fue gobernador de Egipto, dirigió los negocios del rey y sus hermanos se postraron ante él.
 
Se me ocurre decir

“Los individuos que sean fieles a la visión de Dios disfrutarán de su favor... Al final verán su visión realizada, siendo vindicados no importa las adversidades que hayan tenido que enfrentar” (Biblia Plenitud).
A veces parecen locura las revelaciones que vienen de Dios pero siempre tienen sentido. Los pensamientos de Dios son muy elevados y ningún humano es capaz de comprenderlos.
 
Eres mi Hijo amado
Jesús


“Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentara a mi pueblo Israel”
(Mateo 2:6).
En numerosas ocasiones había meditado en el acontecimiento del nacimiento del Salvador, específicamente del lugar donde ocurrió, las circunstancias, cómo se dio todo, pero nunca había tenido tanta claridad acerca de un mensaje importante que Dios quiso dar mediante el nacimiento de Jesús. Primero, la forma en que vino al mundo fue una gran muestra de humildad, creo que todos entendemos esto; sin embargo, esa no es la única enseñanza poderosa detrás del acontecimiento más impresionante de la historia del mundo.
En diciembre del 2010 mi pastor, Robert Morris, compartió una enseñanza acerca de Belén y el nacimiento del Mesías que amplió mi entendimiento y me hizo ver que la razón por la que Jesús nació en Belén no fue solamente para mostrarse humilde, sino para demostrarle al mundo que es el creador de todo y tiene dominio sobre todas las cosas. Él escoge a veces los lugares más desprestigiados para hacer cosas asombrosas. Dios no necesita un ambiente perfecto o circunstancias agradables para crear milagros.
Belén es la ciudad más pequeña de Israel y sin muchos atributos hasta el día de hoy. La razón por la que esta pequeña villa en Judea es hoy conocida en el mundo entero es el nacimiento de Jesús. Estoy de acuerdo con esto; creo que Dios escogió a Belén, como el lugar para que su Hijo naciera, con la intención de crear el milagro más grande y trascendente de la historia de la humanidad en un lugar intrascendente.
Qué tranquilidad nos da saber que somos valiosos sin importar de dónde hayamos salido o dónde nos criamos; todos fuimos concebidos por el Creador para un proyecto único. Este es un mensaje para muchos que constantemente se subestiman porque vienen de un lugar poco reconocido y creen no tener importancia, pero Dios quiere sorprenderlos y mostrarles lo que Él es capaz de hacer aun cuando las apariencias no prometan mucho. Él te ha mirado y quiere hacer algo grande de ti. Tu trasfondo no lo limita, su atención está en tu presente y tu futuro. Lo importante no es de dónde saliste, sino adónde llegarás.
Jesús nació en Belén y se crió en Nazaret, su padre era un carpintero, lo mismo fue él, ya que en el pasado era común que los hijos ejercieran la misma profesión de los padres, cualquiera fuera la ocupación, pastor de ovejas, herrero, panadero, los hijos se instruían desde muy jóvenes en ello. Jesús de niño ayudaba su padre en el trabajo de carpintería. Aunque a su corta edad era un chico lleno de sabiduría (había algo que lo diferenciaba del resto de la comunidad, era un enviado del cielo, su conocimiento era tan amplio que hasta los más sabios estaban sorprendidos con su saber), aun así el pueblo no esperaba a un salvador que viviera en esas condiciones. Puedo imaginar lo que pensaban acerca de un simple carpintero como salvador para el mundo: “¿qué esperanza puede haber?”, se preguntarían algunos. En sus mentes no era posible que algo así sucediera. Pero a Dios le encanta dejar con la boca abierta a aquellos que se creen muy aptos y sabios; esa es su especialidad, escoger lo que el mundo no aprueba y cumplir su plan (fíjate en 1 Corintios 1:26-28).
Los humanos pensamos que si vamos a poner nuestra esperanza en alguien para que nos ayude deberá ser una persona en mejor condición que la nuestra, más importante, con influencia. Por ejemplo: si nos toca elegir un abogado para que nos represente, no queremos a uno mal vestido, un mediocre o que anda en un carro viejo, queremos alguien mejor posicionado que nosotros, con poder, que tenga reconocimiento, trayectoria, que cuando se pare a hablar la sala completa quede impresionada y, por supuesto, queremos que gane nuestro caso ¿verdad?
O pongamos el ejemplo de cuando una chica soltera lleva un pretendiente a casa. Ante todo, el papá quiere saber en qué trabaja el individuo. Si por casualidad es un doctor, arquitecto, piloto de American Airlines –su línea área favorita– o ingeniero civil, desde un principio va ganando puntos. Si, al contrario, el joven se presenta como un carpintero de patio que de vez en cuando arma un par de sillas, lo primero que el padre pensará es que su niña se le morirá de hambre, y ahí empezará la persecución…
Y los papás digan: “¡amén!”
Así son los padres normales que aman y quieren cuidar bien de sus princesas… (Aunque a algunos se les va la mano). Pero, en serio, así somos, es la realidad y no es culpa de nadie en particular, es nuestro mundo, nuestra humanidad. Ahora bien, Dios mira las cosas con otra perspectiva. Ante sus ojos lo de afuera no es lo primero: las circunstancias económicas, lo físico, lo que perece. Sus intereses son muy diferentes a los del hombre, tienen que ver con cosas más profundas, valiosas y eternas. No es que Él solo pone sus ojos sobre las personas de más baja clase social o económica y el resto no existe; no, el punto es que Dios jamás va a dejar de usar a una persona porque no cumpla con los estándares sociales. Nosotros ante la sociedad tenemos un valor para cada cosa, según nuestro criterio y consideración, pero en el reino de Dios eso no existe. Él toma a aquellos que lo aman y honran de corazón y los coloca en el área donde pueden ser útiles.
Tal vez, si Jesús hubiera aparecido en toda su gloria, con mucha pompa y rodeado de ángeles, no hubiera sido chocante para la gente y todos hubieran creído, pero él decidió tomar la naturaleza de siervo, igual a los seres humanos, y en humildad se hizo obediente hasta la muerte, dice la Palabra. Su recompensa fue ser exaltado al mayor grado posible y se le dio un nombre que está por encima de todos los nombres. Su obediencia de muerte fue recompensada (fíjate en Filipenses 2:9).
De todos los ejemplos de personas que yo pueda mencionar en este libro o de los individuos más dignos de admirar del mundo, nadie es, ha sido o será como Jesús, nadie, y por ello debe ser el principal ejemplo para ti y para mí.
Cuando trato de hablar de Jesús las palabras faltan y mi mente no es lo suficientemente sabia para describir tanto poder y perfección, pero me atrevo a destacar unas cualidades que nuestro Maestro poseía que son dignas de imitar:
 
Seguridad

Nadie ha hablado con tanta convicción. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Eso es seguridad. Hay que entender que Jesús era Dios, pero también era hombre y sentía como humano, sin embargo eso no lo detuvo. Por encima de las burlas y el rechazo, siguió adelante y llegó hasta el final. Tenía identidad y un propósito definido. Quizá pudo parecer poco refinado a los ojos de los hombres, más eso no le importó, porque sabía quién era, lo que dijeran de él era su menor preocupación, vivía enfocado en cosas más importantes. Su identidad la había recibido de su Padre, él era su Hijo amado y su Padre estaba satisfecho con su vida, eso bastaba para tener confianza.
El día que fue bautizado por Juan el Bautista, su Padre le confirmó su amor y agrado. “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lucas 3:22). Me parece vital que Jesús escuchara estas palabras de afirmación justo antes de lanzarse de lleno al ministerio. Todo estaba dicho y escrito acerca de los contratiempos que enfrentaría en tan difícil tarea, no era sorpresa para el cielo.
Una estrategia usada por el enemigo, para que los hijos de Dios no alcancen su más alto potencial, es la inseguridad. Joyce Meyer dice que Satanás odia a la gente que está segura de lo que es en Cristo. ¿Sabes por qué? porque al momento que dudas de quién eres, dudas de tu Creador, de Jesús. Porque al instante que le permitimos a Jesús entrar y vivir en nosotros, ya no somos nosotros los que operamos. “Ya no vivo yo, mas vive cristo en mí”, decía el apóstol Pablo. El mismo poder que resucitó al Señor, después de haber estado muerto por tres días, es el mismo poder que vive en ti. Así que, cada vez que el enemigo te asuste o te acuse, recuérdale su derrota; recuérdale que tu victoria ya está garantizada desde el día en que el Salvador entregó su vida.
¡Eres un hijo de Dios!, que se te grabe esto: no eres cualquier cosa. Pero tienes que creerlo. A la hora en punto que empieces a creer y declarar tu identidad, te aseguro que el enemigo pensará dos veces antes de meterse contigo. No porque no lo quiera hacer, sino que no puede resistir el poder que se libera al declarar lo que dice Dios.
Los días que me levanto sin mucho ánimo o me siento enferma, es mi oportunidad para decir lo que soy; y te cuento que inmediatamente mi estado de ánimo y mi perspectiva cambian. Inténtalo y te acordarás de mí. Es más, ni siquiera esperes a sentirte mal o inseguro(a), desde que te levantes mírate al espejo y empieza a hablar cosas buenas de ti y del nuevo día que estás a punto de enfrentar, esta acción tiene un efecto poderoso.
Jesús sabía quién era y se movía consciente de su poder. Por tal razón, ni Satanás ni la gente pudieron impedir el cumplimiento de su ministerio. Satanás es un doctor en mentiras y un profesional en acusación, pero hay un botón que le apaga la bocota: la Palabra de Dios, y un personaje que lo hace correr: Jesús.
“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová…” (Isaías 61:1). Jesús era seguro, lo podemos ver en la manera como se expresaba. No era orgulloso ni presumido, sencillamente su Padre lo amaba y Él lo sabía; ese amor acallaba el ruido de las voces externas que lo descalificaban.
Cuando el Padre le dijo: “Tú eres mi Hijo amado; estoy muy complacido contigo”, en otras palabras le estaba confesando: “Me complazco en lo que he creado, eres perfecto para el trabajo, en ti he encontrado el corazón y la disposición que necesitaba para la misión, estás listo… Ve con mi bendición”.
Amigo, amiga, joven, jovencita, si el Padre te escogió y te preparó para una labor, también te ha dado su bendición. No tiene que atormentarte lo que otros piensen o digan. Miles de jóvenes en el mundo se dejan minimizar por los estereotipos que la sociedad ha establecido, sienten que no son lo suficientemente interesantes para ocupar un lugar importante, y en su mente se han creado la idea de que son víctimas y nadie los va a aceptar porque no van acorde con lo que los demás esperan. Bueno, permíteme decirte que el ser humano siempre juzga por lo de afuera pues no tiene la habilidad de ver lo que está adentro, solo Dios tiene esa capacidad. Es el único que lo ve todo y lo conoce todo, a Él no es necesario conquistarlo con nuestra belleza física ni impresionarlo con nuestra inteligencia, nos conoce de verdad y nos ama ¡tal cual somos! ¿Entendiste? Él te ama así… así nada más… ¡tal cual estás!
Jesús ya pagó el precio por tus imperfecciones, por tu incapacidad, por tus errores y ahora en él tienes toda su perfección. Ya no vives tú, ya no hablas tú, ahora Cristo es quien da la cara por ti, es el abogado perfecto que te representa. Cuando Jesús sale a defenderte o tú mencionas quién está en tu defensa, todos tus acusadores cierran la boca y se retiran.
Si creemos en Dios y en su Palabra venceremos al mundo. Cuando me hacen preguntas acerca de cómo hallar seguridad, mi recomendación siempre es la Biblia, es la única forma para callarle la boca al mundo. Jesús venció las tentaciones de Satanás con la Palabra de Dios, y tú puedes usarla también. Cuando sientas la presión y los ataques, refúgiate en la bendita Palabra de Dios que declara lo mejor de ti.
 
Se me ocurre decir


La relación entre el Hijo y el Padre la podemos aplicar a la relación con nuestros hijos. Los padres que prodigan palabras de afirmación en sus hijos forman hombres y mujeres seguros de sí mismos y sin miedo de enfrentar los desafíos y azotes de la vida.
Mientras escribo esta parte del libro aún no soy madre, pero creo que he vivido lo suficiente para aprender que este es uno de los mejores aportes que los padres pueden hacer para el buen funcionamiento y desarrollo de sus hijos.
Jesús tenía carácter y madurez
Vivió en el mundo pero en ningún momento cambió su forma de ser para adaptarse a él y agradar a los demás, tampoco actuaba de forma complaciente para ser aceptado. Aun cuando lo criticaron por comer con gente que los religiosos y legalistas no aceptaban, gente como Zaqueo por ejemplo, Él continuó en busca de los verdaderamente necesitados. Su principal misión fue buscar a los perdidos, no perderse con ellos. Jamás despreció a ninguno por su estatus social o económico ni por su condición espiritual, él no se acercó para juzgar ni condenar sino para ser luz entre ellos (fíjate en Juan 3:17). No se contaminó, estuvo entre ellos pero nunca se comportó como ellos, ellos se convirtieron a Él.
 
Fue valiente y responsable

Jesús no se echó para atrás cuando se puso difícil la situación. Se mantuvo firme hasta las últimas consecuencias…, y cuando supo que había cumplido y la obra estaba terminada dijo: “Consumado es; está hecho; la obra de la redención está completa y es permanente; ahora puedo regresar a casa con mi Padre”.
Para subsistir en un mundo materialista, un mundo que le pone precio a todo, la seguridad y la madurez son dos cualidades muy necesarias, y la fe y el valor son ingredientes indispensables para mantenernos estables.
Fuiste llamado, escogido, Dios te aprueba, te ha dado su Espíritu Santo, ha puesto su gracia en ti, lo cual significa que tienes todas las de ganar. Sin embargo, es una garantía que vas a enfrentar desafíos grandísimos para ver el cumplimiento del propósito; solo la actitud correcta te permitirá llegar adonde estás destinado. Ama a Dios, guarda tu corazón, sueña, esfuérzate, sé valiente, sé prudente, sigue a Jesús y siempre serás un ganador.
Y recuerda: el mundo no tiene la autoridad para definirte.

5 Que no muera la pasión

Es fácil andar con el brinco al cielo cuando apenas se comienza, lo duro es mantener el mismo ánimo con el paso de los años.
Me inspira ver a algunas personas que luego de treinta años de duro trabajo se encuentran llenas de vigor, rebosan de sueños y siempre tienen la visión puesta en una meta. Recientemente escuché a Joyce Meyer y a su esposo hablar de su compromiso para terminar en victoria la obra que empezaron. Estos dos arduos trabajadores ya no son jóvenes pero comentan que se sienten mejor que cuando estaban en sus treintas. El gozo no ha disminuido, todo lo contrario, siguen soñando con alcanzar mejores cosas. Ellos dicen: “Hay tanto que hacer”, por tal razón cada vez buscan más áreas para servir y extender el ministerio que Dios les confió. ¡Es lindo ver eso!
Seguro hablan de esa forma porque la pasión dentro de su corazón todavía vive. Para tener éxito hay que tener pasión, para desempeñar una función con excelencia hay que estar apasionado por ello. La pasión es el combustible que nos empuja a perseguir el objetivo. Cuando su fuego está encendido solo vemos posibilidades, pero cuando se apaga todo se vuelve imposible y paramos de soñar. Luego que se ha perdido el entusiasmo es difícil mantenerse en la carrera e imposible llegar a la meta, ante el primer obstáculo viene el deseo de rendirse.
Todas las personas famosas y exitosas que admiramos, como deportistas, actores, empresarios, autores y artistas, llegaron a ser grandes no solo por sus habilidades, intelecto, el nombre de la universidad donde estudiaron, un apellido de mucho renombre o sus posibilidades económicas, son gente apasionada por lo que hacen, aman tanto su ocupación que ni lo consideran trabajo, es un deleite.
Aunque suena tan bonita la palabra pasión, y la usamos muy a menudo, es algo que muchos luchamos para desarrollar y es fácil de perder. Algunas causas pueden ser: la rutina, los continuos tropiezos, desengaños, los ataques de otras personas, trabajar duro sin ver resultados, y un gran etcétera.
Sean sueños ministeriales o seculares, como les quieras llamar, será imposible verlos concretarse si careces de pasión. Los sueños se hacen realidad con fe, integridad y, definitivamente, con pasión. Pensarás “¿y dónde se queda el esfuerzo, la diligencia y el trabajo duro…?”, bueno, estos no existirán donde no esté el entusiasmo.
 
No olvides el primer amor

“Sin embargo, tengo en tu contra que has abandonado tu primer amor”, dice Apocalipsis 2:4 (NVI) ¡Primero lo primero!
Tiempo atrás, comencé a sentirme un poco desganada, confusa, intranquila, sin saber porqué. Tenía muchas preguntas en mi mente y no hallaba respuesta a ninguna. Después de algunos días tratando de encontrar razones, llegué a la conclusión de que estaba perdiendo un poco de entusiasmo por el ministerio, por mi llamado, y estaba al borde de perder también la alegría de cantar. El día que me di cuenta lloré por horas como una bebé, me humillé ante mi Padre y Señor, me arrepentí por los pensamientos en cuanto a abandonar, pedí perdón y prometí que no lo haría. Indudablemente, mi amor por el propósito se esfumaba poco a poco gracias a mi agenda y a la poca atención al quien debe ser mi verdadero y único primer amor: Cristo.
Jamás, jamás, jamás, desde que tengo uso de razón, me ha pasado por la cabeza el apartarme de Dios, y es mi oración que nunca me suceda porque sería completamente miserable. Me volví loca por Cristo (en el buen sentido) y no pienso cambiar de opinión. Las cortas épocas de descuido han ocasionado crisis emocionales en mí; les llamo crisis porque no hay algo que me desgane más que no tener la apropiada devoción con mi Padre, siento que se me cae el mundo encima. Aunque tenga lo que necesite, siento que me falta todo… Es la realidad, si Él no es lo primero en nuestra agenda las cosas no funcionan igual.
Con el tiempo, fácilmente el compromiso al llamado puede convertirse solo en un trabajo y resultar en agotamiento y estrés. Por eso es de mucha importancia mantener nuestros ojos en Dios, con una vida espiritual saludable y así conservar el fuego vivo. Él es la fuente, el lugar de donde proviene la energía que necesitamos.
Para mantener la pasión por el llamado es necesario estar embriagados de amor por el que nos llamó y nos trajo aquí, de lo contrario, el propósito cambia. Si ya no hay pasión por Dios no habrá fuerzas para continuar la obra.
 
Para que el fuego arda es necesario estar enamorados
En las relaciones matrimoniales una minoría mantiene el compromiso si ha perdido el amor y la pasión por su pareja; después que eso se va no queda nada… Algunos dicen: “Es que ya el amor se agotó, fueron muchos años, tenía que pasar en algún momento”, como si el amor tuviera una fecha de vencimiento. En realidad esto pasa cuando hay un descuido de ambos… se envuelven en los afanes, las ocupaciones, la rutina, y olvidan que la relación es prioridad, que es un esfuerzo diario de pequeños actos y detalles que ayudan a mantener ardiendo esa llama que prendió cuando apenas se conocían y los llevó a jurarse amor eterno. Suena bonito pero es un desafío para muchas parejas mantenerlo.
Una de las cosas que más me deleita es recordar el día que conocí a David. Él siempre se ríe de mí porque muy a menudo, con cara derretida, le pregunto si recuerda tal o cual cosa de nuestra primera cita, qué sintió cuando me vio por primera vez, cómo se dio cuenta de que yo era la indicada, etcétera; definitivamente, son síntomas de una romántica empedernida. Recordar esos días me da tanta alegría y me hace valorar la libertad que tengo de vivir todos los días con el hombre que amo.
 
Recordar lo bueno hace bien
La misma actitud he tomado en los asuntos ministeriales. Sigo la recomendación del salmista cuando dijo: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2), Sin duda, hubo uno o varios momentos que nos marcaron y definieron el curso de nuestra vida, y por ello hoy estamos aquí. En lo personal, un momento determinante en mi vida, que he mencionado anteriormente, fue en mi adolescencia cuando recibí indicaciones de parte de Dios para aceptar el llamado al precioso ministerio que me encomendaba. Meditar en ello, me ha dado la fuerza para llegar donde estoy. Cada vez que me encuentro un poquito despistada o desanimada por alguna razón es importantísimo para mí recordar el amor, la gracia y la fidelidad de mi Señor que me han seguido desde ese primer día tan especial de mi vida.
Es refrescante y afirmante recordar constantemente las grandiosas aventuras que hemos experimentado con nuestro Señor, esto nos fortalece en todo tiempo y, a la vez, nos recuerda el motivo.
Si te encontraste con esta página y estás, precisamente, en un tiempo de confusión, de preguntas, si sientes que lo has dado todo y estás muy agotado(a) para continuar, te recomiendo te apartes a solas y empieces a recordar el día en que fuiste cautivado por el amor de tu Creador. Recuerda qué sentiste, qué tan lleno(a) de energía estabas, cuánto anhelabas servirle… Piensa en esos momentos y medita, de seguro encontrarás razones para seguir.
Perder la pasión es tan fácil como pasarse una luz en rojo. Las ocupaciones y preocupaciones de este mundo toman nuestra atención, nos distraen, y nos damos cuenta recién al sentir los síntomas.
Después de cierto tiempo, una se hace su propia fórmula, al parecer sabemos cómo funcionar, cómo hacer nuestro programa, cómo mover las emociones de la gente…; y envueltos en medio de nuestro pequeño mundo perdemos el sentido, la vida de lo que hacemos. Seguimos adelante, como si todo estuviera muy normal, actuando bajo el poder de los dones y no bajo los patrones de Dios. Luego, empezamos a frustrarnos y a preguntarnos: “¿Qué pasa?, me siento diferente, vacía, agotada, confusa, seca por dentro. La razón es la siguiente: lo que empezamos por indicaciones del Master se ha convertido en nuestro propio proyecto, nuestro espacio y a Él no le damos la participación que merece; ahora reinan nuestras ideas, nuestros conceptos o los de otros, y hemos dejado fuera al autor y dador de todo. Cuando hemos sido escogidos por Dios para una tarea específica es muy peligroso tratar de realizarla sin Él. Siempre que se intenta, el resultado es el mismo.
La buena noticia es que hay esperanza.
Si olvidaste el propósito, verifica si el amor por Dios todavía sigue ardiente y fresco
Si te encuentras en un lugar de sequedad tal vez debas volver a enamorarte de Jesús
Si no le encuentras sentido a lo que haces, regresa a enamorarte de Él
Dicen que la pasión, es la fuerza que empuja todo, y Él es esa fuerza que te impulsa
 
Se me ocurre decir
Salmistas: muchas veces uno dice palabras, interpreta lindas canciones y el mensaje pasa volando por la mente. Antes el significado era real en nuestra vida, pero con el tiempo ha dejado de serlo. ¡Mucho cuidado! No permitas que el llamado se convierta en un estorbo para mantener ardiente el fuego del amor por tu Creador. Primero se trata de Él. Somos siervos y representantes que cumplen con la tarea que Él nos asignó, y para hacer un buen trabajo tenemos que seguir sus patrones o nos perderemos en el camino.
Recuerda: ¡Primero lo primero!

Rodéate de gente apasionada

¿Conoces el dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres”? Cuando dos personas andan juntas por un período de tiempo una de las dos termina influenciando a la otra. Si los amigos con los que pasas tiempo es gente con pocos deseos de vivir, sin planes, desanimados, haraganes, quejumbrosos, negativos, entonces estás en problemas.
Por ejemplo, si una chica tiene problemas de sobrepeso y su deseo es perder esas libras de más, pero su mejor amiga es aquella rezagada que odia el ejercicio, que no toma agua, nunca ha practicado un deporte, su cena favorita es una pizza grande con una botella de soda y para postre un tarro de helado, mientras se recuesta cómodamente en el sofá a mirar películas deprimentes y ahí le agarra el sueño…, con ese cuadro está de más decir que no conseguirás el incentivo para perder peso.
Tenemos que eligir nuestro círculo de influencia para aprender y crecer, no para alimentar nuestras debilidades. No estoy aconsejando ser odiosos o aislarnos porque no conseguimos personas perfectas, nunca las encontraremos, pues nadie lo es. Si las personas con las que puedes relacionarte no tienen motivaciones en su vida, no necesariamente tienes que aislarte, toma esa oportunidad para ser de buena influencia.
No siempre puede encontrarse personas increíblemente apasionadas, positivas, con buenos hábitos, llenas de vida; a veces nos toca a nosotros ser la mayor fuerza de atracción para poner esa chispa que les hace falta. Eso no está mal, pero para lograrlo se necesita ser bien centrados y poco persuasibles o de lo contrario se volteará la hoja. Si sabes que titubeas y eres fácil de persuadir, no trates de envolverte en un círculo poco favorable para ti tratando de contagiar y cambiar a los demás, al final tú serás el influenciado.
Es increíble cómo puede alguien entusiasmarse por algo gracias a la pasión de otro. Recuerdo una amiga que no era muy devota a la lectura, era muy inteligente y si tenía que estudiar para algo lo hacía, pero no era el tipo de chica que se sentaba a leer un libro cada mes solo porque sí. Permanecíamos muchas horas de la semana juntas y a mí sí me gusta la lectura, al tiempo me di cuenta de que empezó a interesarse por mis libros, los tomaba de vez en cuando y leía uno que otro capítulo.
Nuestras personalidades son extremadamente diferentes, con gustos y entretenimientos totalmente opuestos. Ella era la chica audaz, ruidosa, extrovertida, y yo era la tranquila y reservada. Yo salía lo necesario, el resto del tiempo podía pasarlo en mi casa sin aburrirme en absoluto, a mi amiga eso la enfermaba. Muchas veces llegaba a mi departamento como una tormenta de verano y en alta voz decía: “No, no, no, Goodman hay que salir de aquí y hacer algo por la vida… ya es suficiente tanta mortandad”, buscaba las llaves de mi carro y me sacaba aunque fuera a dar vueltas.
Al principio le decía: “Eres muy inquieta, aprende a estar tranquila un rato, aprende a sentarte, a pensar y a meditar, eso también es bueno”, a lo cual ella respondía: “Ya medité bastante, ahora vamos para la calle, también hay tiempo para divertirse”. Creo que los argumentos que teníamos eran más divertidos que los mismos entretenimientos. Después del mismo drama siempre, poco a poco, ella se interesó más en la lectura, y ya se compraba sus libros. Yo me contagié de su personalidad relajada y despreocupada, me ayudó a tomar más tiempo para disfrutar. Gracias a Dios las influencias fueron positivas para las dos.
El círculo que te rodea es tan importante como los pensamientos que albergas. Leí en un libro que para aumentar la pasión es bueno rodearse de individuos que están apasionados por algo: un deporte, la plantación de árboles, la historia del mundo, las matemáticas, cualquier cosa, pero algo. No necesariamente tiene que ser alguien que quiere estudiar lo mismo que tú. El hecho de que esa persona tenga un motivo para levantarse con entusiasmo cada mañana, algo que arde en su corazón y corre por sus venas, ya es beneficioso. Te desafiará a buscar qué es lo que te mueve; su llama se encontrará con la pequeña chispa que arde pobremente dentro de ti y causará un fuego.
La pasión tiene su propia boca…, habla más que los títulos, hace más ruido que las palabras, representa más que las credenciales y da más credibilidad que un currículum. La preparación es importante y necesaria, igualmente lo es la pasión. Conozco gente preparada y estancada porque no tiene una gota de entusiasmo por lo que sabe. También conozco a otros que no tuvieron los recursos para prepararse, pero han desarrollado su entendimiento y logrado mucho por el amor y la gran pasión que los impulsa.
Al final de una presentación alguien me dijo: “Cuando cantas me haces creer cada palabra; por la pasión con que interpretas siento que de verdad crees todo lo que dices”. Sé muy bien que el fuego dentro de mí no lo pueden percibir porque yo lo diga o porque alcance altas notas en una canción, es algo real que llevo dentro y sale sin esfuerzo.
Mantén el sueño vivo
“Porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia”
(Romanos 5:3 NVI).
Para ver realizado tu sueño, tienes que ser perseverante. Para desarrollar la perseverancia tendrás que enfrentar dificultades. Es en medio de los enfrentamientos de la vida que tomamos la decisión de rendirnos o continuar creyendo. Cuando todo marcha como queremos no es necesario tener fe ni desarrollar la paciencia. Lo cierto es que cuando pasas por una larga prueba pareciera que Dios se ha olvidado de ti y nada ocurre; sin embargo, a través de la fe, es posible mantener la promesa viva, y si la promesa está viva tu sueño y tu pasión estarán vivos.
¿Que hay de ese sueño que Dios te mostró hace mucho, y han pasado los meses y los años y no has visto nada? ¿Te acuerdas de la promesa o ya la borraste?
Abraham esperaba por una promesa literalmente absurda de acuerdo a su realidad. Según Dios, sería padre de multitudes y su descendencia se multiplicaría como el polvo de la tierra (fíjate en Génesis 13:16), pero al hombre hacía rato que se le había pasado la andropausia, no se veía ni el más pequeño rayito de esperanza por esos lados. Dice la historia que su cuerpo estaba como muerto (me lo imagino, arrugadito, medio tembloroso… casi listo para “guindar los tenis” como dicen por ahí). Tenía casi cien años…
Y ni hablar de la esposa; doña Sara no daba tampoco ninguna señal de actividad, pasada de tiempo también y, sobre todo, estéril… A esas edades y con ese cuadro nadie está pensando en ampliar la familia, son tiempos de descanso, de reflexión y preparación del testamento para dejar todo listo. Pero leemos que Abraham:
No se debilitó en la fe al considerar su cuerpo (...) o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.
Romanos 4:19-21
¡Wow!
Y este hombre de fe no estaba errado. Sara, al contrario, cuando escuchó la propuesta del Señor se rió, como diciendo: “Oh sí, claro, por supuesto, a lo mejor en sueños, ¿acaso no te has enterado de mis limitaciones?”
Muchos de nosotros tenemos igual reacción después que el tiempo ha pasado y no estamos viendo nada. Andamos en tal desespero que olvidamos quién nos dio la promesa; medimos la veracidad del cumplimiento de acuerdo a nuestras circunstancias, no al Dios poderoso al que servimos. Nosotros nos limitamos por lo que vemos; si no está ocurriendo algo nos afligimos y desencantamos. Dios, en cambio, no necesita ver buenos pronósticos o circunstancias favorables para continuar adelante con el plan. Nuestro gran y admirable rey ya ha probado ser capaz de crear donde no hay nada. No hay imposibles para Él. Qué tranquilidad contar con un Dios real, fiel y poderoso.
Después de un largo período de espera Dios cumplió la promesa tal y como lo había prometido (fíjate en Génesis 21:1-2).
Aunque parezca ilógico, la clave para perseverar es confiar y, cuando llegue el deseo de soltar, depender del poder del Espíritu para que nos deje ver el panorama con una visión espiritual, y permitir que nuestras tribulaciones produzcan en nosotros el carácter que se requiere para caminar en el destino que Dios ya preparó.
Si Dios te hizo una promesa aférrate a ella con fe. Escríbela en tu corazón y también escríbela en papel…
Se me ocurre decir
Todas las bendiciones y promesas están reservadas para los que temen a Dios, los que le sirven de corazón, con integridad y guardan sus mandamientos. Revísate y asegúrate que tu vida esté alineada con lo que dice la Palabra. Si es así, no tienes que preocuparte. Activa tu fe y sigue aferrado(a) a ese sueño porque a su tiempo Dios lo cumplirá.

6 Empaca tus cosas vamos a otra parte

Recuerdo haber vivido en la misma casa por muchos años. Mis padres llegaron de otras ciudades a una comunidad donde no tenían familiares o conocidos. Como mi abuelo paterno había adquirido varias propiedades en el área, mi padre se convenció de comprar también allí. Los terrenos eran baratos, así que sin pensarlo dos veces y sin el completo agrado de mi mamá, mi papá decidió construir de inmediato. Al pasar el tiempo, poco a poco se dieron cuenta de que no era el lugar que deseaban; sin embargo, ahí permanecieron por muchos años, pues ya habían construido su casa.
A medida que crecíamos veíamos gente ir y venir, mudándose constantemente, a nosotros como jovencitos nos parecía una aventura y queríamos experimentar lo divertido de una mudanza. En una ocasión, mis hermanos y yo preguntamos a nuestros padres:
–¿Por qué nunca nos mudamos como ellos?
Mi papá respondió:
–Ellos se mudan porque no es su casa, pero esta es nuestra casa y no hay necesidad de mudarnos
Entonces pensé: “¡Oh no!, significa que aquí estaré por mucho tiempo”. Me propuse que cuando creciera y empezara a ganar mi propio dinero lo primero que haría sería mudarme; estaba lista para experimentar algo diferente. No tenía amigos cerca de mi casa, así que no había mucho que me atara, quería salir a un territorio nuevo. Gracias a Dios tuve una niñez considerablemente estable y no me asustaban los cambios, por ello esperaba que alguna mañana al levantarme mis padres dijeran: “Vamos a empacar porque hoy nos mudamos a otra ciudad”, pero eso nunca sucedió. A los veintiún años, recién cumplí con lo que me propuse en mi adolescencia.
En lo personal me gusta experimentar cosas nuevas, diferentes, pues es parte de crecer. Por ejemplo, cuando hago nuevos proyectos musicales me gusta tratar diferentes estilos. En mi casa, por lo menos una o dos veces al año cambio algo en la decoración, aunque sea mover de posición un retrato. Algunas veces mi esposo y yo llevamos el almuerzo de la mesa al parque y almorzamos al aire libre; si la temporada es muy calurosa estacionamos el vehículo y comemos en el parque dentro del carro. No me gusta mucho la costumbre o la rutina. A muchas personas, en cambio, no les agradan los cambios, se les dificulta adaptarse a nuevas cosas, a nuevos territorios. Lo que ya es conocido para ellos se vuelve su escondite seguro, la burbuja donde se sienten cómodos y a salvo.
Tener hábitos y tradiciones familiares es algo positivo, pero hacer cierta variación ocasional también brinda un aire diferente, trae un poco de frescura a lo común. Conozco personas que no comen si no es exactamente en la misma silla, del mismo lado de la mesa, ni un minuto más tarde ni uno más temprano, llevan su método todos los días…; para mi gusto es totalmente aburrido.
La costumbre puede convertirse en un enemigo de nuestro avance. Costumbre es sinónimo de rutina, tradición, algo que no cambia… Mucha comodidad y conformidad produce estancamiento. En esa condición, lo familiar, con lo que hemos vivido por largo rato, se vuelve tan parte de nuestra identidad que no cabe la idea de seguir adelante si algo dejara de funcionar de la misma forma. El hecho de dejar lo conocido por algo desconocido puede causar incertidumbre, ansiedad, estrés y hasta pánico.
Especialmente personas que vivieron una niñez traumática e inestable, luego que alcanzan cierto nivel de seguridad, la más minima señal de movimiento (la idea de volver a enfrentar lo mismo) les causa mucha inseguridad y miedo. Los que no sobrepasan ese temor pierden grandes oportunidades durante su vida. Es importante tener estructura, planes y organización pero también es vital tener la habilidad de asimilar cambios. Sin la habilidad de soltar lo conocido para abrazar lo desconocido, no hay progreso. Conozco gente tan estructurada en todas las áreas que necesita un programa hasta para disfrutar las vacaciones. Eso es agotador, si voy a tomar vacaciones significa que voy a disfrutar, no a seguir un manual; con mi agenda de trabajo anual es suficiente.
Toda persona que se prepara, que trabaja y se esfuerza constantemente, anda en busca de estabilidad, de seguridad, de establecer un sistema que pueda manejar, de un estilo de vida invariable que le dé sentido de realización, pero sobre todo que la haga sentir estable. Por ello tantos, después de tener toda su vida exactamente en el lugar deseado, caen en depresión y su mundo se les vuelve un desastre, porque una de las piezas de su rompecabezas se ha movido de posición. Por ejemplo, hay mujeres que se dedican enteramente al cuidado de los hijos, no sacan tiempo para ellas ni para su pareja, viven por y para esos hijos; cuando estos crecen y llega el momento de la independencia, para este tipo de madres lo que debería ser algo natural, un ciclo normal de la vida, se convierte en un episodio dramático. Simplemente sienten que le han cambiado el juego, piensan que están perdiendo control y todo su universo se estremece.
Es muy importante tener la capacidad de pasar de una etapa a otra con valentía, con expectativa, con alegría, con esperanza. Andamos de paseo en un mundo lleno de sorpresas y cambios, nada es perfecto ni permanente, todo es incierto… Sabiendo esto, ¿qué hacemos, nos quedamos estancados en una época, soñando con un ideal o viviendo una historia que ya debió terminar? Por supuesto que no, hay que avanzar de acuerdo a cómo cambia la vida y nuestras circunstancias. Los individuos que no tienen el coraje para empezar una nueva historia en sus vidas se estancan, ahí viven y no llegan al destino preparado para ellos.
Atrévete al cambio… Saborea lo nuevo.
 
No hay crecimiento sin cambio
 
¿Por qué a muchos no les gustan los cambios? Porque el cambio muchas veces trae consigo estrechamiento, incomodidad, inestabilidad, y en esa zona llena de incertidumbre se requiere mucha fe. Significa dar un paso al frente hacia un territorio desconocido creyendo que todo saldrá bien, confiando que lo que encontraremos de ese lado será aún mejor que lo que dejamos atrás. Sin ver siquiera una señal, sin una garantía, pero con una fe gigante que empuje a continuar cuando el panorama se vea difícil.
A cada quien le llegan esos momentos definitivos en esta vida, algunos deciden quedarse quietos en el mismo lugar donde están por miedo a lo que pueda venir si toman una decisión equivocada. También están aquellos que por encima del terror, con temblor en las rodillas, deciden levantarse y arriesgarse; yo prefiero ser de esos, ¿y tú de qué grupo quieres ser, de los cobardes o de los arriesgados?
Cuando te cuestiones: “¿Pero qué voy a hacer si salgo a la aventura y no encuentro nada?”, debes hacerte esta otra pregunta: “¿pero qué pasa si me quedo aquí a salvo y me pierdo algo grandioso?”
Si es tu anhelo crecer, tienes que prepararte para los cambios y atreverte a dar pasos de fe. Para llegar a un destino, a veces, es necesario tomar caminos desconocidos que nos llevarán a donde queremos llegar. En ocasiones, en esa nueva dirección que emprendemos, el paisaje nos parece extraño, raro, absurdo pero, si nos mantenemos en la misma ruta, al final nos damos cuenta de que desde el principio tuvo sentido.
Mi esposo y yo, al casarnos decidimos que al final de cada año nos sentaríamos a revisar las metas del año viejo y escribir las del año entrante. Así lo hemos venido haciendo durante casi cinco años de matrimonio, y ha sido de mucho beneficio en todos los aspectos. Siempre, al completar nuestra lista con las metas individuales de cada uno y las conjuntas, nos tomamos de la mano y oramos; luego, tomamos esas metas las imprimimos y colocamos en las áreas que más frecuentamos para tenerlas pendientes y orar regularmente por ellas.
En el año 2007, mientras hacíamos planes para el año próximo, propusimos que definitivamente no pasaría un año más sin que estableciéramos mi banda de músicos oficial; era algo que venía pidiéndole a Dios por mucho tiempo. No quería elegir a la ligera, deseaba conseguir músicos comprometidos con Dios y, sin duda, excelentes para tocar en vivo. Desde los primeros meses del 2008 comenzamos a sentir una sensación de cambio, estuvimos orando por dirección y, efectivamente, Dios nos quería mover a otro Estado. Solo pensarlo nos daba nostalgia pues en Los Ángeles estábamos felices, teníamos nuestras amistades, una gran iglesia donde servíamos y la gente nos amaba, amábamos a nuestros pastores y todo era maravilloso. Pero había que moverse.
Obedientemente comenzamos a pensar en los posibles lugares y a planificar la movida. Luego de estudiar algunas posibilidades y orar, supimos que debíamos movernos a Dallas, Texas. En el momento pensé: “Bueno, tal vez será conveniente porque allí está la familia de mi marido y también porque es uno de los mejores lugares para vivir si eres alguien que viaja constantemente, no me pasó por la mente nada más.
En el verano de ese mismo año nos mudamos a trece minutos del aeropuerto principal de la ciudad, el DFW. Todo muy bien, encantados del lugar, los familiares de mi esposo felices porque ya no estábamos más a la distancia de un vuelo de tres horas para vernos, ahora vivíamos en la misma ciudad. De inmediato empezó la búsqueda de una nueva congregación y, luego de varios meses, encontramos Gateway Church, la maravillosa iglesia a la que pertenecemos ahora.
Seguíamos pendientes de la meta de formar la banda pero sin desesperación. Seguía haciendo giras de conciertos con diferentes músicos, lo cual en ocasiones resultaba incómodo, pues cuando te estás adaptando y las cosas fluyen bien en un evento con ese grupo, el próximo evento tocarán otros y, aunque soy muy versátil y puedo manejarme bien y adaptarme a muchos estilos, no se puede ministrar con la misma comunión y que todos vayamos en la misma dirección. No era el simple hecho de tener una banda, sino de andar con personas que entendieran mi corazón al subirme a un escenario y pudieran fluir conmigo. Llegué a tocar con individuos que su interés principal era viajar a lugares diferentes, anhelaban ser vistos y no exactamente honrar a Dios con sus talentos y bendecir al público…; su espíritu chocaba con el mío. No era la situación ideal.
Quien es ahora el pianista y director de la banda que me acompaña, Roberto Martínez, para ese tiempo era casi un desconocido para mí, sin embargo, él empezó a sentir en su corazón el deseo de formar parte de mi ministerio. Me vio cantar en una gran cruzada, que realizaba con el Dr. Franklin Graham en el país de Ecuador, y sintió una conexión especial con nuestro ministerio. Trató de hacer contacto varias veces con nosotros y no le fue posible; después de otro intento consiguió nuestros datos por medio de uno de mis ingenieros de sonido, habló con mi esposo y nos compartió su sentir. No decidimos nada en el momento, acordamos orar por ello, al igual que él junto a su esposa, por su lado, continuarían buscando dirección. Finalmente, cuando tuvimos paz y todo estaba en orden se comprometió con nosotros.
Bueno, ya teníamos al pianista y director, pero faltaba el resto. ¿De dónde los sacaríamos? Pasadas algunas semanas, ya como director oficial, le dimos luz verde a Roberto para que nos ayudara a completar el equipo. Él conocía varios músicos muy talentosos y con una trayectoria increíble pero en la industria de la música en inglés. Le comentó al bajista Christopher Houghton acerca del ministerio, él era un norteamericano involucrado con la música en inglés toda su vida, no tenía idea de quién era Lilly Goodman, pero escuchó mi música y sin pensarlo dijo “sí”. De igual forma el baterista, Marvin McQuitty, quien sin entender una palabra en español experimentó algo especial al escuchar una de mis canciones. Conseguimos el guitarrista, David Cruz, y así se formó la banda de músicos por la que oré tanto. Más rápido de lo que esperaba.
Por cuestiones de ensayos, y todo lo demás, me interesaba saber dónde estaban localizados estos músicos, así que pregunté dónde vivía cada uno y, para mi sorpresa, todos estábamos en Texas, a excepción del guitarrista que es de New York. Bastante conveniente.
A lo mejor si me hubiera acomodado a lo que ya estaba acostumbrada en Los Ángeles, probablemente todavía estaría orando por músicos, quizás creyendo que Dios se estaba tardando y sin entender que a mí era a quien le tocaba dar un paso de fe.
Son tantas las diferentes formas en que Dios responde a nuestras peticiones, a su estilo no al nuestro y en su tiempo. Muchas veces tenemos que ser movidos del área con la que nos familiarizamos para poder recibir las bendiciones que están listas para nosotros. Puedo decir con certeza, siempre que Dios te mueve a un nuevo territorio es porque va a empezar un nuevo capítulo de tu historia.
 
Se me ocurre decir
Solo asegúrate de conocer bien tus emociones para saber cuándo Dios te está hablando y cuándo es tu mente.
 
Lista para una nueva temporada
Entrando la primavera del 2010 comencé a sentir dentro de mí que se acercaba un cambio, por algunos días no tenía idea de lo que podía ser, así que me puse a conversar con Dios para que me mostrara de qué se trataba. Después de algunas semanas todo seguía igual en mi interior, era una sensación de expectativa, de algo nuevo. Dado que no podía ver claramente lo que se acercaba, empecé a buscar en mi mente diferentes posibilidades; esto no ayudó en nada, al contrario, me puse un poco ansiosa. Para el mes de abril ya estaba desesperada por salir de la incertidumbre. En esos días, en la congregación a la que pertenezco, estaban celebrando la conferencia anual para mujeres, era mi primer año que asistía a la conferencia y estaba bien entusiasmada. Invité a mi mamá y otra amiga y nos fuimos. Recuerdo mi conversación en el carro camino al evento la primera noche: “Dios, yo no voy a salir de esa conferencia sin escuchar tu voz, necesito que me digas claramente lo que deseas que haga en este tiempo, estoy dispuesta a hacer lo que quieras pero tienes que decirme qué hacer o no me voy a mover”.
Pasaron dos días preciosos, y ya se acercaba la culminación. En la mañana del último día me levanté recordándole al Señor que no se olvidara de mi petición, ese día de cierre fue espectacular. Desde la primera sesión de la mañana Dios estaba tratando con las mujeres de una forma especial. Ya para la tarde, luego de varios pozos de lágrimas a los pies de Jesús, comencé a sentir una paz inexplicable… Y Dios me dio esta palabra: “voy a darte claridad… Esta semana voy a abrir tus ojos de una forma como nunca antes para que veas lo que te he querido mostrar”. Se terminó todo y estaba feliz por la respuesta, ¡nada me da tanta tranquilidad como escuchar la voz de mi dueño!
Días más adelante empezaron los flechazos en mi mente, con un poco más de claridad empecé a entender de qué se trataba. Dios me estaba pidiendo salir de mi zona de comodidad y empezar algo nuevo. Después de casi ocho años trabajando junto con la única disquera a la que decidí pertenecer en diez años de carrera, ahora tenía que salir. La salida no significaba ninguna complicación, no estaba atada con un contrato que tuviera que cumplir hasta cierto tiempo, gracias a Dios el acuerdo me daba la libertad de salir en el momento que lo deseara sin ningún inconveniente, lo cual me hacía sentir tranquila; pude haber durado cinco años u ocho meses si esa hubiese sido mi decisión. La situación que me hacía pensarlo en el momento era mi palabra, ya que en el mes de marzo me había reunido con Jesús Adrián y otros encargados para acordar la grabación de un proyecto que yo anhelaba hacer desde hacía mucho tiempo y que también el público pedía bastante: la grabación de un concierto en vivo de Lilly Goodman. Perfecto, todo estaba arreglado, andábamos bien contentos con la idea, y ahora yo tenía que faltar a mi palabra. Era como, “¡Uf Dios, ¿no te pudiste idear esto antes?!” Continué adelante haciéndome la sorda y ciega… Por un momento pensé: “tal vez lo que Dios quiere que haga es que cumpla con este proyecto y luego renuncie el próximo año”.
De nuestro lado, mi esposo y yo seguíamos haciendo la parte que nos correspondía para la preparación del DVD que debía grabarse en agosto del mismo año. Pensábamos que todo iba de acuerdo al plan, sin embargo, las personas que pusieron a cargo del proyecto del lado de la disquera no estaban haciendo nada en lo absoluto para que se hiciera realidad, lo habían puesto a un lado y yo no estaba enterada de esa situación, estaba completamente confiada creyendo que todo estaba en orden. Quería ser responsable y hacer el proyecto en el tiempo que yo misma sugerí que se grabara, y por eso guardé para mí lo que venía sintiendo de parte de Dios.
En medio de todo eso una noche, en mayo del 2010, me preparaba para dormir, puse la alarma de mi celular para despertarme en la mañana, entré en mi cama, apagué la lámpara al lado de la cama y, precisamente en ese instante, escuché la voz de Dios decirme: “Vuélvete a levantar, quiero conversar contigo”. Obedientemente salí de la cama, tome mi Biblia, una libreta y un lápiz y me senté a escuchar con atención. Esa noche recibí las instrucciones que necesitaba. Claramente me dijo: “Es tiempo de salir, la etapa ha terminado, tengo otros planes contigo...”, y lo que movió mi interior fuertemente fue cuando añadió: “Lo que he puesto en tus manos es tu responsabilidad y debes protegerlo con un instinto de madre”. Al escuchar eso me puse de pie, tomé mi computadora y escribí un correo a mi marido para que lo viera cuando se levantara en la mañana; me daba pena despertarlo a tan altas horas de la noche para contarle, pero me aseguré que fuera lo primero que viera al levantarse.
Me causa gracia recordar la reacción de él cuando vio mi correo a la mañana siguiente, eran como las 8:00, yo dormía tranquilamente y él vino a despertarme con una cara confusa: “¿Que estamos saliendo de dónde?, ¿y por qué hoy?, ¿y qué de nuestra palabra? ¿No podemos cumplir con el proyecto pendiente y después salir?” Me imagino que creyó que estaba delirando, pero me dijo: “Aunque estoy bastante sorprendido de que este sea el momento, también creo que Dios te habla y te apoyaré, puedes preparar tu carta de renuncia y tenerla lista, pero hagamos algo antes de que la entregues. Quiero que oremos para que hoy, de alguna forma, Dios nos confirme con algo que venga de parte de la disquera que este es el paso correcto en este preciso momento.
Impresionantemente esa tarde recibimos un correo de parte de uno de los encargados de darle seguimiento al proyecto pendiente, y en su comunicación –que no fue nada amable– estaba cambiando todo lo acordado, básicamente no tenía sentido lo que proponía (me parece a mí que ni cuenta se dio de lo que escribía). Dios solo quería dejarnos ver que no estaba equivocada, la voz que me habló fue la suya. Sin nada más que pensar ni hablar envié mi carta de renuncia esa misma tarde y de inmediato sentí alivio.
 
Se me ocurre decir
Quizás estás leyendo esto y piensas: “¡Uy!, qué espirituales, cuánto drama, qué tedioso, cuánto orar y preguntar”. Bueno, bienvenido al reino de Dios, así deben ser las cosas aquí, no nos guiamos por nuestro propio criterio. Si anhelamos hacer las cosas bien y que su propósito se cumpla, hay que dejarse guiar para todo, porque Él sabe más. Es mejor esperar por su indicación que dar pasos alocadamente y seguir cometiendo errores una y otra vez.
Es de gran importancia saber si debemos estar en el lugar donde nos encontramos o nuestro tiempo ha culminado. Aunque sean personas buenas, que amamos y nos hayamos llevado bien por años, las cosas dejan de funcionar cuando nos quedamos atados a un capítulo que debe terminar. Es como un producto comestible cuando llega a su fecha de vencimiento, sigue siendo el mismo producto, la misma marca, los ingredientes son los mismos pero, después que expira, deja de funcionar y es dañino para el organismo.
A lo mejor te encuentres en ese cruce o trayecto entre una etapa vieja, que fue maravillosa, y una que está apunto de comenzar, y ni te has dado cuenta. De repente no entiendes el porqué de las incomodidades, las nuevas diferencias con tu jefe, o que ya no sientes gozo en tu corazón, estás estancado en la misma esquina de hace quince años y no tienes paz…
Amigo(a), es probable que te encuentres atado a un capítulo que ha culminado para ti. Si es tu situación apártate unos días a solas con Dios y pídele que te muestre lo que debes hacer. Entiendo que no es fácil decir adiós a algo que es parte de ti, pero créeme, muchas veces las promociones requieren que salgas a otro territorio extraño, donde no conoces a nadie más que a tu perro, pero si estás dispuesto(a) al cambio tal vez te dirijas hacia la oportunidad de tu vida.
Para mí quizás muchas cosas todavía son inciertas acerca de lo que pasará a partir de ahora, pero estoy más feliz que nunca y disfrutando la aventura de caminar despreocupada en los brazos de mi dueño.
 
¿Un cambio de espacio o un cambio de vida?

Tengo una amiga muy inteligente, profesional, elegante, con mucha experiencia en su área de trabajo. Durante largos años estuvo esperando por el hombre de su vida y éste no llegaba. Los que la conocemos pensábamos: “Qué tontos estos hombres que están a su alrededor y no le echan el ojo”. Ella vivía en la misma ciudad donde nació, todos sus amigos y familia estaban en el área, tenía un trabajo excelente y asistía a una congregación maravillosa donde era una pieza importante… El panorama era ideal. Un día le llegó una oferta de trabajo espectacular que la pondría en una mejor posición económica de la que ya se encontraba y también le daría la oportunidad de salir a una ciudad más grande, y quién sabe a lo mejor allá encontraría su media naranja.
Totalmente asombrada con la oferta decidió que se daría la oportunidad de probar. Tuvo su entrevista y parecía el trabajo soñado, entonces mi amiga optó por consultarle a Dios antes de tomar su decisión definitiva. Y ¡¿qué creen?! La respuesta fue para caerse de espaldas, en lugar de la flamante nueva vida, Dios le tenía una brillante proposición, moverse a un lugar donde no conocía a nadie, sin saber dónde iba a vivir, sin una idea de dónde encontrar trabajo, sin familia ni amigos. Por supuesto ella se quejó, y la respuesta del Señor fue: “¿Quieres un cambio de espacio o un cambio de vida?”, y ella optó por el cambio de vida. En resumen, fue obediente y en fe se atrevió al cambio. En menos de seis meses, en esa ciudad desconocida, sin muchas conexiones, después de algunas noches de soledad y tristeza, conoció el hombre de su vida y está feliz. Tiene trabajo y una nueva congregación donde puede servir.
Para mi amiga, el recibir su bendición le implicó un cambio drástico.
Muchas veces no podemos ver lo que nos perdemos al seguir atados a un tiempo que ya acabó. Lo familiar y cómodo nos hace sentir a salvo y nos ciega a un porvenir más prometedor. Siempre que Dios nos mueve de un lado es por nuestro bien. Nos está librando de cosas o quizás rescatándonos de la situación en que estamos metidos o, simplemente, para llevarnos a un mejor lugar. Su camino siempre conduce a ganancia, nunca a pérdida. Solo hay que tener en claro que escuchamos la voz de Dios y no la voz de las emociones o de un profeta mal informado. Así como es peligroso quedarse en donde ya no debemos estar, igual lo es moverse cuando todavía es tiempo de quedarse. Para saber tomar decisiones de este tipo se requiere mucha madurez, seguridad y valor, que provienen de una relación especial con el Espíritu Santo.

7 ¿Cuándo llegará mi turno?

En el tiempo perfecto

Mi versículo favorito se encuentra en Proverbios 16:3 “Pon en manos del Señor todas tus obras y tus proyectos se cumplirán”. Me gusta porque es bien cierto que todo lo que depositamos en sus manos, aunque sea pequeño, poco o insignificante, se multiplica. Para prueba podemos leer cuando los discípulos de Jesús no entendieron por qué les mandó a alimentar a la multitud, en vez de despedirlos y que se fueran a comer a sus casas, si ellos no contaban con la cantidad de alimentos suficientes. Sin embargo, él no esperaba que sus discípulos se mandaran corriendo a comprar comida en otra ciudad ni causar un drama de la situación, les quería demostrar los milagros extraordinarios que haría con los pocos recursos que había en sus manos (cinco panes y dos peces).
Nuestro futuro está muy bien asegurado en Dios, mucho mejor que en nuestras manos. La vida puesta en sus manos produce grandes frutos. Entonces, ¿por qué preocuparse? Nuestra responsabilidad es hacer la parte que nos toca, entregarle a su servicio todos los talentos que hemos recibido y dejar que Él haga su parte.
El salmista David dijo: “En tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15). Es decir, no me preocupo, a ti te confío mi presente y mi porvenir.
Muchas personas andan desesperadas y turbadas porque no han aprendido a confiar en el tiempo perfecto de Dios. Esto pasa cuando el reloj está adelantado y nos movemos de acuerdo a nuestros caprichos y emociones. Aun Jesús esperó su momento para comenzar su ministerio. Vemos en Juan 7:3-6 que los mismos hermanos de Jesús lo presionaron a que se diera a conocer al mundo, y su respuesta fue muy clara: “Mi tiempo aún no ha llegado”. Jesús reconocía que debía esperar por el sí de su Padre, cuánto más nosotros. Si el Hijo de Dios, perfecto, enviado del cielo, sin errores, tuvo primero que pasar unos días en el calor del desierto, ¿qué nos hace pensar que debe ser lo contrario en nuestro caso?
 
Dios es un Dios de procesos, esa es su forma de trabajo

Cuando comencé a realizar presentaciones especiales sin tener un disco, muchas personas se emocionaban al ver la aceptación del público y, con muy buenas intenciones, querían empujarme a hacer lo que fuera para salir al estrellato lo más pronto posible. En ese entonces no tenía la madurez para pensar que, por encima de la algarabía de la gente, era el momento de mi proceso y entrenamiento para lo que vendría, solo sabía que tenía que esperar; un sentir más profundo en mi ser me hacía entender que el tiempo de actuar no había llegado. Personas que anhelaban con ansias verme brillar en el mundo y volar alto de inmediato, me llegaron a decir: “Apúrate o se te pasará tu tiempo”, y yo por dentro pensaba “¿de qué están hablando?, apenas tengo diecisiete años, tengo tiempo”. Era como que Dios, por medio de su paz, me decía: “Tranquila, tu tiempo está en mis manos”. Cuando llegó el momento de trabajar para que se realizara ese gran sueño de Dios, Él mismo puso ese fervor en mi amigo Juan Carlos, que escribió mi primera canción promocional, y me dio paz para aceptar y decidirme a grabar. Mi momento había llegado y nada lo impidió, ni la falta de recursos, ni la poca experiencia, ni mi espera.
Cuando Dios te tiene en proceso preparándote para algo, no tienes que preocuparte por reservar el espacio, nadie se adueñará de ese lugar hasta que estés listo. Si, por presión de los demás o por asegurarte de salir al aire antes de que venga otro y se haga famoso primero que tú, te aceleras y no esperas el Ok del Master, no tendrás éxito aunque sea haciendo lo que se te ha llamado a hacer; simplemente porque todavía es el tiempo de continuar creciendo y madurando arriba en el árbol y no estas listo para ser bajado.
Una talentosa mujer, con muy buena voz, me habló después de un concierto y casi con lágrimas en sus ojos me dijo:
–Lilly, ¿cómo haz hecho?, yo tengo tantos años tratando de sacar un disco, y ya estoy desesperada. Quiero grabar mi disco. ¿Hay algo que deba hacer?, dime una palabra.
Mi respuesta tal vez no fue muy tranquilizante, pero le dije:
–Espera en el Señor, su tiempo para ti es perfecto”.
Dios venía trabajando en su vida por varios años, pero ella seguía reprobando los mismos exámenes, y le tomó más tiempo a Dios cumplir su promesa. Créeme, su amor hacia nosotros es tan grande y especial, que Él prepara nuestro plan con instrucciones cuidadosas y delicadamente para que todo sea perfecto. En otras palabras, Él nos ama tanto que no nos pone al frente de una responsabilidad hasta darnos el entrenamiento necesario.
Por gracia somos escogidos para una tarea, pero primero tenemos que ser preparados antes de ser exhibidos al mundo.
 El hecho de que alguien te dé una palabra de parte de Dios diciendo que serás un cantante famoso en todo el globo, no significa que debas correr al otro día y dejar la escuela o decirle a tu jefe que renuncias porque vas a viajar por toda Latinoamérica, que descuides las responsabilidades en tu congregación o vendas tu carro para grabar un CD. ¡No, no, no! Los asuntos en el reino no funcionan a la ligera… Me da pesar cuando veo algunas personas que toman decisiones con tanta premura. Entiendo que hay que ser diligentes, intencionales y aprovechar las oportunidades, pero también hay que hacer uso de la sabiduría.
A veces, cuando la gente mira a los ministros que han logrado ocupar un espacio especial en el reino, piensan que en un pestañar surgió todo, y no es así, cada uno individualmente tuvo que pasar sus añitos de anonimato, esforzándose, trabajando duro, esperando, aprendiendo; algunos intentando varias veces sin ver ningún resultado, pero siguiendo adelante. Sería anormal si no fuera así. Es más, en la Biblia podemos ver muchos hombres y mujeres con un gran llamado, a los que el proceso de preparación les duró décadas, pero cuando les llegó su momento nada pudo parar el fluir del favor de Dios.
La congregación donde yo crecí y dirigía la alabanza tenía aproximadamente ochenta personas que no asistían todas al mismo tiempo, en algunos servicios llegaban cuarenta y cinco o cincuenta, y esa era mi plataforma. A parte de dirigir la alabanza me involucré en toda clase de programas y eventos, desde recaudar fondos para la construcción de un nuevo templo hasta vestirme de payaso en un verano durante toda una semana, para enseñar y entretener a los niños. Ya sabía de mi llamado a ministrar al mundo con mi música pero no tenía prisa.
Crecer toma tiempo. Nadie planta un árbol y al día siguiente recoge frutos. Sin las fases de crecimiento no hay ningún desarrollo. No hay manera de que nos saltemos esa parte que en muchas ocasiones suele ser dolorosa y sofocante; se puede intentar pero solo hará el proceso más lento, más doloroso y extenso. Cuando corremos de lo inevitable, entonces hay que volver a empezar en el mismo lugar donde comenzamos. Es difícil, especialmente para aquellos que arden de pasión por dentro y tienen una visión muy amplia, la fuerza del llamado es tan abrumadora que llegan a pensar que no podrán resistir la espera ni un día más, pero vale la pena, solo un poquito más y te ahorrarás una inmensa frustración.
Es necesario pasar todos los exámenes. En el reino de Dios no es como en la escuela que si no se alcanza el puntaje suficiente se pierde la materia; en los exámenes divinos no existe reprobar, si no apruebas la asignatura, la sigues tomando hasta que la pases. ¡Jum, eso no suena muy atractivo!
Cuando estaba en la escuela me esforzaba para no reprobar mis exámenes, me daba un sentido de satisfacción cada vez que recibía los resultados y decía “Muy bueno”, “A” o simplemente “100”. No solo quería pasar de curso, sino que sabía que mis maestros esperaban mucho de mí y deseaba que tanto ellos como mis parientes se sintieran orgullosos. En cuanto a los asuntos de Dios tengo la misma motivación, me gusta esforzarme al máximo para aprobar mis pruebas, no quiero tener que pasar la vida tomando el mismo examen y que mi Padre no se agrade de mí.
 
Sé tú mismo
Cada producto que sale a la venta tiene un sello o una marca que lo identifica y todo el mundo sabe de qué se trata y lo que es; de igual forma pasa contigo, todo lo que hagas debe llevar tu sello. Dios no te creó para que seas alguien más, sino para que seas tú.
La imitación produce ceguera, nos impide ver lo que somos capaces de hacer con nuestras habilidades naturales y, por supuesto, nos estanca. Cuando no somos originales no podemos causar ningún impacto. Primero, porque no fuimos creados para ser una copia. Segundo, porque lo que hacemos lleva el sello de otros y no nos identifica. Y tercero, Dios no va a promocionar un producto falso (pirateado).
En este siglo es un desafío mantener la originalidad, es tanta la variedad, la cantidad de talentos, tantos referentes, como dicen algunos, ya todo está creado, no hay nada más que inventar, aun así se debe tratar de ser creativos y diferentes.
Tengo que decir que existen personas que se vuelven imitadoras de las actitudes de otros, no porque así lo dispusieron, sino que dejan de ser ellas mismas debido a las críticas, la desaprobación y las comparaciones. Se dejan llevar por sus emociones, esto afecta su autoestima y, entonces, empiezan a querer ser lo que no son, lo que los demás desean, solo buscando ser aceptados. Eso es amenazante. Gracias a este tipo de decisiones hay gente que nunca desarrolla su potencial ni llega a su destino. Cambian su forma de ser, de reír, de actuar, pierden la identidad y, al estar en ese círculo, no pueden avanzar, se estancan.
En días pasados estuve viendo una competencia de canto, y una de mis concursantes favoritas era una adolescente con una gracia especial, una chica con mucha energía y una voz espectacular. De una vez la visualicé como ganadora del concurso; sin embargo, después de unos días comencé a notar que la muchacha ya no brillaba como antes, se veía muy insegura en sus ojos, apagada, hasta un poco incoherente en sus respuestas y, cuando cantaba, ya no cautivaba al público. Le preguntaron qué le estaba pasando, pues todos tenían sus ojos en ella como la posible ganadora pero la notaban retrocediendo a medida que avanzaba la competencia. Su respuesta me quedó grabada, porque dijo que algunas personas la empezaron a criticar por su forma de ser tan extrovertida, por su carisma, su risa ruidosa; que eso la hirió mucho y estaba tratando de ser diferente para que no hablaran más de ella. Lo terrible de todo eso no fue que la criticaron, sino cómo ella permitió que le afectara de tal modo que dejó de dar lo mejor de ella. Sin duda era muy talentosa, pero ya ni se notaba, su voz sonaba debilucha, inestable, cuando originalmente su voz era firme y cautivante.
La actitud que tomamos ante las adversidades es vital para tener éxito. Cada vez que una persona permite que la boca de otros la controlen está retrocediendo un paso del destino que Dios le ha preparado. Él puso en cada uno las cualidades necesarias para que sus propósitos se cumplan, y no es su intención ayudarnos a ser alguien diferente de como nos hizo. Él te creó con intención, no por casualidad eres como eres. Tal vez todavía no sabes cómo será beneficioso, pero créeme que es parte del plan.
Nunca trates de ser lo que no eres, la transparencia y la originalidad te ayudarán a llegar lejos.
 
Cuando lleguen las oportunidades aprovéchalas y adminítralas bien
Conozco un caballero con un don especial para hablar, bien inteligente y preparado. Por meses esta persona no ha parado de recibir invitaciones a dar talleres, algunas conferencias, al mismo tiempo que sigue su trabajo de enseñanza en una institución. Todo esto ha pasado porque algunos comentaron a sus amigos lo increíble de sus enseñanzas y se corrió la voz.
Mientras él y su esposa me contaban las cosas buenas que a él le estaban pasando, lo imaginé enseñando a una gran multitud, y se me ocurrió preguntarle si pensaba que Dios estaba abriéndole esas puertas y qué haría si continuaba su nombre expandiéndose prácticamente sin esfuerzo para hablar a una mayor cantidad de personas. Inmediatamente la esposa interrumpió y dijo:
–Estamos convencidos de que él solo debe ministrar a pequeños grupos de jóvenes locales, nada más.
–Pero quién sabe, oren y pregunten a Dios, pues tal vez Él está detrás de todo esto… ¿Simplemente seguirás diciendo “no”? –Les insistí.
Una vez más la esposa no le permitió contestar y dijo:
–No, no queremos que él se ocupe mucho, sus responsabilidades son primero con su familia.
Enseguida paré mi entusiasmo.
Me parece excelente que se cuide la familia, es nuestra prioridad pero, cuando las oportunidades llegan sin estar pujando y persiguiendo, es necesario detenerse a preguntarle a Dios si Él está detrás de todo eso. Si es parte de su plan Él se encarga de poner todo en su lugar para que atiendas al llamado. Una misma oportunidad tal vez no llegue dos veces, por tal razón hay que ser diligentes y aprovecharla. Si tienes lo necesario pero no estás dispuesto, otro que sí lo esté tomará tu lugar.
Al que mucho se le ha entregado mucho se le demandará. Dios da los talentos, pone su gracia, abre las puertas, pero es nuestra responsabilidad administrar bien lo que nos confía. La misma Biblia muestra que el reino de lo cielos solamente lo conquista gente valiente, agresiva, con mucha determinación, diligente.
Pienso en la reina Ester, una de las chicas más seguras, que con mucha valentía y atrevimiento se lanzó a caminar hacia el patio de la casa del rey sin este haberla solicitado. Si no lo hubiese hecho en su oportunidad a lo mejor le hubiera tomado mucho más tiempo conseguir la ayuda para el pueblo. Hay momentos para estar quietos, hay momentos para actuar, hay momentos para estar callados y también hay momentos para romper el silencio.
¡No dejes pasar la oportunidad, anímate, sacúdete, usa la sabiduría… y aprende a distinguir los tiempos!
 
Cuando el favor se desparrama ¡no hay vasijas suficientes para contenerlo!
“Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra”
(Josué 6:27).
Cuando Dios está en lo que haces, la fama te persigue, no tienes que perseguirla. Porque Dios estaba con Josué, su nombre se dio a conocer. Parece que en estos tiempos ha cambiado mucho el juego. El hacernos famosos es nuestra responsabilidad y nuestra mayor preocupación.
Cuando comencé con la música hacíamos nuestro trabajo con entusiasmo, con pasión y la mayor excelencia posible a nuestro alcance, el afán del nombre y el reconocimiento se lo dejábamos al Espíritu Santo. Para estos tiempos, que se han vuelto de sobrevivencia y mucha competencia, hay unos cuantos que no tienen la paciencia para esperar y buscan sus propios beneficios, hacen lo que les convenga… No tocan puertas, las empujan, la mentalidad es: “tengo que estar ahí y punto”. Para recibir un premio, ahora hay que hacer tantas cosas y tener la simpatía de los que están al mando. Aunque seas un desconocido si tienes una buena conexión o le quitas el polvo a los de arriba está hecho… Pocas personas en estos días ganan un premio porque de veras el público lo decide. No hablamos de estas cosas, pero es la realidad.
¿Hasta dónde vamos a llegar? Tenemos muy pendiente lo que perseguimos y nos olvidamos del por qué lo hacemos (la causa). He escuchado a cantantes que dicen: “Es que el nombre de Jesús tiene que ser conocido por toda la Tierra”, pero en realidad el verdadero interés es que el nombre de ellos se conozca usando el nombre de Jesús. Son dos cosas diferentes, no nos engañemos.
El favor de Dios se desparrama cuando alguien llega a cierta posición privilegiada gracias a una intervención sobrenatural del cielo, y casi siempre cuando los pronósticos humanos no eran los mejores para que algo así ocurriera. ¿Se acuerdan de algunos salmistas de antaño?, sus grabaciones sonaban hasta desafinadas, no tenían gran voz, sin embargo, lo que ha ocurrido con ellos es admirable, eso es favor.
Siempre pienso en el primer álbum que grabé. Mi amigo Juan Carlos Rodríguez tenía solo diecisiete años cuando empezó todo, era un verdadero principiante, no tenía buenos equipos, no contábamos con el dinero requerido para hacer un disco con muy buena calidad. Otro chico de nuestro grupito de amigos, llamado Snyder, en esos días estaba instalando un pequeño estudio al cual le faltaban equipos, y allí hacíamos las grabaciones. Recuerdo que algunos sonidos electrónicos en algunas canciones no fueron exactamente “electrónicos”, todo lo que se le cruzaba a Juan Carlos por el medio lo usaba como un sonido. Es un productor muy creativo y no se limita por cualquier cosa. No sé si estoy sacando los trapitos al sol con lo que voy a decir, pero una vez nos faltaba un sonido específico para una canción, y JC tomó algo que tenía en la mano y comenzó a arrastrarlo en la pared, al compás de la música que sonaba previamente grabada en la pequeña consola. Siguió raspando la pared, tomó un micrófono y así consiguió grabar el sonido que no tenía. Sonó bien y nadie se dio cuenta. Pero no les diré qué canción para que no vayan a curiosear.
Después de varios demos grabados en un período de un año o más, por fin salió el disco completo; sin un equipo de trabajo que estratégicamente colocara el producto y le diera la promoción necesaria. Con todo eso, no entendí cómo mi nombre se fue dando a conocer a una velocidad sorprendente. Sin darme cuenta ya sabían de mí en tantos lugares que ni siquiera había visitado, me daba risa escuchar que tenía muchos fans en países como Colombia, el Salvador, Venezuela, Puerto Rico, Panamá, Guatemala, Nicaragua, EE.UU., y como no tenía una página de Internet todas esas noticias me llegaban por boca de otras personas, cartas, publicaciones en revistas y algunas radios. Parecía que no paraba de recibir impulsos.
Una mañana recibí la llamada de un periodista muy reconocido y respetado de Colombia el Sr. Julio Sánchez Cristo, quien por primera vez entrevistaba a un cantante de música sacra. Dijo que él era muy meticuloso a la hora de escuchar música, pero mi voz lo dejó sin palabras, y la música le llegaba hasta lo profundo. Me preguntó por qué cantar música religiosa con una voz tan prodigiosa, a lo cual respondí que no me interesaba cantar para nadie más, quiero hacer música para traer esperanza a la gente, no para deprimirlos. Eso le dije...
La razón de hacerme la entrevista en ese momento se debía al éxito radial de la canción “No importa” en las estaciones, tanto de música cristiana como secular, del país cafetero. Esa mañana me comentó que estaban de luto por una tragedia que afectaba el corazón de los ciudadanos, y muchos llamaban pidiendo la canción. Él decidió que sería ingenioso ponerme al aire y que diera unas palabras de ánimo al pueblo e interpretara la canción vía telefónica, a capella, y así lo hice. La entrevista fue un éxito y ayudó a expandir aún más el nombre de una jovencita con apenas veintidós años, hija de Dios, llena de gracia, con propósito, y bien radical.
Después de terminada la entrevista me enteré de la fama y respeto de esa persona (no sabía quién era), pues gente que lo conocía comenzó a llamarme y a felicitarme por lograr que alguien como él entrevistara a un cristiano. La entrevista también fue transmitida en otros lugares, no solo en Colombia. Un gran día (una gran brecha) para la música cristiana en ese país.
Simplemente, estaba mirando resultados del favor desbordado en mi vida.
Mientras esperas por tu oportunidad para brillar, no te afanes por hacerte un lugar, deja que todo se vaya dando y tu carácter te haga el lugar. Cultiva tu grandeza espiritual, eso te garantizará el éxito más que tu gran talento.
 
Esa parte te toca a ti
A todos nos gusta el versículo que dice que “las promesas de Dios son en él Sí y en él Amén”, y no hay duda, así es, pero lo cierto es que hay factores que pueden impedir que esas promesas se hagan realidad.
¿Qué puede estar retrasando la llegada de tu tiempo?
 
La falta de integridad
Mientras más prometedor sea tu futuro, más tentaciones enfrentarás. Al enemigo no le hace gracia la gente con grandes sueños y un propósito especial, su meta es destruirlos.
¿Alguna vez has tenido alguien en la familia extremadamente talentoso, inteligente, que le agrada a todo el mundo y has puesto mucha esperanza en lo que alcanzará…, pero, nunca lo ves llegar a nada? Los años pasan uno tras otro y no se ve un crecimiento, una madurez, nada.
Recuerdo a alguien que nació con unos dones increíbles, como dirían por ahí el tipo de personas a las que a Dios se le pasó la mano repartiéndole cosas buenas. Mis padres vieron su potencial y quisieron ayudarle en todo lo que pudieran, económicamente, dándole albergue, alimentación, consejos…, todo lo que necesitara, pero nunca puso de su parte. Intentó desarrollarse en cantidad de cosas, tocó puertas y empujó mucho, pero el problema era lo que pasaba en su vida privada. Cuando estaba en presencia de la gente era un ministro impresionante, pero en lo secreto desagradaba a Dios.
Lamentablemente murió joven, sin lograr sus sueños, sin dejar un legado, sin alcanzar su destino, se quedó exactamente en el mismo lugar… Pasó por la vida tristemente, como uno más.
Mucha gente piensa que puede pasarse la vida engañando y Dios la respaldará… Quizás Él le dé soltura por un tiempo y por eso crea que no hay problemas, “total Dios entiende que somos humanos y la carne es débil…”. Sí, Él entiende nuestra condición más que nadie, pero cada mala actuación, visible o no visible, trae fuertes consecuencias. Es difícil ocultar la verdad por toda una eternidad; si estás viviendo una falsedad, en algún momento se te cae la máscara. Nadie apostará nada a tu favor, mucho menos tu Creador, quien puede ver lo que el resto del mundo no ve.
Toda persona que desee prosperar debe tener integridad. Para conseguir que los demás la respeten y le tengan confianza en cualquier ambiente de trabajo, aunque no esté conectado en lo absoluto con la iglesia o el ministerio, se requiere un buen testimonio. Para mantener una relación sentimental, matrimonial, buena, saludable tiene que existir la confianza y el respeto, y esto solo se gana cuando somos leales.
Si anhelas disfrutar lo que está listo para ti, es necesario pasar los exámenes, y el de la integridad es uno de los más importantes.
Muchos jóvenes no logran ver realizado el sueño de Dios más rápido porque están muy preocupados por el premio, el resultado final, y olvidan la importancia del entretiempo.
El carácter que demostramos durante ese tiempo de espera, es decisivo. Si no puedes desarrollar un buen carácter mientras esperas, será más difícil lograrlo después que obtengas lo deseado.
 
El orgullo
Algo que espanta la presencia de Dios a la velocidad de la luz es el espíritu orgulloso. Según mi pensar, no siempre se puede detectar cuando una persona lleva orgullo en el corazón…; no es algo que suele estar a la vista, no puede olerse en el perfume, ver en la ropa o por la forma de caminar. Sorprendentemente hay muchos individuos con una condición crónica de orgullo y soberbia que, aunque está ahí, no es muy fácil de notar, (es como la fiebre por dentro) sin embargo, la falta de favor en sus vidas, es un buen termómetro para medir el nivel de orgullo oculto.
Si eres de los que se han quedado atrás preguntándote por qué tus amigos están logrando el sueño de Dios para sus vidas y tú no, tal vez no has aprobado el examen del orgullo. Dios resiste, o sea, se opone a los soberbios pero a los que son humildes les da más favor. ¡Qué hermoso lo del favor! Yo lo quiero en mí por el resto de mis días, mientras que me quede aliento.
Todos por más humildes que tratamos de ser, en algún tiempo, aunque haya durado solo un día, hemos sentido o actuado con un poco de orgullo, a lo mejor hasta sin darnos cuenta. Es bien importante que estemos alerta escuchando lo que está saliendo de nuestra boca, los pensamientos que tenemos, cómo percibimos a los demás.
En mi caso siempre me adelanto, antes que mi carne tome el control y sea demasiado tarde. Por ejemplo, si al terminar una presentación, se me acercan personas a saludarme, como es costumbre, y me dicen algo como “Qué increíble cantas, Lilly… Eres la mejor”, no digo hipócritamente “o no, yo no canto tan bien, la gloria es para Dios” para que vean mi humildad (lo cual al final terminaría siendo falsa humildad), sino que hago lo siguiente: en el mismo momento dentro de mí digo esta oración y se queda cortado ahí mismo: “Señor, todo lo bueno que poseo me lo has dado tú, GRACIAS, nada puedo por mis fuerzas, recibe tú este halago”.
El hecho de reconocer, con sinceridad en mi corazón, que no es mío el honor provoca que el fluir de la gracia de Dios se mantenga activo. No me interesa que los demás piensen que soy humilde, porque entonces, ¡¿de qué se trata?! No tendría ningún sentido.
Tengo la oportunidad de relacionarme con tantas personas en diferentes partes del mundo y así como aprendo de mis errores aprendo de los de otros. Una persona me comentó en una ocasión que la gente de su tierra decía que no había alguien tan humilde como él, y me dijo: “Y si mi gente lo dice es porque es cierto”. ¿Están pensando lo mismo que yo? Sip, la complacencia de que lo llamaran humilde lo estaba convirtiendo en orgulloso, y ni se daba cuenta. Hay que tener mucho cuidado, mis amigos, confiarnos de nosotros mismos es un error, por tal razón se nos advierte en la Palabra acerca de lo engañoso de nuestro corazón.
Este espíritu es el más fácil de colar, hasta en los días que nos sentimos más espirituales que el resto del planeta, el orgullo se cuela. La semana que más oramos y nos hemos portado como buenos niños empieza ese sentir de santurrones(as) y miramos a los demás como inmundos porque somos los verdaderamente espirituales; ese es un síntoma de orgullo y, en alguna ocasión, creo que a todos nos ha pasado.
Me aterroriza el solo hecho de pensar vivir sin el favor de Dios. Alguien como yo, que para hacer las cosas bien necesita su presencia conmigo, no se puede dar el lujo de ser orgullosa porque sé que alejaría su presencia en un instante.
 
Pereza y falta de diligencia
Perezoso, ¿cuánto tiempo más seguirás acostado…? Un pequeño descanso, cruzado de brazos… ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez como un hombre armado!
(Proverbios 6:9-11).
La pereza nos hace perdernos los grandes momentos, la cobardía nos impide movernos hacia cosas nuevas, diferentes, emocionantes y experimentar aventuras. Con pereza y con temor no somos lo suficientemente agresivos para tomar las bendiciones que son enviadas del cielo. Cientos o quizás miles de individuos no tan sobresalientes o dotados, pero llenos de pasión, determinación y agresividad, llegan a ocupar lugares privilegiados; mientras que otros, mejor dotados y llenos de gracia, que de verdad merecían estar ahí, pierden la oportunidad por ser rezagados.
Al hablar de agresividad no me refiero a la gente que se abre camino haciéndole daño a otros, sino de la gente que está pendiente, atenta y ve cuando Dios abre una puerta y de inmediato toma acción, esa es la gente que se le confía más y más.
Existen personas que no se molestan en hacer lo que pueden hacer, lo que les toca, y luego pretenden que por arte de magia, o solo porque sí, las cosas sucedan. Si bien es cierto que debemos confiar en que nuestro Padre ha preparado un fabuloso destino para nosotros, también es cierto que no llegaremos a ese destino mientras estemos inactivos.
En la “Parábola de los talentos”, en la Biblia, hubo uno que perdió aun lo poco que le entregaron, por negligente y cobarde. Te digo, Dios tiene la mejor intención de bendecirte pero el no envía sus ángeles a hacer la parte que te corresponde… debes ser un administrador responsable.
La rebeldía
“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”
(Romanos 13:1).
Nadie puede tener poder si no está sometido a una autoridad; a Cristo, como máxima autoridad, y también a las autoridades espirituales aquí en la tierra. Este es un punto importante, muchos están estancados porque no han entendido que para recibir autoridad hay que estar bajo autoridad.
A la vez, es un tema delicado porque he sabido de líderes que solo disfrutan tener control y si no es a su manera impiden que sus seguidores avancen. Personas como esas, aunque estén al mando en una congregación u organización, tampoco están bajo autoridad, si lo estuvieran no actuarían de esa forma, pues estoy segura que el Espíritu Santo no los dirige a controlar o manipular. Líderes así necesitan revisarse a sí mismos y someterse a Cristo.
Es muy bueno sentirse al mando, ser el jefe, el que toma las decisiones, que nadie te diga qué hacer, pero lamentablemente uno tiene que ser la autoridad… Entendemos esto bien cuando somos nosotros la autoridad pero cuando es a nosotros que nos toca estar sometidos nos molestamos. La Biblia no se equivoca y por eso dice que el orgullo es la raíz de todo mal. Esa actitud de que nadie me diga qué hacer es uno de los síntomas más claros de orgullo y soberbia. Si crees que te lo sabes todo nunca llegarás a ningún lado y mucho menos tendrás una posición de autoridad.
Sé de alguien que ha trabajado en una empresa por muchos años, ha hecho un trabajo impecable, con mucha honestidad, seriedad y entrega. Durante un largo tiempo, en varias ocasiones, estuvo a punto de ser ascendido a una posición privilegiada pero, cuando ya estaba tan cerca, sus jefes decidían que no y ponían a otro. En un momento de frustración, fue a la oficina de los jefes y les preguntó:
–Quiero que me digan honestamente ¿por qué me han entretenido todo este tiempo y nunca me han dado el trabajo?
Su jefe le contestó.
–Como me pediste ser honesto voy a decirte la verdad: no te hemos ascendido a una mejor posición porque hemos visto que te crees que sabes más que todos.
¡Uf!, si a mí me dicen algo así duro un mes con la cabeza metida debajo de la cama.
Muchas personas porque poseen un don extraordinario se sienten poderosas y no les parece que necesiten la dirección de alguien, pero no es así. Debe haber un orden, y no puede haber orden si no hay una autoridad. Sino, no existirían la policía, los jueces o los presidentes… Sin reglamentos un país no funciona, nos despedazaríamos unos con otros.
Cuando utilizamos los regalos que Dios nos ha confiado para engrandecernos y hacer con nuestra vida lo que nos dé la gana, Dios no puede usarnos en la magnitud que desea.
Si no vives acorde a los principios bíblicos, no te congregas, no quieres que tus pastores sepan en lo que andas, no recibes bien los consejos, no diezmas, no sirves en tu congregación… te informo, que no llegarás a ningún lado.
Cuando comencé a recibir invitaciones para cantar en algunos eventos, sin aún haber grabado una canción, como era la líder de alabanza, mi pastor me pidió que no tomara invitaciones en ese tiempo para que no faltara los fines de semana, especialmente los domingos. Tenía muy buena relación con mis pastores y no me enojé ni nada por el estilo, sabía que me amaban y era su favorita para dirigir, así que no lo tomé a mal, fue como un halago. Sin embargo, en todo mi ser ardía esa llama de expectación y el Espíritu me decía: “Tu tiempo se está acercando”. Mi madre, un tanto desesperada, me reclamaba que no podía permitir que me controlaran, que tenía que salir, era mi llamado. Pero decidí no hacer ningún comentario a mi pastor y me puse a orar por la situación. No pasó una semana cuando él me volvió a hablar al final de un servicio y me dijo: “El Señor me ha mostrado que va a usarte en otro nivel y no te voy a detener, solo quiero que estés pendiente del grupo, los ensayos, la elección de las canciones y siempre que puedas danos la prioridad a nosotros los domingos”.
Estoy segura que si hubiera reaccionado con rebeldía, Dios no me hubiera respaldado. Mi actitud me ayudó a ganarme un gran respeto con mis pastores y desarrollar una estrecha amistad, que todavía hoy tenemos aunque ahora vivo lejos y estoy en otra congregación. No estoy tratando de mostrarme como la perfecta; para nada. Lo que he tenido es mucho respeto y un sano temor por las cosas de Dios y por las autoridades que están por encima de mí. Cada vez que subo a un escenario estoy bajo la autoridad del Espíritu Santo y de mis líderes, y eso me da poder. Por eso ocurren milagros de liberación, salvación, sanidad y restauración. Si en mi vida no estoy sometida a los preceptos bíblicos, a Cristo, no puedo dirigir un auditorio lleno de personas en adoración y alabanza…, no tengo la autoridad del cielo.
 
Se me ocurre decir
Aunque tu pastor te pida algo que no es justo a tu parecer, siempre míralo con respeto, quédate tranquilo(a), no abras tu boca, ora por él, y Dios te honrará. Ellos mismos al ver tu humildad y mansedumbre te apoyarán.
Todos tenemos un sueño de parte de Dios y un destino que alcanzar, pero es nuestra responsabilidad hacer lo necesario para que podamos realizar ese sueño y llegar a nuestro destino.
¡Nadie puede impedir que logres el sueño de Dios más que tú mismo!

8 ¿Quieres un secreto para el éxito?

No lo tengo. Solo tengo mi experiencia de vida

Ninguno de nosotros por más sabio que sea puede provocar sucesos extraordinarios sin la intervención divina. Mirando hacia atrás, a las cosas que han sucedido en mi vida, las trampas de las que Dios me ha librado, los errores que me ha ayudado a no cometer, cómo ha ordenado mi camino, cuántas veces su mano me ha protegido, cómo sus bendiciones me han perseguido y las puertas maravillosas que me ha abierto, tengo que alabarle y reconocer que nada hubiera podido hacer sin Él.
Aun cuando pienso en los acontecimientos difíciles que me tocó experimentar, veo claramente la mano de Dios detrás de cada uno, usándolos para formarme en lo que hoy soy. El carácter, que en su divina gracia y misericordia Él ha creado en mí, me ha permitido desarrollar las cualidades que ayudaron para que el plan de mi vida se esté cumpliendo.
Nada de lo que hayas visto o lo que escribo aquí, los logros que hayas escuchado acerca de mí, se deben solo a mis talentos, puedo decir que el poner en el lugar correcto las prioridades divinas, el tomar sabias decisiones, el esfuerzo, la obediencia, la dedicación, valentía y determinación, es lo que me ha permitido continuar hacia donde voy. Todavía me falta bastante por recorrer, mucho que lograr… pero me propuse llegar a mi destino.
 
Carácter y determinación
A lo mejor te has preguntado: “¿Por qué hay personas que habiendo tenido una niñez horrorosa o un comienzo difícil se sobreponen a su pasado y llegan a ser grandes?” Y ¿por qué hay otros que en las mismas circunstancias, o tal vez en mejores, no hacen nada con su tiempo en la vida y pasan sin dejar huellas? Quizás sea una condición interna más profunda, difícil de explicar, o la causa más probable puede ser la falta de propósito, carácter y determinación.
El carácter es estabilidad. Creo que es una de las cualidades más importantes en un individuo, así se llame cristiano o no. Un líder, un maestro, un cantante, un padre de familia, un empresario, cualquiera que tenga un buen carácter tiene éxito. No importa cuál sea el oficio, para ser exitoso es necesario tener carácter. Puedes tener mucha gracia y talento, pero si no posees firmeza nadie te respetará, debes ser un individuo confiable y de una sola palabra. El carácter no es una cara seria, es saber mantenerse firme y leal a lo que uno cree sin deslumbrarse ante las ofertas ni perder el norte.
La determinación, por otro lado, es valor, osadía, decisión de perseguir lo que anhelas. Es estar dispuesto a pagar el precio por un ideal; a vivir lo que se profesa cueste lo que cueste.
Cuando me preguntan cómo hacer para triunfar en la carrera de la música, siempre digo que es muy importante, primeramente, tener la convicción de que fuimos escogidos para esa labor. Cuando hay convicción, las canciones pasan de ser solo una bonita música a tener un propósito, un mensaje, un sentir arraigado en lo más profundo de nuestro ser. Ese sentir nos hace vibrar, nos llena de pasión por la causa correcta y nos empuja a través de cada etapa a seguir sin desmayar, siempre con la disposición de pagar el precio a diario para agradar a Dios y hacer su voluntad.
Puedes no ser el más extrovertido y sobresaliente pero, si tienes fe, carácter y determinación podrás lograr lo que te propongas.
Me tocó ver muy de cerca cómo alguien destruye lo que le costó construir y arruina el propósito de su vida por falta de carácter y determinación. Estoy convencida de que todas las circunstancias y pruebas que nos tocan enfrentar tienen un propósito y, aunque no es el deseo de Dios que suframos dolor, Él nos permite atravesar los desiertos y utiliza esos sucesos para formar nuestro carácter y glorificarse. Obviamente, si nosotros lo permitimos.
Yo tenía alrededor de ocho años de edad cuando públicamente el pastor de la congregación que mi familia visitaba nos echó de la congregación y nos pidió no regresar. Yo era la única integrante de mi familia que se encontraba en la multitud cuando el pastor hizo su anuncio.
Mis padres comenzaron esa congregación de cero, al igual que habían hecho en otras localidades. A diferencia de las otras ocasiones, mis padres se encariñaron mucho con los miembros y los miembros con ellos. Por lo cual fue más difícil poner a otro pastor a cargo después que la iglesia estaba formada y seguir adelante con el trabajo misionero. En ese tiempo, decidieron unir la congregación a un concilio de iglesias pentecostales, y ese concilio eligió a un pastor joven, principiante, preparado académicamente y pobremente orgulloso. Su inseguridad no le permitía convivir y adorar en un mismo auditorio donde todavía asistían los fundadores de la congregación, que eran mis padres. Las personas apreciaban el hecho de haber conocido a Cristo por vía de ellos y el tiempo que habían invertido en sus vidas mucho antes de que este pastor llegara. Eso no le agradaba al nuevo pastor. La asistencia se suponía que fuera temporal pues no era lo ideal quedarnos ahí permanentemente.
No recuerdo qué desató la ira del pastor que, sin pensar, tomó la drástica decisión. Esa noche, aunque el resto de la familia no tuvo planes de ir, yo no quería perderme el servicio. Como vivíamos bien cerca le pedí a mi hermano mayor que me llevara y me recogiera cuando terminara; mi mamá estuvo de acuerdo y mi hermano me acompañó hasta la puerta. Aproximadamente a los veinte minutos de haber comenzado el servicio, el pastor se puso de pie y dijo públicamente que no quería ver a ningún integrante de nuestra familia en su congregación, y asintió: “Si hay alguien de ellos aquí esta noche le pido que se retire”. Yo era una niña, pero era lo suficientemente inteligente para saber que desde ese momento no era bienvenida allí. Recuerdo que salí muy despacio con mi cabeza inclinada directo a mi casa, no esperé que mi hermano me fuera a recoger. Llegué y conté lo que había sucedido, y mis padres no lo podían creer. Fue una noche angustiosa y unos días incómodos. Mi madre lloró por días y noches sin poder asimilarlo.
Como crecí escuchando la Palabra de Dios, tenía grabadas en mi mente muchas historias que escuché en la escuela dominical y a alguien que recordé en ese preciso momento, la misma noche del incidente, fue a Jesús. Recordé cómo él fue maltratado y humillado y pudo perdonar sin guardar rencores. En mi mente declaré: “Yo no estoy enojada con el pastor por lo que dijo, tal vez ni sabía que yo estaba ahí, voy a perdonarlo como Jesús hizo”. Sinceramente, no sé cómo agradecerle a Dios por haber protegido mi corazón a tan temprana edad. Nada afectó mi fe, ni me impidió más adelante mirar a esos pastores a los ojos y saludarlos con una sonrisa. De hecho, muchos años después, cuando pasé a la secundaria, esa pareja de pastores tenían un colegio cristiano privado, allí decidí inscribirme y cursé dos años. La esposa del pastor, como directora de la institución y profesora, llegó a apreciarme mucho como estudiante, siempre hablaba bien de mi conducta y mis buenas calificaciones.
Mi padre, en cambio, no asimiló bien lo acontecido y tomó un rumbo diferente. Después de servir en el reino por tantos años y haber visto la fidelidad de Dios y disfrutado de sus bendiciones, decidió que, al “no tener suerte ni con Dios ni con la gente” dejaría de agotarse en el trabajo ministerial, pues total su trabajo no era apreciado. Se le olvidó que no se trabaja para Dios esperando la alabanza y apreciación de los seres humanos. El hombre falla, ofende y maltrata, pero el que nos llamó siempre se mantiene fiel, solo hay que quedarse quietos y esperar por su justicia.
Su vida de devoción se enfrió bastante, ya no oraba ni se congregaba y, por supuesto, el enemigo lo arrastró exactamente adonde quería. Decidió tomar la actitud de víctima en lugar de seguir adelante y demostrar que era un vencedor. Todos los planes maravillosos que había para su vida, él mismo los impidió. El celo por las cosas de Dios y el respeto al llamado no fueron suficientes en medio de las pruebas para formar en él el carácter necesario para seguir adelante con éxito.
Este desbalance en la familia provocó que algunos de mis hermanos se desestabilizaran emocionalmente durante la adolescencia, y tomaran decisiones equivocadas que los llevaron a perderse buenas oportunidades y a retrasar el logro de sus sueños.
No me canso de decir que todo es cuestión de decisión. Cuando se presentan los momentos de azotes, no es tiempo de mirar a los que nos hacen daño, es el momento de mirar adelante y arriba, a Jesús. Y aunque sea arrastrándose en el pavimento, con las lágrimas rodando por el pecho, avanzar con determinación. Esa es la gente que triunfa. Cuando alguien me dice que nací con suerte y que por eso he logrado algo, le respondo que está equivocado, nada se consigue sin esfuerzo y determinación. Se nace con talentos y gracia, pero que se concreten los planes del Creador depende mucho de la actitud, las decisiones y el carácter.
Es de cobardes poner excusas y culpar a otros por nuestras decisiones.
Una actitud positiva trae resultados positivos
Indudablemente, de forma inconsciente, copiamos o arrastramos actitudes y costumbres de las personas de influencia en nuestra vida. Si has vivido mucho tiempo con gente negativa, que continuamente se anda quejando, ansiosa, caprichosa, estresada, controladora o amargada, es muy probable que algo de eso te quiera tocar a ti en un determinado momento.
Por un tiempo no me percaté de mis pensamientos negativos hacia muchas cosas. Sin darme cuenta, en ocasiones mi mente se predisponía aun antes de que algo desagradable ocurriera. Comenzaba a organizar las cosas en mi cabeza, según mis pensamientos, buscando opciones por si algo no salía de acuerdo a lo planeado. Lo cierto es que, de esa forma, daba oportunidad a la negatividad, y esa energía que debía usar para disfrutar cualquier momento se convertía en una mala reacción al encontrarme frente a una situación desagradable.
Durante los primeros años de mi carrera, por ejemplo, si alguna cosa se salía de control durante mis viajes, era motivo de incomodidad, queja y molestia. Si se atrasaban mis vuelos, y no podía dormir una cantidad de horas considerables para el buen descanso de la voz, me daba estrés pensando que no me funcionarían bien las cuerdas vocales a la hora de cantar, y eso me afectaba el humor. Así estuve, hasta que Dios me lo hizo ver y comenzó a tratar esa área en mí. Sentía que Dios me decía: “Cambia tu actitud, y tu perspectiva también cambiará. Tienes que esperar lo que deseas recibir. Solamente haz la prueba y verás”. Al darme cuenta de que era algo que me estaba impidiendo disfrutar, me propuse hacerlo. Tomé la decisión de ver el lado positivo de cualquier situación por más incomoda que fuera, de reírme hasta de mis errores; simplemente, aprender a disfrutar la vida sin tanto estrés innecesario y a saborear cada preciosa ocasión para ver la mano de Dios transformando para bien una incómoda circunstancia.
Me convencí de que un pequeño incidente no tenía poder para ocasionarme estrés o arruinar horas de mi día, y eso cambió drásticamente mi forma de ver la vida. Todo problema tiene una solución si lo miramos desde la perspectiva correcta. Solo que, cuando nos enfocamos en lo que está mal, en lo que no tenemos o en lo que los demás no están haciendo, se hace difícil ver las posibilidades. Después que mi perspectiva empezó a cambiar, cada momento es más placentero y las bendiciones que recibo a diario no pasan de largo sin darme cuenta. Soy mucho más feliz. Hasta hoy me niego a acarrear cualquier clase de influencia negativa, ya sea heredada o aprendida; soy un ser independiente y diferente, tampoco mis emociones me controlarán.
En uno de mis viajes recientes, específicamente a principios del 2011, íbamos a la ciudad de Asunción, en Paraguay, a una conferencia juvenil donde con mucha expectativa se esperaba mi llegada. No estaba en óptimas condiciones físicamente hablando, mi cuerpo no se sentía muy bien y era un viaje largo. Salimos de casa a la tarde para ir a la ciudad de Houston y de allí volar toda la noche hacia São Paulo, llegando a la mañana para, de inmediato, abordar otro avión que nos llevaría a Asunción. Trasnochados y cansados arribamos al aeropuerto de Brasil, y de prisa nos dirigimos a la puerta de salida del próximo vuelo; al llegar no nos permitieron subir hasta revisar con las autoridades de Paraguay si nuestros documentos estaban en orden para entrar a dicho país. Ahí nos quedamos, parados en la puerta de abordaje, viendo a todos los pasajeros subirse al avión mientras las personas de la línea aérea perdían tiempo revisando nuestros papeles. En ese lapso de espera el avión despegó sin nosotros, pero estábamos tranquilos, creyendo que volaríamos en unas horas en un próximo vuelo sin problemas; pero no fue así, el próximo que volaba ese día a Paraguay salía a las nueve y media de la noche y apenas eran las diez y media de la mañana.
La chica de la línea aérea, muy amablemente se disculpó por la pérdida de nuestro vuelo y nos confirmó que nuestros documentos se encontraban en orden. Y ahora, qué hacer todas esas horas encerrados en una terminal donde no se vendía un buen almuerzo para reponer energías (un buen plato con arroz, frijoles y un pollo a la plancha o unos tacos deliciosos), no había más que unos pequeños sándwiches, bastante caros, que no satisfacían ni a un niño de dos años.
Era mi día de prueba; más de veinticuatro horas sin ducharnos, sin poder dormir ni comer bien; mi cuerpo dolorido, de tal forma que lloraba en una esquina del aeropuerto, pues no podía aguantar la molestia, daba lo que fuera por encontrar una cama donde recostarme; pero no podíamos salir a la ciudad y rentar un hotel, pues no teníamos las visas requeridas para ingresar a Brasil. Llegaron las nueve y media de la noche y no había señal del avión, pasaron las horas y como a las doce y media de la noche fue cuando llegó y lo abordamos rumbo a Paraguay. Finalmente casi a las cuatro de la madrugada arribamos al hotel en Asunción. Y para ponerle la tapa al bombo, como dicen, mi maleta se atascó y no la podíamos abrir para sacar mi piyama y abandonarme en la cama por unas horas. Un viaje que debió tomarnos unas diecinueve horas, en total nos tomó más de treinta.
Durante ese trayecto, no puedo negar que me quise desalentar y hasta pensé que hubiera sido mejor haberme quedado en casa, sin embargo, deseché todos los pensamientos negativos y le dije al Señor: “Solamente necesito tus fuerzas, no me voy a rendir, sé que me vas a ayudar”. Sabiendo lo cansadora de nuestra odisea, los coordinadores, muy amables y considerados, me dieron la opción de cancelar la conferencia que me tocaba compartir esa tarde y solo realizar el concierto en la noche. Pero pensé: “Ya llegué hasta aquí y no me voy a perder lo que Dios quiere hacer hoy. Voy a estar bien, será una tarde grandiosa, lo voy a disfrutar y los jóvenes van a ser bendecidos”.
Recuerdo nuestra estadía en Asunción como una de las más bonitas y placenteras experiencias. No solo porque nos atendieron con mucho cariño, sino porque fue precioso compartir con líderes y jóvenes de tantos lugares, incluyendo el Brasil, que se dieron cita a mis dos presentaciones y me manifestaron lo que significaba para ellos verme en persona y todo lo que recibieron por medio de mí. Aunque en algunos momentos sentí mi cabeza mareada mientras cantaba, debido a la pérdida de sueño y la enfermedad física, Dios estuvo ahí dándome gozo y fuerzas. Si mi reacción hubiese sido de enojo y quejas, como quizás años atrás, no le hubiese permitido usarme como lo hizo.
Tuve que aprender que mantener la actitud correcta no solo es beneficioso para mí, sino también es un buen testimonio de un seguidor de Jesús. Aún no llego a alcanzar el nivel que deseo, pero allí voy. Siempre debemos recordar que la actitud que mostramos deja ver claramente qué frutos hay en nuestra vida. La Biblia indica que un individuo que tiene la vida de Cristo dentro refleja buen fruto. Si en vez de paz reflejamos angustia, en lugar de gozo cargamos amargura, inquietud en vez de paciencia, furia en lugar de mansedumbre, no importa cuánto hablemos de un Dios de paz, de amor y que transforma, tristemente, no somos un testimonio de ello en ningún lugar.
Mi esposo me expresó hace un tiempo: “Definitivamente puedo ver lo importante que es para ti ser mejor y cuánto progresas cada día, estoy muy orgulloso de ti y honrado de vivir a tu lado, cada vez me bendices más”. ¡Uf!, eso me desmoronó… Me da mucha alegría saber que, mientras mi marido me observa adorar en un escenario, no está pensando en el mal testimonio que soy en casa. Lo que él piensa de mí como persona y como su esposa, vale más que el halago de millones que sean bendecidos a través de mi trabajo ministerial pero que no me conocen de veras. Los que viven bajo un mismo techo conmigo son los primeros que deben ser bendecidos por la manera en que manejo las cosas en mi diario andar. Es penoso ver a aquellos que pueden abrir su boca libremente para predicar, y en sus casas son los seres más incómodos y difíciles para convivir. Eso no es agradable ante los ojos de nuestro Padre celestial.
Esperar lo mejor, independientemente de los pronósticos, cambia completamente la perspectiva de nuestra situación. No es una enseñanza extraña, es simplemente la verdad de que, al igual que nuestra lengua tiene poder de vida o muerte, también nuestros pensamientos y actitud ante la vida tienen influencia en lo que recibimos. Si llenas una solicitud de empleo convencido de que no eres el indicado y que seguramente no te llamarán, tal vez no te llamen. Si estornudas y lo primero que piensas es que te enfermarás, es muy probable que te despiertes con resfriado. Si cada vez que te relacionas con alguien estás esperando que te traicionen o te hagan daño, a lo mejor pierdas esa amistad antes de que se concrete. La mente es una zona de combate y es necesario mantenerse alerta.
Cada mañana al levantarte puedes decidir si tendrás veinticuatro horas miserables o las vivirás en victoria. Sé que algún religioso por ahí diría que no es cierto, pues solo Dios sabe qué pasará y solo Él tiene ese poder; muy cierto, pero la perspectiva con que vemos las cosas hace una gran diferencia en nuestra reacción ante los desafíos que encontramos a diario. El hecho de saber que la mejor alternativa es descansar en la soberanía de un Dios poderoso, que lo puede todo, nos permite salir en victoria de cualquier contratiempo.
Te desafío a desarrollar una actitud digna de un hijo de Dios, alguien que refleja la verdadera paz y el gozo que hay en una vida en Cristo. Te reto a vestirte de esperanza y a moverte en fe, creyendo que todo lo que te toca a ti lo recibirás. Si es el deseo de tu corazón hacer cosas grandes, sé positivo. Si hoy intentaste algo y te salió mal, prepárate para intentarlo mañana nuevamente con la confianza de que todo te saldrá bien.
Levántate con una sonrisa
Declara lo que quieres recibir
Bríndate a los demás de acuerdo a como deseas que se brinden a ti
Desecha todos los pensamientos tóxicos
Toma control de tus emociones
Engrandece a Dios y minimiza las dificultades
Camina con tu frente en alto
Con tus ojos fijos en el objetivo
Y mantén tu mente sujeta a la mente de Cristo
 
Tienes que saber lo que quieres
Si no sé lo que quiero, por lo menos, sé lo que no quiero. No puedo moverme sin dirección. A la hora de grabar un disco, por ejemplo, no puedo llegar al estudio sin tener la menor idea de qué quiero o no quiero cantar, qué estilo de música me gustaría o no incluir. Tal vez no sepa todos los sonidos que quedarían mejor en una canción o cómo deberían sonar todos los instrumentos en la producción, pero de seguro que puedo decir si algo no funciona para mí al momento de escucharlo. Soy bien abierta a las buenas ideas y flexible a las opiniones de quienes están trabajando conmigo, pero también soy bastante clara y específica con lo que no estoy de acuerdo. Cuando he trabajado con algún arreglista no muy versátil o que no conoce bien lo que me gusta, quizás no le agrade que yo sepa bien lo que no me gusta, y los cambios pueden serle causa de frustración. A final de cuentas debes quedar contento con el producto terminado, no quieres acceder a algo y después arrepentirte cada vez que te toque cantarlo durante años, ¿no es cierto?
No es sabio ir a donde te lleve el viento o donde decidan otros. Hay momentos para seguir la dirección de una persona como cabeza, porque sabe mejor qué es lo correcto en ese momento, pero no tener idea de lo que queremos hacer con lo que tenemos en nuestras manos, es un boleto al fracaso. A todos se nos ha dado la capacidad y la libertad de pensar y tomar nuestras propias decisiones, gústeles o no a los que quieren controlar los pasos de los demás. No hay un ser humano que pueda vivir feliz y cumplir con su llamado en este mundo, si solo depende de lo que otros decidan por él.
Para administrar una tarea que se nos ha confiado es necesario tener la seguridad para decir “no” cuando sea necesario y “sí” cuando entiendas que es algo que debes hacer. Personalmente nunca me gusta dejarme llevar, solamente para parecer la chica más humilde y dulce, si puedo discernir que no es lo que Dios está queriendo de mí en un determinado momento; a veces eso no les agrada a algunas personas. Afortunadamente, me ha tocado relacionarme con tantas personalidades diferentes (he aprendido mucho de esa rica experiencia) y tengo que decir que es un tanto frustrante realizar algo con gente que desea siempre escuchar “sí” a todas sus peticiones, sin importar lo que es importante para los demás. Los que por timidez, inseguridad o miedo no son capaces de decir “no” y estar firmes en lo que quieren, caen en el círculo del control, manipulación o abuso, y no pueden crecer.
Alguien una vez me amenazó con sepultar mi carrera musical (como si fuera Dios) si no aceptaba sus términos y entraba en un contrato indeseado. En vez de asustarme y caer en la trampa, sus palabras despertaron en mi interior esa fuerza y coraje para decir “no” tajantemente y presentarle a Dios como mi mejor defensa. Acababa de cumplir solo veintidós años y apenas había grabado mi primer disco, pero sabía claramente que la administración de mi llamado estaba en mis manos y no permitiría que nadie, buscando su beneficio, interfiriera en lo hermoso que Dios había comenzado. Cuando sabes que el dueño y Señor del cielo y la tierra está detrás de lo que estás tratando de hacer, la ventaja es grande. Si Él es el pintor de esos sueños, el autor de tu historia, entonces, por qué tener miedo a los lobitos que aúllan tratando de asustar.
Para tener esa firmeza, sin duda, primero debes de saber en dónde estás parado (ese coraje proviene de un corazón anclado en la roca que no se mueve, Cristo). Tienes que saber hacia dónde vas (la visión, el objetivo), pero no puedes saber adónde vas si no sabes lo que quieres. He escuchado predicaciones que animan a “defender lo que es tuyo… ir detrás de lo que quieres…”, pero si no sabes lo que tienes, lo que te pertenece, lo que es tu responsabilidad, no sabes por qué luchar y qué defender.
Si no tienes claro lo que anhelas no sabes qué perseguir, y por consiguiente no sabes adónde vas. Si hasta ahora se te hace difícil definir lo que quieres, detente y pregúntate: “¿Qué es lo que no quiero?” Escribe tus respuestas y conclusiones. Descubrir lo que no quieres en tu vida, te dará más claridad y te ayudará a encontrar qué es, entonces, lo que verdaderamente quieres.
No puede obtenerse éxito mientras se deambula de un lado a otro entre ideas y deseos sin poder enfocarse en un objetivo. No permitas que otros siempre tengan que decidir por ti; cada persona es responsable por lo que le toca y es quien dará cuentas.
 
Las metas trazan el camino
Sueña todo lo que quieras, pero no te quedes dormido en el sueño.
Hace unos años encontré un viejo diario o cuaderno de notas que había perdido; una amiga de la ciudad donde lo dejé lo encontró y me lo hizo llegar. Cuando volví a visitar esos apuntes ya habían pasado alrededor de tres años, no recordaba nada de lo que tenía escrito en esas páginas y me daba curiosidad ver si mis letras habían cambiando en algo, o si mi forma de pensar era la misma de tres años antes (mi mente es un poco analítica). Mientras hojeaba aquellas páginas y revivía memorias, me encontré con algunos sueños y deseos de mi corazón que por un largo tiempo guardaba pero no estaban en camino a concretarse. Inmediatamente pensé: “¡wow, qué alegría encontrar esto, ahora puedo trabajar en ello!”, y entonces me vino la pregunta: “¿por qué no había alcanzado ninguno de esos sueños en un período de tres años?”. Mi conclusión fue “debe haber algo que no estoy haciendo bien”.
Efectivamente. Leí un material en esos días que hablaba específicamente de las metas, y me ayudó a darme cuenta de que estaba repleta de ideas y deseos, pero necesitaba trazar las metas que me llevarían a lograrlos. Me senté con papel y lápiz e hice un plan realista a corto, mediano y largo plazo, coloqué mis metas en todo lugar donde pudiera verlas con frecuencia y comencé a trabajar de acuerdo a ese plan. El resultado fue buenísimo.
A partir de ahí las metas han sido mis mejores aliadas. No emprendo un proyecto sin un plan. Gracias al cielo, David es mi mano derecha, y me ayuda mucho que él planifica todo los que hace. Anteriormente daba vueltas en círculos, sin efectividad, pero ahora he desarrollado una mejor visión de lo que quiero, y la misma me guía y me da seguridad al momento de perseguir mi horizonte. Sin duda, no hay mejor experiencia que la que se obtiene de nuestros propios errores, esa nunca se olvida.
Dice Proverbios 13:4 “El alma del perezoso desea y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada”.
¿Sabías que es posible actuar con negligencia o pereza aun en medio de mucha “ocupación”?, creo que eso me pasaba. Sé que a muchos les ha ocurrido lo mismo. Somos buenos dando excusas, y la razón es el miedo a comprometernos con una meta porque por dentro sabemos muy bien que no estamos dispuestos a cumplir los pasos hasta verla realizada con éxito.
Siempre animamos a los jóvenes a soñar, pero muchas veces olvidamos que deben saber que soñar no es suficiente. Es posible pasarse veinte años idealizando un proyecto, un deseo y no llegar a verlo por falta de un plan y de accionar. Envueltos por la emoción es bien fácil decir: “En cinco años tendré un millón de dólares en el banco y todas mis deudas saldadas”, pero durmiendo hasta las diez de la mañana, faltando al trabajo, haciendo compras innecesarias y gastos excesivos con la tarjeta de crédito, no pasará de ser solo un sueño. “Voy a sacar mi primera grabación y será un éxito en ventas”, sin poner el esfuerzo que requiere un proyecto de ese tipo, sin cuidado en el contenido de las letras, una mala calidad de sonido, arreglos musicales mediocres, no estar dispuesto a realizar el trabajo promocional, verá el soñado proyecto en sus manos y en las de su mamá, pero tal vez no llegue a las manos de muchos. Hay que tener un plan y esforzarse.
A veces nos cuesta desarrollar un plan por falta de iniciativa, dificultad para concentrarnos y pensar, esta puede ser una tarea difícil, es increíble cuánta gente tiene dificultades para pensar; no me refiero a tener una idea que cruza rápido por la cabeza y al otro día no se recuerda ni la mitad, me refiero a dedicar tiempo para poner en orden las ideas, buscar estrategias, encontrar soluciones…, es una parte bien importante en el buen manejo y desarrollo de un proyecto. El autor John Maxwell habla de la importancia que tiene para él tomar un tiempo solo para pensar. En ese tiempo a solas puede analizar las cosas que tal vez no salieron bien, revisar una idea y crear nuevas…; casi siempre de ese momento salen las mejores ideas y proyectos, por eso siempre toma nota. Me parece una estrategia muy interesante. Te animo a desarrollar la disciplina del pensamiento para que tus deseos se realicen.
Para que tengas éxito en tu carrera: piensa, organízate, haz un plan para que sepas hacia dónde te diriges, ponte en acción y sé consistente. La consistencia es importantísima porque el desarrollo tomará tiempo, y si eres de los que están fogosos y animados solo cuando todo está caminando, no tendrás la energía para empujar en los momentos lentos y de espera que de seguro llegarán.
 
Hazlo por amor, no por beneficio
Lo que sea que hagas, hazlo por amor. Cuando amas lo que haces la pasión es real. Cuando la motivación son los beneficios, la entrega es condicional.
Fíjate, dos personas se involucran en el negocio de automóviles: uno se entusiasma porque es un negocio rentable y le han dicho que se puede ganar un millón de dólares con la venta de cierta cantidad de carros en un corto período de tiempo. El otro es un aficionado, loco por los automóviles, esa es su pasión de toda la vida y ahora se le da la oportunidad de trabajar en lo que más le gusta. ¿Quién crees que tiene más posibilidad de durar y triunfar en el negocio? Me parece que el aficionado y apasionado tendrá el empuje necesario para hacer andarlo, le pondrá toda su entrega y pasión, aun cuando esté más baja la venta. El otro, por el contrario, desde el momento en que las cosas empiecen a ir mal puede desencantarse y buscar algo diferente que le dé la remuneración que espera.
La diferencia la hace el amor. Cuando hay amor, hay pasión y compromiso.
Muchos de nosotros nos comprometemos al cincuenta por ciento… hasta no ver señales del resultado contemplado no entregamos el cien por ciento; es lo que se puede llamar un servicio con limitaciones o con condiciones. De la única manera en que se puede dar lo mejor de sí es cuando se ama aquello por lo que se trabaja, de lo contrario, no hay una fuerza, un motor que inste a permanecer.
Muchos personajes famosos cuentan historias de fracasos y decepciones al principio de su carrera, que pudieron hacerlos cambiar de ruta, pero el amor por lo que hacen fue mayor que las dificultades y por eso hoy forman parte de la lista de los exitosos. Alguien que solo persigue un rol para ser visto, ganar dinero, aplausos y reconocimiento, no triunfa. Su motivación no es la correcta y su pasión no es lo suficientemente fuerte como para llevarlo a través de las diferentes etapas.
Me impresiona leer las cartas del apóstol Pablo; su amor por Cristo y las almas, su fe, su compromiso. Este siervo, como él mismo se llamaba, tenía una pasión ardiente que lo motivaba a seguir su misión sin importar el costo ni las consecuencias.
 Él sabía que su recompensa no la recibiría en la tierra con el aplauso de todo un pueblo y una remuneración grande por su esfuerzo; ese no era el objetivo, estaba tan comprometido y honrado con su llamado de compartir la verdad que había conocido que ese era el motor de impulso. Con otras intenciones no hubiese podido terminar su carrera ministerial en victoria como lo hizo.
Pídele a Dios que examine tu corazón y te muestre si hay motivaciones incorrectas en ti. Si las hay, permítele que cambie esas áreas… Pídele que te ayude a desarrollar un corazón que lo ame primeramente a Él por quien es, y lo sirva independientemente de los beneficios que pueda recibir de su mano.
¡Cuando emprendas proyectos hazlo primeramente por amor, y estos serán bendecidos!
Administra bien lo que tienes
Buena administración es = a promoción. Si quieres recibir más responsabilidad preocúpate por responder excelentemente a lo primero que se te entregue.
Comprométete
Pon toda tu entrega para desempeñar bien lo
 que te ha tocado
Vela porque estén en orden todas las áreas
Invierte bien tu tiempo
Usa sabiamente los recursos que te confíen
Busca la excelencia
Desecha la mediocridad
Preocúpate por obtener información
No seas conformista
No seas pasivo
Toma riesgos
“Obediencia constante + sacrificio + compromiso + lealtad + persistencia + sabiduría + resistencia + fe + integridad + servicio = a sueños realizados” (Christine Caine).

9 Una vida de devoción

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37).
Nuestro llamado principal a la luz de la Biblia es ser adoradores, para eso fuimos creados y es la principal prioridad de nuestra vida. Es el llamado de toda la creación: que la tierra, mares, sol y luna y todo lo que tenga vida adore al Creador del universo.
“Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”
(Isaías 43:7).
Solamente al consagrarnos en adoración a una vida dedicada a su voluntad, a sus caminos, encontramos alegría, felicidad y satisfacción. Podemos hacer todas las cosas para satisfacer nuestras almas hambrientas pero, hasta que descubramos nuestro propósito en la vida, el porqué y para qué fuimos creados, no vamos a encontrar placer. Podemos tratar de cumplir nuestros sueños más fascinantes, pero no hallaremos nuestro camino y la paz necesaria hasta entender, en primer lugar, para qué estamos aquí.
Su voluntad es que vivamos para Él… Él es un Dios celoso y desea cada parte de nosotros. Al estar alejados de su voluntad, estamos fuera del lugar para el cual fuimos diseñados, no se supone que manejemos nuestras propias vidas de acuerdo a nuestro antojo o creencias, Él debe ser quien tenga la dirección y el control.
Si tomas un pez y tratas de removerlo del agua, y adaptar otro ambiente “adecuado” para él, seguramente fallará el experimento. Todos sabemos que esas criaturas nacieron para estar y vivir dentro del agua veinticuatro horas al día; solo así pueden sentirse libres, felices y gozar de una sana y larga vida. Igual nos pasa a ti y a mí, el secreto para una vida plena está en Él.
El llamado a la adoración y consagración no incluye una sola área en particular, abarca todas las áreas de nuestra vida, todo lo que somos y todo lo que hacemos, nuestra carrera o trabajo, nuestros bienes, dones y talentos…
¡Que la totalidad de nuestro ser adore al Dios de todo!
 
Oración
Una de las grandes luchas que enfrentamos los creyentes se encuentra en el área de la comunicación con Dios. Las fuerzas de las tinieblas no desean que tú ni yo conectemos e intercambiemos diálogo con el cielo, pues, cuando lo logramos, cosas maravillosas ocurren en nuestro entorno. Cuando un creyente no ora, automáticamente está levantando su bandera de rendición y renunciando a una vida llena de victorias. Para tener éxito en todas las áreas de nuestra vida es necesario fomentar una vida de oración. Cuesta, eso me consta, pero las ganancias son incontables.
No hay que seguir un ritual religioso, aburrido, como cumpliendo solo una orden… Debe ser algo espontáneo, deleitable, relajante, una experiencia que se disfrute. Nos acercamos a la presencia de Dios para salir frescos transformados, no para pasar el tiempo más aburrido del mundo y salir peor que como entramos. ¿Alguna vez has estado cerca de alguien que, luego de un largo tiempo en un cuarto de oración, sale a regañar, a buscar las faltas en los demás y a comerse a medio mundo? Suena chistoso, pero es deprimente ver eso. Esto casi siempre ocurre por dos razones: mucho legalismo o no permitir que la presencia de Dios toque el corazón y haga una transformación. En otras palabras, no hay un acercamiento real; es rito, es religión y no hay transformación. Nadie puede encontrarse con Dios y quedar igual o peor, sencillamente no es posible.
La religiosidad hace pensar que debemos ganar el favor de Dios con nuestros sacrificios, y eso invalida la obra de Cristo. No importa cuánto nos esforcemos, no hay nada que podamos hacer para merecer el amor de Dios. Es solo por su gracia, por el sacrificio del Cordero en la cruz, que podemos acercarnos libremente a su trono. Entonces, tomemos provecho de esa libertad y, aun con todas nuestras imperfecciones, por medio de la perfección de Jesús quien intercede por nosotros entremos a su presencia con alegría y sin culpa.
No tienes idea de cuánto me frustraba yo cuando no podía mantener mi enfoque siquiera diez minutos mientras trataba de orar; me sentía la creyente más miserable, hasta que me di cuenta de que el sentimiento de culpa era también una estrategia del enemigo para que no pudiera orar. Si pasas quince minutos arrodillado sin poder concentrarte, solo pensando en lo indigno que eres porque no eres capaz de sostener una corta conversación con Dios, cuando te levantes de ahí será aún más difícil volver a intentarlo, y eso es parte del plan de Satanás. Entonces, cada vez que eso me sucedía, empecé a ponerme de pie y a continuar con lo que tuviera que hacer, pero en actitud de gratitud, con alabanza y entonando cánticos; de esa forma se quitaba cualquier sentimiento de culpabilidad y con libertad me podía conectar. Muchos de esos días, en la cocina, en el carro o en un avión, terminaron siendo las experiencias espirituales más hermosas que he vivido.
Si en estos tiempos estás batallando para poder orar, por favor, no sueltes la toalla… Aprende a detectar las astucias del enemigo y no te dejes vencer. No creas que Dios está contando y anotando cuántas horas estuviste postrado hasta que te dolieron las caderas; la sinceridad de tu corazón y la calidad del tiempo que pasas con Él es lo que importa. Si lo ves con esta perspectiva poco a poco irás venciendo en esa área y, cuando te des cuenta, estarás en un nivel de oración tan profundo que una hora te parecerá un par de minutos.
 
Jesús, el modelo de intimidad
“Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba”
(Lucas 5:15-16).
Como ministro del reino, sé bien lo fácil que es caer en la ocupación ministerial y descuidar lo más importante; nos dejamos envolver por los quehaceres y empezamos a funcionar con las reservas; es una condición de peligro. Toda persona que está al frente es la que recibe más bombardeos, por lo tanto es vital estar vestidos adecuadamente antes de salir a la vista. Por eso dice en Efesios 6:11 “Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo”.
El secreto de las victorias de Jesús era su relación íntima con el Padre. Jesús se comunicaba diariamente, no como rutina, más bien era una señal de intimidad entre su Padre y él. Su ministerio era extraordinario por su constante intercambio con el cielo. Según podemos ver en la Biblia, Jesús no se levantaba e iba directo a predicar y sanar enfermos, su prioridad no era el ministerio; las primeras horas de la mañana eran para recibir y prepararse para la tarea de cada día; por eso nunca fue sorprendido con una pregunta o solicitud que no pudiese manejar. Antes de que llegasen los fariseos a tentarlo con el tema de la mujer adúltera para luego acusarle, Jesús había pasado un buen tiempo de oración en el monte de los Olivos. Escuché a alguien decir que la impresionante forma como manejó ese episodio y cómo los dejó a todos sin palabras con una respuesta tan certera, tuvo que ver con el tiempo de búsqueda en oración previo (fíjate en Juan 8:1-9). Lo que ciertamente sé es que no se puede llevar a cabo una tarea ministerial exitosa y duradera si no hay una conexión con el de arriba.
La oposición que enfrentamos para orar es por los beneficios que obtenemos y las grandes victorias que liberamos mientras intercedemos. Al comunicarnos con Dios con fe y sinceridad de corazón encontramos respuesta a nuestras inquietudes (fíjate en Jeremías 33:3), evitamos y vencemos las tentaciones (Marcos 14:38), encontramos sabiduría y dirección (1 Reyes 3:7-12), nuestras peticiones tienen respuestas (1 Juan 5:14-15), recibimos gozo y perdón por nuestras faltas (Salmo 32:5) y la lista es inmensa.
Cuando oramos es importante escoger un lugar privado para tener la intimidad que buscamos. Los tiempos de quietud y oración a solas son mis favoritos. Es necesario orar en conjunto con otros creyentes, pero no debe ser lo único. Dice un predicador norteamericano que a muchos les gustan las oraciones con mucha gente porque así se pierden en la multitud y no dicen ni una palabra. En otro caso también están los que disfrutan hacer sus elegantes y sofisticadas oraciones en público para impresionar a los que escuchan; si oramos con esa intención terminarán siendo palabras que no causarán efecto. Hay que recordar que la motivación del corazón es vital para hallar respuestas a nuestras peticiones (fíjate en Mateo 6:7). Jesús oraba en privado y nos exhorta a hacerlo también en Marcos 1:35 (NVI)“Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar”, y en Lucas 6:12 (NVI) “Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios”.
Una relación donde no existe la comunicación, la intimidad y la pasión es una relación muerta. En el resto de los años que me quedan por vivir tal vez nunca llegue a orar tan fervientemente por horas como el Maestro, pero seguir su modelo me llevará a acercarme y a conocer más al Padre, ese es mi mayor anhelo; quiero mantener una relación llena de vida y pasión con mi Dueño.
 
Alabanza y adoración (más que un ritmo, más que una canción)
Fuimos creados para la alabanza del Padre. Alabamos por quien Él es (digno de alabanza), alabamos por lo que Él ha hecho (gratitud), alabamos por lo que Él hará (demostración de fe).
Contrario a lo que una gran cantidad de gente piensa, la alabanza no son las canciones movidas que se cantan al principio de un servicio, no se encuentra definido así en la Biblia. La alabanza es un acto de adoración, una actitud que se origina en el corazón y debe ser expresada. Cuando pienso en lo bondadoso que Dios ha sido conmigo, me inunda un sentimiento de gratitud y eso me provoca alabar. Si lo que brota de mí es un cántico, así alabo, si unas palabras de exaltación y admiración, eso hago. En ocasiones me arrodillo, levanto mis manos, aplaudo, brinco… con todo de mí tengo que alabar. (Fíjate en 1 Crónicas 16:8-12).
Aunque una canción contenga palabras muy bonitas o un ritmo bien solemne, si no brota del corazón no es alabanza ni es adoración, debe ser un canto de adentro, algo real. El canto para Dios no debe ser solo de labios, es necesario entender y sentir el significado de lo que se está cantando y cantarlo desde lo más profundo; nuestros labios deben estar en armonía con nuestro corazón. (Fíjate en Mateo 15:8).
La diferencia entre un salmista que es usado para conectar a la gente con la presencia de Dios y uno que por más que trate no provoca nada, es la actitud del corazón, la unción que tiene y la sensibilidad que le permite discernir lo que el Espíritu está tratando de hacer. Ministramos para su deleite, a su presencia, y su presencia es la que toca a las personas; por tal razón el enfoque al adorar debe ser Él. El trabajo como sacerdotes es preparar el tabernáculo para que la gente se encuentre con su Creador, pero es imposible llevar a alguien a un lugar donde nunca se ha estado. Es un trabajo especial, un privilegio y hay que estar preparado. Lo que llevamos dentro es lo que fluye en el momento que nos paramos a dirigir al pueblo. Si como salmistas mantenemos una actitud de adoración y alabanza en nuestra vida diaria, será algo familiar, no un acto extraño… nuestra ofrenda será una fragancia fresca, exquisita delante del trono de Dios y cumpliremos con efectividad nuestra responsabilidad. No puedes provocar en el pueblo algo que no experimentas en tu vida personal.
Una vez, durante un concierto en una ciudad en el país azteca, aproximadamente siete años atrás, me sentía frustrada en medio de la ministración. Estaba acostumbrada a un mover de Dios más fuerte en mis presentaciones, pero esa noche sentía que empujaba un camión con cientos de toneladas de concreto; no sentía gozo ni dirección de lo que Dios quería traer a su pueblo a través de mí. En realidad no disfruté el concierto. Al finalizar, regresé al hotel y me pregunté qué había pasado… “Señor, sentí que no pasaste por aquel lugar; y si pasaste yo no me di cuenta”. Luego, analizando cómo y en qué usé las horas del día, no debió ser sorpresa para mí que extrañara el mover divino aquella noche.
El sentirme así mientras trataba de adorar no fue un castigo de Dios… tampoco se trata de una manipulación de su parte o un jueguito de si me das te doy, si no me das esto te quito… Es simple y sencillo: a lo que doy prioridad a eso adoro. En lo que mi mente pone su atención, donde mis ojos tienen su enfoque, eso se convierte en mi adoración. Como dice un pastor en nuestra congregación: “Todo lo que hago atribuye valor a algo. Cuando paso una hora viendo la televisión, atribuyo un valor a lo que sea que estoy viendo”. Adorar es simplemente eso, atribuir valor a algo. Si mi enfoque del día es cualquier cosa menos sacar tiempo para conversar con Dios, leer su Palabra y preparar mi corazón para recibir lo que Él desea darme para entregar a su pueblo, será difícil estar en sintonía. Lección aprendida.
Cuando dedicamos tiempo para su adoración estamos demostrando el amor y apreciación que sentimos por nuestro Salvador. Su demostración de amor fue la cruz; su sacrificio dejó claro cuánto Él nos ama, lo importante que somos y el lugar que ocupamos en su corazón. En mi relación con mi marido me siento amada y sé que, después de Dios, soy lo más importante en su vida, lo veo en su constante afirmación y demostración, sus detalles, su esfuerzo por agradarme, sus atenciones y los sacrificios que ha hecho para verme y estar conmigo desde el noviazgo. Yo respondo de la misma manera, porque también lo amo, y no es un trabajo para mí demostrárselo. Para derrocharnos cariño y amor no somos tacaños, es un deleite para ambos, simplemente porque ha sido una prioridad desde que decidimos pasar nuestra vida juntos. Algunos conocidos dicen de mi esposo y yo: “Estar al lado de ustedes dos le despierta el enamoramiento a cualquiera, el amor les sale hasta por los poros”.
Un novio(a), esposo(a) que está enamorado(a) lo demuestra. Jesús lo hace con tanto detalle y en derroche; como su esposa (Iglesia) nos toca hacer lo mismo, para su agrado y testimonio al mundo. La adoración que ofrezcamos puede ser un imán que atraiga a los no creyentes a Cristo o un ungüento que los aleje. El mundo nos mira y desea convencerse de que en verdad creemos lo que decimos y lo vivimos. El testimonio del tipo de adoración que ofrecemos no son nuestras canciones, es nuestra vida. Las canciones solamente son adoración si nuestra vida ya es un sacrificio de adoración.
“Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios”
(Romanos 12:1 NVI).
¿Es mi adoración pura, limpia, digna para el Amado de mi alma? Es una buena pregunta para hacernos regularmente.
Costará un sacrificio… Tendrás que dar algo…, renunciar a algo (tiempo, esfuerzo, la carne). Dios dio a Jesús por causa de su amor. Jesús sometió su vida a tu favor, a mi favor, en la cruz tan solo por amor, aunque no éramos dignos. Tu sacrificio en apreciación a la bondad de Dios es tu cuerpo, tu propia vida sometida a Jesús. Paga el precio por tu adoración, no des de lo que te sobra, no uses cupones gratis… tiene que costarte algo (fíjate en 1 Crónicas 21:24). Lo difícil es quitar nuestro yo de en medio y comprometernos.
Una chica canceló su boda y le regresó el anillo al prometido, luego de prestar atención a las constantes quejas de este por cada mínimo gasto que hacía por ella. Si salían a comer y le tocaba pagar, era un dolor de cabeza para él; el anillo era bastante económico, sin embargo, no paraba de mencionar lo difícil que fue para él desembolsar esa cantidad para tan solo un anillo. En esa circunstancia yo diría: “huye mientras puedas”. Personalmente no habría llegado ni cerca de planear una boda con alguien así. Con razón esta chica no sentía que valía nada para el tacaño. Si pagar por algo duele tanto es porque el concepto de valor no es muy alto.
Mi meta es desarrollar una adoración sin límites, digna, costosa para el más alto y prestigioso de todos los dioses.
El Señor es digno de todo tu tiempo, sacrificio y esfuerzo, Él merece el primer lugar. No quiere decir que pases el día entero de rodillas, orando en el templo, sin hacer nada más…; se trata de hacerlo parte de todo lo que hagas en tus días; es tomarlo en cuenta en cada decisión; andar consciente de su presencia en todo momento, en tus pensamientos, en tus conversaciones, en los lugares que entres; que no lo eches de tu lado al salir del templo y lo invites de nuevo el día domingo…; que tu forma de vida dentro y fuera de la congregación sea una sola.
Un corazón enamorado tiene que adorar. Un corazón agradecido tiene que adorar…, no por obligación o requisito sino porque su Dios se deleita. Por lo que Él ha hecho. Por amor.
 
El poder que tenemos por medio de la alabanza
Grande es el poder y victoria que hay en la alabanza. Nos consuela en situaciones de dolor, trae bendiciones y satisfacción, es un arma de guerra espiritual, el enemigo se mantiene callado frente a la alabanza (fíjate en Salmos 8:2). Un lugar donde el poder de Dios es exaltado no es un espacio en el cual las fuerzas de la oscuridad quieren o pueden estar.
Alabar es exaltar, glorificar, dar muestra de admiración, dar gracias, honra, gloria. El Máximo Guerrero es bienvenido en una atmósfera de alabanza. Si queremos que Jesús entre a un lugar tenemos que alabar, es la forma de invitarlo a entrar y pelear a nuestro favor.
En una ocasión, atravesaba una situación desafiante con muy pocas alternativas en mis manos, luego de dos noches casi sin cerrar los ojos, muy preocupada, me puse de rodillas junto con una preciosa amiga que me apoyaba en ese momento y comenzamos a orar con mucho fervor. Pasados diez minutos sentí que el Espíritu me dirigía a ponerme de pie y cambiar mi petición por alabanza. Mientras de pie me paseaba de un lado a otro dando gracias y entonando cánticos pude ver como una oscura y aterradora sombra en forma de una nube gigantesca en el aire se retiraba, y en ese momento supe que la respuesta había llegado. Intercedía a favor de personas muy cercanas a mi corazón, y lo que ocurría en su entorno me afectaba directamente. No pasaron treinta minutos y Dios obró milagrosamente a nuestro favor.
Dios está presente en todas partes, pero en un ambiente de alabanza hay una manifestación especial de su poder, y eso no lo podemos ignorar.
Una actitud de alabanza constante no puede faltar. Una persona que aprende a dar gracias y alabar en las diferentes circunstancias desata bendiciones y favor sobre su vida. Al dar alabanzas al Rey lo que hacemos es magnificarlo a Él sobre cualquier problema en nuestra vida. Hay tantos creyentes rodeados de tristeza y derrota porque no alaban. “Solo si les fue bien en el trabajo hoy, van a la iglesia y cantan con alegría; si en algo les va mal engruñen la cara todo el día. “Bendeciré a Jehová en todo tiempo”, decía el salmista…; independientemente de lo que esté pasando… el beneficio es mío…
En tiempos de tribulación es el mejor momento para alabar al Dios que todo lo puede y es capaz de hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos (fíjate en Efesios 3:20). Cuando tú y yo nos levantamos en fe y decidimos regocijarnos frente a la adversidad, literalmente, estamos activando, es decir, usando las armas de guerra que describe el apóstol Pablo en 2 Corintios 10:4 “Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas” (NVI).
 
Dedicación a su Palabra
Una búsqueda de mi corazón en estos tiempos es enamorarme como nunca de su Palabra. He venido orando por más sabiduría para entender, ingerir y asimilar íntegramente su contenido; sé que la plenitud de mi vida, de mis sueños la alcanzaré si me mantengo en su Palabra (fíjate en Proverbios 3).
Es imposible llevar una vida espiritual saludable sin la ayuda de la Palabra de Dios. Es como tratar de pasar un mes sin tomar agua o ver crecer una planta sin regarla. La Biblia es el manual de vida para nosotros. Realmente cualquier persona, aunque no se considere creyente o no asista a un templo, pero que desee llevar una vida saludable, honrada, exitosa necesita guiarse por principios bíblicos. He escuchado a hombres de negocios que no se consideran creyentes o religiosos pero saben mucho de la Biblia, citan versículos como si nada; algunos quizás porque los recuerdan de sus años en la escuelita dominical, pero muchos otros se han dado cuenta de que encuentran sabiduría para manejar su vida y sus empresas a través de las Escrituras. Este no es un libro solo para los que se consideran religiosos o cristianos; Dios nos ha dado la Biblia con muchos ejemplos, consejos e información sobre cómo debemos vivir, y el Espíritu Santo nos ayuda a entender lo que está en ella para aplicarla en el diario andar.
¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra? Viviendo conforme a tu palabra” (Salmos 119:9) NVI.
No leemos la Biblia por costumbre o tradición, la leemos para que haga el trabajo necesario dentro de nosotros. Para eso es importante acercarse a ella en actitud de humildad con la disposición de ser limpiados por su poder. Piensa bien, la Palabra de Dios es un espejo donde nos encontramos con la realidad de nuestra humanidad, entonces, vemos a Cristo y lo que podemos ser a través de Él.
Para mantener la fe y las promesas que tenemos de parte de Dios tenemos que saber lo que Él dice. A veces, aun cuando mencionamos la expresión “Palabra de Dios”, no pensamos que en verdad Él nos habla cada vez que nos dirigimos a leer la Biblia, independientemente de que lo escuchemos o no. Muchas veces nos acercamos con rapidez, ligereza y sin calma, como para cumplir un mandato, y después de leer por un rato nos aburrimos, cerramos las páginas y así dejamos pasar un momento especial de encuentro con nuestro Padre.
La intención de Dios siempre ha sido mantener una cercanía con su pueblo, hablarles y que ellos también se dirijan a Él. Así que la próxima vez que te acerques a leer la Palabra de Dios, sé consciente también de su presencia y pídele al Espíritu Santo que abra tus ojos para que veas las cosas que necesitas ver, para que recibas lo que hay en ella para ti y tengas revelación de lo que Dios está hablando.
Dios usa su Palabra para satisfacer, renovar, cambiar, restaurar cualquier cosa o área en nosotros.
Su Palabra nos limpia (Efesios 5:27)
nos alienta
nos corrige
nos guía (Salmo 119:105)
nos da paz
alimenta nuestro espíritu
acalla las mentiras del enemigo
nos convence de pecado
es simplemente vida a nuestra vida (Mateo 4:4)
Es vital que en nuestro diario caminar estén presentes la oración, la adoración, la alabanza y la entrega a su Palabra… No se puede esperar una vida de bendiciones donde hay falta de estos importantes ingredientes; sencillamente, no puede suceder.
 
Entrega al servicio
Continuamente soy inspirada por cientos de personas que tengo el placer de conocer en congregaciones de diferentes partes del mundo. Es una energía contagiosa la que proyectan… su pasión por el servicio al Señor es evidente. Es gente que ama la casa de Dios, entiende el privilegio que significa ser escogido para servir y son responsables con el compromiso. Su actitud me desafía a ser mejor en todo mi servicio al reino.
Cuando alguien entiende que sus dones son un regalo de gracia no tiene inconvenientes en ofrecerlos como su adoración al dador de toda buena obra. Si buscas detrás de alguien que sirve con alegría, te darás cuenta de que en su corazón hay agradecimiento. Siempre que tengo oportunidad entablo cortas conversaciones con algunos servidores, para saber más de ellos, quiénes son, cómo llegaron a servir en esa área, cuánto tiempo tienen en la congregación, y me doy cuenta de que son individuos con un corazón grande repleto de amor y mucho agradecimiento por lo que Dios ha hecho en ellos. Muchos tienen historias conmovedoras, desgarradoras, tan tristes que no deberían ser los más animados, pero deciden honrar a Dios por encima de todo.
Conversaba con una joven mujer en mi tiempo de reposo en el cuarto o camerino que tenían preparado para mí. Estaba familiarizada con este evento pues había participado en más de una ocasión, y me percaté de que la mujer me había atendido en todas las ocasiones que asistí, la recordaba muy bien, tan enfocada en su trabajo, su dulzura, su amabilidad al ofrecerme una taza de té, podía percibir que sentía un honor increíble al hacer lo que hacía. Mientras la contemplaba con admiración comencé a preguntarle acerca de su vida… hacía pocos años que había entregado su corazón a Cristo y su marido todavía no era creyente, lo cual causaba algunos problemas en casa. Me enteré que parte de su historia estaba marcada por mucho dolor. Con ansias anhelaba ser mamá, pero sus órganos no funcionaban correctamente; entre lágrimas me contó que había perdido tres embarazos y que los médicos no encontraban muchas opciones.
–Pero, Lilly –me dijo–, yo estoy confiando en el Señor, y le he dicho que le entregaré todo mi tiempo, mi vida y mi energía a su servicio… por nada me echo para atrás, porque sé que Él es mi única esperanza. Y, aunque me están pasando todas estas cosas, pienso que tal vez de cosas más grandes Él me ha librado y ni me he dado cuenta… ¡mi Papito Dios es tan bueno! Es increíble que hoy alguien como yo pueda estar en sus caminos, aquí sirviéndole y compartiendo con ministros como usted.
¡Qué grandeza! ¡Qué actitud más hermosa! Esa es la gente que me provoca una inclinación de respeto. Jesús dijo: “el que entre ustedes quiera llegar a ser grande, será su servidor, y el que entre ustedes quiera ser el primero, será su siervo” (Mateo 20:26-27 NBLH).
Igualmente está la creciente generación apasionada por el servicio, jóvenes y jovencitas comprometidos y llenos de fuego por Jesús; eso me encanta. No miden esfuerzos para la obra… salen a las calles, realizan ventas, hacen mandados, crean programas, usan todos sus recursos, desafían el viejo sistema trayendo a la mesa opciones que atraigan la atención de la nueva generación, etcétera. Son locos, atrevidos, talentosos, creativos, explosivos y todos los “ivos”. Su pasión está llevando a otros a los pies del Maestro, y así están impactando sus iglesias y comunidades por su dedicación y amor por Dios. Muchos de ellos no están buscando posición de renombre, solo tienen un gran fuego ardiendo dentro de ellos y quieren explotarlo en la casa del Señor. Cientos de grandes hombres de Dios en su adolescencia y juventud formaron parte de esos grupitos de locos atrevidos y, por su fidelidad a la casa, hoy han sido puestos en alto.
“Como palmeras florecen los justos; como cedros del Líbano crecen. Plantados en la casa del Señor, florecen en los atrios de nuestro Dios” (Salmos 92:12-13).
Si quieres crecer y dar frutos, permanece fiel en la casa de Dios con la correcta actitud para que esos frutos se puedan dar. Recuerda, si no eres capaz de servir en tu iglesia local con una actitud de obediencia y sumisión, entonces no estás listo para obedecer a Dios y servir en ninguna otra parte del mundo. Ese es el primer lugar para comenzar.
En ocasiones nos confundimos con las posiciones, creyendo que son las que nos hacen grandes y valiosos, y en realidad tiene que ver con la calidad y excelencia que brindamos en cualquier posición. Si tu área es la limpieza, hazla como nadie jamás lo ha hecho; si administras las finanzas, sé el más organizado, responsable e íntegro; si eres líder de alabanza preocúpate por dar lo mejor; si eres quien recoge cables, hazlo con gozo y dignidad. No se nos olvide que el trabajo constante de los que están en la parte de atrás, día tras día, es el que produce fruto, no solamente el don que se exhibe a la luz. Cada vez que termino un concierto con éxito, doy gracias a Dios y a las personas que trabajan conmigo en el sonido, en la organización de mi agenda, a los músicos que me acompañan, hasta a los que están pendientes de que tenga agua en el escenario, y a todos aquellos que haciendo su parte hacen posible que yo lleve a cabo la mía con efectividad. Mi voz es considerada potente, pero no es posible que cante por dos horas en un auditorio para diez mil personas sin un equipo de sonido y un ingeniero profesional que sepa manejarlo. Si mi esposo y, manager, junto con su asistente, no hacen los acuerdos de presentaciones y se encargan de que el transporte, hotel y todo lo concerniente esté en orden para mi llegada, no llegaré a presentarme, en fin, yo no soy toda la pieza del rompecabezas, soy una parte importante pero es necesario el complemento de los demás.
Conozco individuos que no hacen nada que tenga que ver con las sombras, donde no da mucha la luz y no transita mucha gente… ¿me doy a entender? Es decir, si nadie me mirara ni se darán cuenta de lo que hago, no me interesa. Bueno, se pierden una de las más fascinantes experiencias, y estancan el fluir de Dios en sus vidas. Las miradas y atención del ojo público es su paga.
Lo que Dios recompensa no es el tipo de servicio que hagas, es la actitud de tu corazón al servir. “Sirvan de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor” (Efesios 6:7-8 NBLH). Dios honra a los que sirven con gozo y disposición, sin egoísmo, con humildad, en el área que pueden hacerlo mejor.
Escuché quejarse a una persona, que servía en el área del pastorado, que los sermones que con tanto empeño preparaba cada semana no eran apreciados por la congregación pues muchos se quedaban en sus casas y no asistían a los servicios. Se estaba desanimando de esforzarse tanto para alimentarlos espiritualmente cuando ellos en realidad no deseaban recibir. Puedo imaginar la frustración, sin embargo, en esa condición, especialmente sirviendo en un área tan privilegiada, de tanta responsabilidad y a la vez agotadora, es necesario reconsiderar el llamado y hacerle un chequeo a las motivaciones. El amor a la obra de Cristo y la carga por las almas debe ser la principal motivación, no el reconocimiento y agradecimiento por los buenos sermones y el esfuerzo; aunque debería ser esa la respuesta adecuada de una iglesia que ama, respeta y valora al hombre o la mujer de Dios que está al frente. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. A Jesús no se le escapó ese detallito, pues sabe que como humanos esa clase de pensamientos nos vienen a menudo, pues, ¡¿a quién que sea de carne no le gusta recibir reconocimientos por su labor?!
Cada quien tiene un lugar en el reino, la clave es hacer la parte que nos toca fielmente, y Dios es quien dará el crecimiento.
Para que un ministerio sea eficaz y se sostenga por largo tiempo es necesario recordar que Dios es quien da los dones y talentos, no para nuestro beneficio, sino para servir a sus propósitos, edificar su cuerpo y darle gloria a Él.
Alguien dijo: “Cualquier fuerza que tenemos es para su servicio no para el estatus. Solo hay alguien verdaderamente grande y ese es Dios”.

10 Demasiado para creer

Parece que fue ayer cuando todo comenzó.
Recuerdo que me llamaste, me pediste servirte, y me equivoqué al pensar que no era para mí, porque tus promesas eran demasiado para creer.
Y ahora que ha pasado el tiempo me he dado cuenta de que has sido fiel.
Mirando todo lo que has hecho, me alegro que el llamado acepté.
Me alegro que el llamado acepté.
¿Quién iba a decir que hoy son una realidad los sueños que me mostraste, de los que tanto me hablaste?
El tiempo que me tomó tus planes comprender, la duda golpeando mi mente pero nunca me dejé vencer.
Y ahora que ha pasado el tiempo me he dado cuenta de que has sido fiel.
Mirando todo lo que has hecho, me alegro que el llamado acepté.
Me alegro que el llamado acepté.

“Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
¿Yo?
¿Quién?
¿Qué?
¿Cómo?
Estas son algunas de las inquietudes que surgen cuando Dios nos sorprende con sus increíbles ideas. Muy similar a la reacción de Jeremías o Moisés. “Pero Señor, es que soy muy joven y no sé hablar”, “yo soy tartamudo, cómo será posible que dirija a un pueblo”. Todo parece ser muy grande ante nuestros ojos, mientras Dios nos mira como diciendo: “Criatura mía, si tuvieras idea de lo que yo veo, entenderías que no es imposible para mí”.
En el momento que Dios me miró no estaba enfocado en mis limitaciones y falta de perfección, sus ojos estaban viendo las cosas maravillosas que podía hacer a través de mí.
“Demasiado para creer”, no es simplemente una canción, es mi verdad, ni más ni menos…; nació al hacer recuento de cómo comenzó todo y dónde me encuentro hoy. Son palabras sinceras de mi corazón agradecido por el privilegio que se me ha otorgado.
Cuando Dios me llamó yo no entendí su plan, y no creo que se suponía que lo hiciera, yo solo tenía que atender al llamado y ser obediente. Ahora sé que me dio sus increíbles promesas, que me ayudarían a mantenerme firme al pasar por los trayectos difíciles, sabiendo que Él lo haría, solo porque Él lo dijo.
Luego de recibir la promesa, nos toca caminar en su voluntad todo el proceso hasta llegar a su cumplimiento. Ese trayecto no es siempre un camino plano, verdoso, cubierto de flores. No, a veces, está lleno de subidas y bajadas, con piedras y espacios resbaladizos, más la palabra dada es como aquella brújula que nos ayuda a permanecer en la ruta correcta. No necesariamente recibiremos información detallada de lo que encontraremos más adelante, solo debemos mantener la ruta marcada confiando que llegaremos al destino.
Dios no puede darnos grandes sueños y, de inmediato, soltarnos en la tierra prometida. En algún lugar, entre la promesa dada y el recibimiento de esa promesa, hay un desierto que Dios, en su amor increíble, prepara para cambiarnos, moldearnos y prepararnos... Él sabe que es la única manera para que seamos capaces de manejar nuestro destino.
Mi viaje no ha sido siempre confortable, pero puedo decir que ha valido la pena… Me alegro haber aceptado el llamado.
Verme aquí, en el capítulo culminante de este libro, es una sensación muy emocionante… Pienso en todas las sorpresas que he recibido de Dios, todas las aventuras que he vivido a su lado, y me siento abrumada al meditar en su fidelidad día tras día, mes tras mes, año tras año. Como lo prometió lo ha hecho y aun más. Después de tanto tiempo viviendo atrapada en el desborde de su favor, camino con los ojos cerrados sujetada de su mano, sin ninguna duda de que voy a salvo rumbo a terminar mi misión. Me preparo para muchos nuevos capítulos que formarán la continuación de mi historia, mi vida. Voy a vivir con la más alta expectativa en cuanto a sus propósitos para mí.
Mis sueños son grandes porque así es mi destino. Sirvo a un Dios GRANDE. Grande en favor; grande en hacer lo imposible; grande en hacer lo inimaginable. Sigo pensando en grande, soñando en grande, esperando cosas grandes.
Él mantendrá su promesa
Él seguirá siendo fiel
Él nunca me dejará
Él continuará guiando mis pasos siempre que se lo permita
No me desviaré si mis motivaciones son puras
Llegaré a mi destino si me mantengo en la dirección correcta
Alcanzaré la plenitud de sus sueños para mí
Los límites pueden estar en mi cabeza, pero en su plan solamente hay posibilidades
Él no renunciará a su pacto
La próxima vez que Dios te dé una promesa, tienes que creerle… a lo mejor te sientas inadecuado(a), pero aun así tienes que creer. No porque será facilito o no experimentarás dudas, sino porque Él es un Dios verdadero y fiel.
No reduzcas a Dios en tu vida
Aumenta tus expectativas
Lo que sea que creas que Dios quiere hacer, recuerda que Él es capaz de hacerlo excesiva y abundantemente, más allá de lo que puedas pensar o imaginar (Efesios 3:20).
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